Los ingleses inventaron el hooliganismo, especialmente cuando seguían a su selección en torneos internacionales. El fenómeno se ha exportado a todas partes. Existe en España, pese a que Real Madrid y Barcelona hayan expulsado de sus campos a Ultras Sur y Boixos Nois. También en Francia, con aficiones especialmente conflictivas como la del Olympique de Marsella, que visitará Bilbao en la próxima ronda de la Europa League. El movimiento ultra es religión en buena parte de Sudamérica y ha jugado un papel clave en las movilizaciones políticas de la última década en el norte de África.

Sin embargo, los grandes buques insignia de la violencia asociada al deporte siguen residiendo en Europa Central y del Este. Nombres que inspiran temor en sus viajes y que disuaden de viajar a las aficiones visitantes que se los cruzan en competiciones europeas. Auténticos ejércitos organizados, que han conseguido su objetivo a base de batallas, intimidación, tifos, pirotecnia y coreografía.

Fratria – Spartak de Moscú

Los ultras del Spartak de Moscú que esta semana han sembrado el caos en Bilbao, culminado con la muerte de un ‘ertzaina’ en la noche del jueves, son la cara más reconocible del movimiento ultra ruso, el más temible en toda Europa desde hace ya años. Dentro de Fratria se agrupan hasta 10.000 personas, divididas a su vez en casi dos decenas de firmas. Una de ellas es Gladiators Firm, nacida a mediados de los 90 para dar por superado el estilo hooligan británico, por pacífico y venido a menos. Los ultras rusos, no sólo los del Spartak, son aficionados a organizar peleas masivas en bosques o campos abiertos, en las que detectan a los más exhaltados para promocionarlos después. En los días de partido, pese a los enormes despliegues policiales, se organizan batallas campales a puñetazos en plazas y avenidas.

Los rusos tienen una cita decisiva en el Mundial de este verano para consolidar su particular prestigio internacional. Los ultras del Spartak no estarán, ni mucho menos, solos. El grupúsculo más violento, cabecilla de las batallas campales de la pasada Eurocopa, se llama Orel Butchers, y además de paramilitares organizados son aficionados del FC Oryol, un club de la tercera división. El deporte es sólo una excusa. Sus miembros viajan a veces con los del Lokomotiv, y también con los del Spartak. En Rusia, no obstante, existen otros muchos grupos radicales, entre ellos los del Dinamo de Moscú o los del Zenit de San Petersburgo, todos de ideología ultranacionalista y xenófoba. “No somos racistas, pero la ausencia de jugadores negros es una importante tradición que refuerza la identidad del club”, aseguraban éstos últimos en un comunicado publicado en el año 2013.

Cracovia – La guerra santa

Cracovia es la ciudad más turística de Polonia. Está llena de erasmus, de reminiscencias medievales, de fiesta y de turistas que se acercan para visitar el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. En otro mundo paralelo, también es ‘la ciudad de los cuchillos’. El sobrenombre le viene de un pacto rubricado hace años por los principales grupos ultras polacos: las peleas se harían con los puños, sin cuchillos ni otras armas. Aceptaron todos, menos los del Wisla de Cracovia y los del KS Cracovia. A sus estadios los separa un parque y apenas un centenar de metros. Dos veces al año juegan un derbi bautizado como ‘La Guerra Santa’.

El partido en realidad se juega durante todo el año. Los radicales de ambos equipos tienen por costumbre robar bufandas, camisetas y todo tipo de parafernalia del equipo rival a lo largo de la temporada. El día del choque, lo queman todo en el estadio frente a la afición rival. Los disturbios entre ellos y contra la policía están garantizados y el ánimo en la ciudad varía en función del resultado. Como indica su mote, el encuentro también tiene un componente religioso: mientras los ultras del Wisla están claramente identificados con la extrema derecha, la afición del KS utiliza numerosas referencias a la comunidad judía, a la que contribuyeron a proteger durante la Segunda Guerra Mundial.

Legia Varsovia – Guess who’s back?

Es otra de las aficiones más temidas del violento fútbol polaco. La más problemática de todas las que han visitado el Santiago Bernabéu en los últimos años. Provocaron altercados en Madrid durante todo el día, destrozos en bares, cuentas enormes sin pagar, y se enfrentaron duramente a la policía en los alrededores del estadio. Para reducir a su líder, de más de dos metros y muy por encima de los 100 kilos, hicieron falta siete antidisturbios. Se hizo célebre una foto suya, con la cara ensangrentada, mirando fijamente a varios agentes.

En el partido de ida, el Real Madrid jugó en Polonia a puerta cerrada. En un partido previo frente al Borussia de Dortmund, los ultras polacos habían lanzado bengalas y objetos al campo, habían bloqueado accesos al estadio y habían provocado altercados antes, durante y después del encuentro. Su equipo perdió 0-6, pero pasó a la posteridad el tifo de los ultras antes del partido: un aficionado con la cara tapada por un pañuelo con los colores del Legia, sujetando la bola del equipo en el sorteo de Champions, todo acompañado de un lema: “¿Adivinas quién ha vuelto?”

Hajduk Split – La Torcida

El pasado 28 de octubre cumplieron 68 años. Son el grupo ultra más antiguo de Europa y también uno de los más numerosos. La Torcida Split es una organización poderosa, que también tuvo sus particulares momentos de gloria durante la pasada Eurocopa. Lanzaron bengalas al campo durante un partido y amenazaron con reventar el que Croacia disputó contra España días después, distribuyendo incluso planos del estadio en los que reflejaban sus intenciones para asaltar el terreno de juego.

Mandan mucho en su país, y muchísimo en su ciudad. En un derbi contra el Dinamo, el club de Zagreb impidió a los ultras del Hajduk acceder al campo. Los jugadores, en solidaridad con sus radicales, se negaron a disputar el partido y fueron recibidos como auténticos héroes en su regreso a Split. A la Torcida también se la responsabiliza de la gigante esvástica que apareció dibujada en el césped durante un partido de clasificación para la Eurocopa disputado frente a Italia. Como el resto de grupos ultra de la región, sus miembros más destacados tuvieron un papel relevante dentro de los ejércitos de las guerras balcánicas de los años 90.

Dinamo Zagreb – Bad Blue Boys

Son uno de los grupos ultras que más sanciones y problemas han causado a su propio equipo. Un dolor de cabeza para cualquier ciudad que se los cruzara en competiciones internacionales. Destrozaron el centro de Auxerre a mediados de los 90, y a consecuencia de ello fueron expulsados de las competiciones europeas durante un año. Su equipo fue sancionado con multas estratosféricas y pérdida de puntos por incidentes protagonizados por todas partes, tanto en casa como en Italia o Rumanía.

Mantienen una enemistad irresoluble con la Torcida Split…que sólo se aparca para atacar a la Federación Croata. Y un conflicto histórico con las hinchadas serbias, con las que han protagonizado enfrentamientos de hondo calado político. El mayor se produjo el 13 de mayo de 1990, durante un partido de Liga frente al Estrella Roja de Belgrado, en plena crisis previa al estallido de la Guerra de los Balcanes.

La previa del partido, en Zagreb, ya se había convertido en una batalla campal. Dentro del estadio, con el partido en juego, los ultras serbios reventaron la zona de seguridad en la que estaban contenidos y comenzaron a atacar a aficionados. El conflicto se trasladó al campo cuando ambas aficiones invadieron el terreno de juego y los Bad Blue Boys fueron reprimidos por la policía yugoslava. La gran mayoría de jugadores corrió hacia los vestuarios. El capitán del Dinamo, Zvonimir Boban, se quedó en el campo para protagonizar una foto histórica: mientras un agente golpeaba a un ultra, el futbolista se lanzó hacia él para propinarle una patada voladora. Los ultras del Dinamo fueron durante años fieles al líder croata Franjo Tudjman, y Boban fue convertido en un héroe nacional.

Estrella Roja – Delije

Delije significa literalmente ‘héroes’ y nace a finales de los años 80 para unificar los numerosos grupos que hasta entonces animaban al Estrella Roja, con estilos diferenciados. Desde su fundación ha sido un grupo ultranacionalista, violento y presente en casi cualquiera de las más de 20 disciplinas en las que compite su club. Mantienen una importante amistad con los ultras del Olympiakos y con los del Spartak de Moscú. En ocasiones hacen viajes conjuntos para partidos determinados o eventos internacionales.

Los Delije jugaron un papel clave en la guerra y proporcionaron la base del grupo paramilitar de los Tigres de Arkan, acusado de ejercer limpiezas étnicas durante el conflicto contra minorías croatas. Presumieron de ello durante años, aunque a día de hoy una regla no escrita impide los cánticos o las coreografías centradas en temas políticos. Mantienen un enfrentamiento feroz con sus vecinos del Partizán. Como en Cracovia, a ambos estadios les separan apenas un parque y 600 metros. Pero lo llevan más lejos: durante un partido frente a Italia disputado en Génova en el año 2010, una facción de los Delije encabezada por un tipo enmascarado apodado Iván ‘El Terrible’ se desplazó con el único objetivo de suspender el partido, entrar al campo y atacar al portero de la selección, Vladimir Stojkovic, que acababa de ser traspasado a su máximo rival.

Partizan – Grobari

Son conocidos por realizar muchas de las coreografías más espectaculares de toda Europa. Son una estructura férrea, organizada, aunque durante su historia han sufrido multitud de escisiones. Son también un grupo violento, que en el año 2009 protagonizó uno de los incidentes más infames de la última década. Antes de un partido de Europa League contra el Toulouse, un grupo de radicales entró en un bar en el que se encontraba una docena de aficionados franceses y la emprendieron a golpes con uno, Brice Taton. Bates de béisbol, palos de hierro y bengalas. Acabaron tirándolo por un muro de 10 metros y murió en el hospital días después.

El pobre rendimiento de su equipo ha rebajado su presencia internacional en los últimos años. Pero en casa siguen haciendo ruido. El último derbi contra el Estrella Roja, el pasado mes de diciembre, se saldó con 26 detenidos y 20 personas heridas.

Ferencváros – Green Monsters

Otro grupo de escasa visibilidad por el nivel deportivo de su equipo son los ‘Monstruos Verdes’ del Ferencváros húngaro. Tras más de tres años fuera del campo por un enfrentamiento enconado con la directiva, han vuelto a las gradas hace pocos meses, con la promesa de moderarse. Durante décadas, su espacio en la tribuna ha sido foco constante de cánticos racistas, antisemitas y propaganda fascista de toda clase.

Tuvieron su momento de gloria en la pasada Eurocopa, como grupo principal dentro de la ‘Brigada de los Cárpatos’, cuya actitud en el torneo provocó la alarma de la UEFA. En Hungría, sus miembros son propietaros de gimnasios sólo para ultras del Ferencváros y de ideología ultranacionalista. Acostumbraban a celebrar los goles con saludos nazis y durante años patentaron un cántico que se hizo tristemente célebre: “Los trenes ya están saliendo hacia Auschwitz”.

Gate 7 y Gate 13 – El derbi de Atenas

Los ambientes infernales de los ultras de Olympiakos (Gate 7) y Panathinaikos (Gate 13) fueron especialmente notables en la década de los 90 y en las canchas de baloncesto, habitualmente llenas de humo y de dracmas que caían de todas partes. En los últimos años, ha sido en el fútbol donde estos dos grupos han protagonizado más incidentes. Especialmente en 2015, cuando el derbi tuvo que ser suspendido por una batalla campal entre los radicales de ambos equipos, enfrentados básicamente por lo deportivo. En ambos grupos es habitual ver banderas nazis mezcladas con otras de corte anarquista. En otros destacados grupos griegos, como los Super3 del Aris de Salónica, la ideología es claramente de izquierdas.

Los ultras de Olympiakos y Panathinaikos son especialmente hábiles con la pirotecnia, que usan a discreción. Y no tienen reparos en interrumpir partidos y amenazar a rivales. También en 2015, pero en el mes de febrero, el entrenador del Olympiakos Víctor Pereira se encaró con la afición rival tras el lanzamiento de una silla. Al retar al lanzador a que entrara al campo para enfrentarse a él, de detrás de la pancarta con el nombre del grupo salieron más de 50 hombres que comenzaron a perseguirle, a él y a los jugadores, por todo el campo y hasta los vestuarios.

El infierno turco

Nombrar a un solo grupo turco sería no hacer justicia a los demás. La violencia es un mal endémico en el deporte de este país, que en la última década ha vivido momentos asombrosos por lo dramático. Entrenadores apuñalados en el terreno de juego, jugadores sangrando tras impactarles en la cara una navaja lanzada desde el fondo, árbitros pitando con puntos en la cabeza tras recibir el impacto de bengalas, sectores enteros de gradas ardiendo…

El infierno turco no es sólo una frase hecha. El gusto por las bengalas es desmedido, pese a que están expresamente prohibidas desde hace años. La violencia ha crecido hasta alcanzar límites difícilmente imaginables, protagonizando acciones directamente calificables como terrorismo. Un ejemplo fue el ataque, en el año 2015, contra el autobús del Fenerbahce tras un partido de Liga frente al Trabzonspor. El vehículo del equipo de la capital recibió varios disparos mientras circulaba a casi 100 kilómetros por hora, hiriendo al conductor, que milagrosamente consiguió mantener el control del vehículo y evitar una desgracia. El grupo más numeroso es el de los radicales del Galatasaray, UltrAslan, pero hay pocos partidos, en todas las competiciones, que se libren de la tensión.