Si las crisis son momentos de oportunidades, para muchas mujeres son la única ocasión de demostrar lo que valen. En Alemania, las mujeres escalan al poder, cuando la incertidumbre se convierte en una nube que apenas deja ver el horizonte. Angela Merkel, la primera mujer canciller federal, también la primera procedente del Este, lleva desde 2005 al frente de Alemania y cada vez es más probable que su heredera sea mujer.

A Angela Merkel los gerifaltes del partido de Helmut Kohl le dejaron paso hace 20 años, cuando la Unión Cristiano Demócrata (CDU) parecía hundirse con el escándalo de las cuentas secretas. Ahora la canciller ha propuesto a otra mujer, Annegret Kramp-Karrenbauer (AKK, para abreviar), como secretaria general de la CDU para luchar contra el tsunami que viene de la extrema derecha. Y en el SPD Andrea Nahles va a tener que salir al rescate de lo que quede del partido más antiguo de Alemania, tras los choques internos por la renovación de la gran coalición.

“Es cierto que muchas veces se piensa en las mujeres en política para hacer el trabajo sucio. Pasó con Theresa May en el Reino Unido. Después, si aguantan, cuanto más hagan, más lejos van”, afirma Matthew Qvortrup, autor de la biografía Angela Merkel. Europe’s most influential leader.

Qvortrup considera que la próxima elección puede ser una batalla entre mujeres. “Merkel se decanta por AKK [que mañana lunes será elegida por el congreso de la CDU probablemente con un buen resultado] porque ambas son mujeres con las ideas claras. Está también en el centro. AKK está más a la izquierda en economía y más conservadora en lo social (católica y contraria al matrimonio homosexual)”, señala el catedrático de Coventry.

Annegret Kramp-Karrenbauer viene de presidir el gobierno del Sarre, un paso que se considera casi obligatorio antes de optar a la cancillería. Merkel es una de las pocas excepciones, pero fue ministra de Juventud y Familia, y también de Medio Ambiente con Kohl. AKK, como es conocida, se hizo con el bastión socialdemócrata en 2011, y renovó contra pronóstico en 2017, siempre gobernando en gran coalición.

De los 16 Länder, solo en tres gobiernan mujeres: el Sarre (AKK), Renania-Palatinado (Malu Meyer) y Mecklemburgo-Pomerania occidental (Manuela Schwesig, SPD). Ahora AKK deberá trasladarse a Berlín y dejar su puesto.

A AKK le pasa como a Merkel. Se le infravalora y eso le da ventaja… Ganó en el Sarre gracias a su credibilidad», dice Úrsula Moreno

“A AKK le pasa como a Merkel. Se le infravalora y eso le da ventaja. Dio la campanada en el Sarre. Lo logró gracias a su credibilidad. Convenció a los electores. Es muy hormiguita, pero no lo tendrá fácil. No es tan joven (55 años, solo ocho menos que Merkel) como muchos esperaban. Acalla a los que querían pistas sobre la sucesión pero no es una revolución, algo que no sería propio de Merkel”, afirma Úrsula Moreno, analista política de la Deutsche Welle.

Merkel confesó que espera que AKK “dé mucho peso al partido en tiempos difíciles, tiempos inciertos”.  AKK ya ha declarado que no dará un giro a la derecha, pero que todos en el partido son imprescindibles para acercarse al 40% de apoyos de otras legislaturas. Contrarios a las opciones centristas de Merkel y AKK, están líderes como Jens Spahn, de 37 años, que apuesta por reconquistar el espacio a la derecha de la CDU que ha ocupado Alternativa para Alemania. Para frenar la ambición de Spahn, que ha reconocido su homosexualidad, Merkel, aunque lo niega, ha designado heredera.

Como señala Úrsula Moreno, en una señal del machismo subyacente, se habla de Mini Merkel, “algo que no se diría de un hombre”. Según Miguel Otero, investigador del Real Instituto Elcano, la denominación es simplista. “Es más atrevida que ella. Merkel siempre ha sido muy moderada, cauta, analítica. AKK es más vigorosa, y tiene más carisma, sentido del humor e ímpetu”, señala. Sus recientes fotos disfrazada como una limpiadora han encantado a los alemanes, a quienes les gustan los que saben reírse de sí mismos.

AKK se disfrazó de limpiadora en el Carnaval.

Annegret Kramp-Karrenbauer, en el Carnaval. DPA

Hay otra diferencia. Kramp-Karrenbauer tiene tres hijos. Su marido se volcó más con su crianza. Una experiencia similar a la de la socialdemócrata Manuela Schwesig, de 44 años, que fue ministra de Familia y ahora gobierna en Mecklemburgo, madre de dos niños. Sería un hito que fuera canciller una mujer con críos.

Durante la pasada legislatura, se introdujo una ley para que el 30% en los consejos de administración de las empresas sean mujeres. Muchos partidos tienen presidencias mixtas (los Verdes, por ejemplo, o Die Linke). Estas dos formaciones cuentan con más diputadas que diputados, pero no es lo habitual. En el actual Parlamento federal sólo el 30,9% son mujeres (en 2013, un 37,2%).

Julia Klöckner, de 44 años, reconoce que ella pudo ascender en la CDU gracias a las cuotas. Uno de cada tres puestos relevantes se asigna a una mujer. Aún así apenas un 20% de los escaños de la CDU los ocuparán mujeres. Para muchos alguien como Klöckner representaría una verdadera renovación, por su juventud y carisma.

Cuando hay una crisis, se acuerdan de las mujeres. Lo llamo el fenómeno de las mujeres de los escombros», dice Julia Klöckner

Klöckner, que posiblemente será ministra de Agricultura si finalmente hay gran coalición, reconoce cómo a las mujeres se sigue recurriendo como recurso de emergencia. “Lo denomino el fenómeno de las mujeres de los escombros. Cuando hay una crisis profunda en un partido, entonces es cuando se acuerdan de las mujeres. Pasó con Merkel. Muchos le dieron paso porque creían que sería algo momentáneo”, señala Klöckner, en el documental Mujeres y poder de la Deutsche Welle.

Aunque la CDU ganó el 24 de septiembre de 2017, lo hizo con el peor resultado desde 1949, un escaso 33%. También el SPD naufragó hasta el 20,5% y los sondeos actualmente le sitúan en torno a un 17%. Incluso ya hubo una encuesta de esta semana de Insa en la que la ultraderecha Alternativa por Alemania aparecía como segundo partido. Muchos hablan, entre ellos el editor de Die Zeit, Josef Joffe, de que la gran coalición es «una alianza de perdedores».

Derrotados fueron los socialdemócratas y llevan un calvario desde el 24 de septiembre. Después de negar tres veces, negociaron renovar la gran coalición, una vez logrado el visto bueno de los delegados del partido el pasado 21 de enero. En ese cónclave decisivo, se lució como nunca Andrea Nahles, quien fuera ministra de Trabajo y ahora es jefa del grupo parlamentario.

Sin la combativa Nahles, que fue líder de las Juventudes Socialistas (Jusos),  el pulso de Schulz contra el joven Kevin Kühnert podría haber terminado en drama electoral. «¿Qué es grande?», gritaba Nahles, casi sin voz. Y recordó cómo habían logrado, por ejemplo, el salario mínimo. Y fue mérito suyo.

“Apasionada, luchadora, es todo lo contrario a AKK. Con el gran número de mujeres valiosas que hay en el SPD (Manuela Schwesig, Katharina Barley, entre otras) ya era hora de que se acordaran de las mujeres”, señala Moreno, analista política de la DW.

De error en error, Schulz tras aceptar ser ministro de Exteriores de Merkel, lo que dijo que jamás haría, renunció y dejó paso a Nahles, que ahora pelea voto a voto por el sí a la gran coalición de los más de 460.000 militantes. El domingo 4 de marzo se conocerá si hay, por fin, gobierno de CDU, CSU y SPD en Alemania. Nahles se someterá al examen del SPD el 22 de abril. Ha llegado su momento.

Schulz y Gabriel no han sabido hacerlo bien. Hay problemas, dejemos que pasen las mujeres», señala Elizabeth Botsch

“Los militantes del SPD no entienden lo que hacen sus dirigentes. Por eso ha tenido que irse Schulz. Andrea Nahles hizo una gran labor como ministra de Trabajo. No es que Merkel haya roto el techo de cristal y así le haya facilitado llegar, sino que Schulz y Gabriel no han sabido hacerlo bien. Hay problemas, dejemos que pasen las mujeres. Será la primera vez que una mujer lidera el partido más antiguo de Alemania”, señala Elizabeth Botsch, directora de estudios de la Europäische Akademie Berlin. “Como jefa del grupo parlamentario está claro que será la alternativa socialdemócrata en las próximas elecciones”, añade la politóloga.

“Que haya mujeres en el poder siempre es positivo, aunque no se consideren feministas… sus modales son distintos, no se distraen”, confesaba la teórica feminista española Amelia Valcárcel, tras aludir a la caída en desgracia de Dominique Strauss-Kahn por sus líos de faldas cuando era presidente del FMI. “Ahora podría estar en el Eliseo”, bromeaba Valcárcel, en un foro sobre Mujeres que brillan en Madrid.

Coincide con esta visión la politóloga alemana Maria Befeldt. “Merkel, más que emprender políticas para mujeres, lo que supone es un cambio de estilo, un estilo muy diferente al de la masculinidad tóxica donde sobreviven los más fuertes. Tiene esos valores de buscar el bien común y lograr consenso”, añade Befeldt. Valores muy apreciados por los alemanes”, según Botsch.

Según Qvotrrup, su biógrafo, Merkel no es una feminista al uso porque procede de la RDA, «donde la paridad se daba por hecha». En un debate del W20 en Berlín sobre el futuro con mujeres líderes, Merkel se resistía a “etiquetarse” como feminista. La reina Máxima de Holanda le aclaró que feminista, a su juicio, es “alguien que quiere que todas las mujeres tengan la oportunidad de ser felices y estar orgullosas de sí mismas”. Merkel asintió y se mostró conforme con la denominación, a la que no pone pegas ni en su versión menos monárquica el primer ministro canadiense, Justin Trudeau.

La gente quiere estar mejor representada, con más mujeres. Los partidos intentan representar al país como es», dice Befeldt

Incluso a su pesar, Merkel ha abierto brecha y ahora vuelve a hacerlo al apostar por Annegret Kramp-Karrenbauer. “Más que por ser mujer, por ser la opción que a ella le encaja mejor porque ninguno de los hombres que aspiran a la sucesión daría al partido el rumbo que ella quiere”, afirma Befeldt, que discrepa con que las mujeres estén ahora más fuertes por la crisis de los partidos. “La gente quiere estar mejor representada, con más mujeres. Es un intento de representar el país como es”, añade.

Dado el ascenso de Annegret Kramp-Karrenbauer, y el inminente liderazgo de Andrea Nahles, junto a la presencia de mujeres en la cúpula de casi todas las formaciones, a excepción de los liberales, el futuro de Alemania se escribe en femenino. Según Otero, “es muy posible, y hasta muy probable, que otra mujer se convierta en la siguiente canciller. En cierto sentido, se debe a la imagen de dureza que tiene el país en el exterior. A los alemanes les gusta ver que la imagen de su país hacia fuera es la de una  mujer… siempre que no sea demasiado glamourosa”.

Ser mujer y política con poder ya encaja con el estándar alemán. Más difícil, al parecer, es que además su físico tenga la (ir)relevancia que tiene en los varones. Ni siquiera a la izquierdista Sarah Wagenknecht se lo perdonan, por muy brillante que sea o muy larga que lleve la falda. Afortunadamente para las nuevas generaciones la cuestión puede verse desde otra óptica. Según Qvogrtrup, “para muchos niños alemanes, que nacieron con Merkel como canciller, lo raro es que un hombre pueda serlo también”.