Empezaron en el estadio de Mestalla, en Valencia, antes del encuentro entre el Athletic de Bilbao y el FC Barcelona. Era 2009 y las sospechas de que aficionados bilbaínos y catalanes se unieran para protestar con pitos al himno de España y al Rey Juan Carlos, presente junto a los miembros del Gobierno, se cumplieron. Los silbidos de los asistentes taparon la sintonía nacional, aunque los telespectadores no fueron demasiado conscientes. Televisión Española evitó emitir esta escena y desde el Gobierno lo definieron como un hecho aislado que “no empaña” el respeto de la mayoría a la Monarquía.

Ese hecho aislado se ha repetido desde entonces cada año, en cada final de Copa. Pero se ha intensificado en las disputadas por el FC Barcelona y han alcanzado los máximos decibelios en los enfrentamientos entre este equipo y el Athletic de Bilbao. Y este año, con la situación política que vive Cataluña, la historia volverá a repetirse.

En esta ocasión el club azulgrana vuelve a la final como protagonista por cuarto año consecutivo junto al Sevilla y la crisis política que vive Cataluña, con el artículo 155 todavía en vigor, sin un gobierno formado y con miembros del antiguo Govern en prisión o huidos de la justicia, el Wanda Metropolitano ya espera los silbidos de la afición culé.

El Barcelona nunca ha tenido reparo en mostrar abiertamente su posicionamiento político, siempre a favor del referéndum y del derecho a decidir. El propio presidente del club, Josep Maria Bartomeu, ha defendido esta semana los pitidos como forma de expresión. «En Cataluña se vive una situación política estancada, las posiciones parecen inamovibles. Continuamos sin gobierno, con políticos en la cárcel o viviendo en el extranjero. Se intenta resolver en las calles un conflicto que debería ser político. El sábado tenemos la oportunidad de aprovechar el marco y altavoz de la Copa para defender aquello en lo que creemos». Un tifo oficial recibirá a los jugadores culés: una bandera catalana, una del club y el mensaje “Barça, Barça, Barça”.

A juicio de Bartomeu, los pitidos no menosprecian a nadie. «Cuando, de manera mayoritaria, nuestra afición se ha expresado silbando, no lo ha hecho para menospreciar ningún símbolo, sino en protesta por determinadas actitudes contra el pueblo de Cataluña en los últimos años». Pero las asociaciones independentistas han animado a los aficionados que acudan al encuentro a llevar camisetas y símbolos amarillos en protesta por políticos soberanistas encarcelados.

Para evitar altercados, la Delegación del Gobierno tiene previsto uno de los mayores dispositivos de seguridad de los últimos años. En total, cerca de 3.200 efectivos estarán trabajando por la seguridad de los asistentes.

Libertad de expresión o delito

Mientras algunos defienden que este gesto se trata de libertad de expresión, otros lo consideran cuanto menos una falta de respeto a la corona y al resto de españoles que se sienten identificados con el himno. Pero la justicia va más allá. Si bien silbar no supone una infracción como tal, la Fiscalía ve delito promover los pitos al rey como sucedió en el año 2015. Considera que quienes promuevan y planifiquen una «masiva y colectiva» pitada contra el Rey puede cometer un delito de injurias a la Corona y ultraje a España.

Por este motivo, el ministerio fiscal pidió 15 meses de prisión para el activista independentista Santiago Espot por injurias a la Corona en la final de 2015, aunque finalmente fue condenado a 2.700 euros de multa para eludir la pena de cárcel.

El profesor de la Universidad Oberta de Cataluña y experto en conflictos políticos, sociales y deportivos Xavier Pastor, apela a la sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, que considera que quemar fotos del Rey no es delito, para justificar que silbar tampoco debe serlo. Como mediador, incide en que el deporte no debería mezclarse con la política, pero para ello, asegura, «no se debería poner el himno de España» en la Final de Copa. Hacerlo supone, a su juicio, una escalada de tensión evitable a la que responden los aficionados catalanes con pitos y signos políticos y su ausencia disminuiría el conflicto.

Este profesor de Conflictología atribuye a la sintonía el problema principal, pero lo cierto es que en competiciones como la Champions League suena el himno del trofeo antes de cada partido y en países como Inglaterra o Italia, que tienen sus respectivas copas, también se toca sendos himnos nacionales. «En estos países no hay un conflicto político como pasa en España», argumenta Pastor, que defiende que el Reino Unido haya permitido celebrar un referéndum sobre la independencia de Escocia. A su juicio, este sábado sólo debería sonar en el Wanda Metropolitano las sintonías del FC Barcelona y del Sevilla FC.