El PSC ha sufrido una cincuentena de ataques a sedes y militantes en el último año. C’s contabiliza amenazas desde 2014 y en los últimos cinco meses suma ya doce ataques a sus sedes y tres agresiones o intimidaciones a militantes. En el PP catalán el balance es similar, una decena de ataques a sedes en un año. Con más de 400 CDR’s identificados por toda Cataluña, la tensión no parece que vaya a menguar.

En los últimos meses, especialmente a partir del 1 de octubre y la posterior aplicación del artículo 155 en Cataluña, los partidos que le dan apoyo y organizaciones como Sociedad Civil Catalana se han convertido en blanco de las facciones más reaccionarias del independentismo. Aquellas que, agrupadas en torno a la CUP, Arran y los CDR’s, no tienen suficiente con las manifestaciones multitudinarias y buscan amedrentar al contrario. Sedes de partidos e incluso viviendas, comercios y despachos han sido blancos habituales de esos ataques.

El secretario de Organización del PSC, Salvador Illa, reconoce que la situación se ha tensado más todavía para los socialistas desde la detención de Carles Puigdemont. El PSC es probablemente el partido que más incidentes acumula en poblaciones por toda Cataluña. Su mayor implantación territorial se traduce, desgraciadamente, en una mayor exposición de sus cargos locales en los momentos de máxima tensión.

En el PSC preocupa sobre todo el ambiente de intimidación que se vive en municipios que no aparecen en los medios de comunicación

Dos simpatizantes, un militante de las juventudes y el portavoz del partido en Barcelona han sufrido agresiones; nueve alcaldes y dos regidores de localidades pequeñas y medianas conviven con pintadas y anónimos en sus pueblos y otros dos han sufrido insultos presenciales. En el PSC preocupan los 25 ataques a sedes del partido, pero sobre todo el ambiente de intimidación que se vive en municipios que no aparecen en los medios de comunicación.

El balance de Ciudadanos es igualmente triste. El 3 octubre el «paro de país» fue la excusa para que algunos manifestantes hicieran un escrache en la sede del partido en Barcelona contra cargos públicos y trabajadores del partido, en cuya sede se repiten las pintadas contra Albert Rivera e Inés Arrimadas -incluso con motivo de la huelga feminista, pese a ser el único partido con una mujer candidata a la presidencia de la Generalitat-.

También los cargos locales del PP son objeto de presiones. Los populares catalanes han sufrido escraches en El Prat, Cornellà, Sant Cugat en dos ocasiones, Sant Fost de Campcentelles, Vilassar de Mar y Pallaresos. Una fría enumeración que esconde mucha impotencia.

Protección policial

La Operación Minerva de protección de edificios oficiales y sedes de partidos activada por el Ministerio del Interior responde a esa situación. Fuentes de la Delegación del Gobierno apuntan que se han identificado ya más de 400 CDR’s por toda Cataluña y aunque su composición es muy heterogénea, preocupa la integración de grupos anarquistas y antisistema en sus filas.

Ni el Gobierno ni los partidos y organizaciones afectados quieren dar datos sobre los efectivos destinados para reforzar la protección, pero reconocen que se ha incrementado en edificios oficiales y sedes de partidos, así como a cargos electos que lo han solicitado tras recibir amenazas. Las reuniones policiales de seguimiento de la operación, comandada por los Mossos d’Esquadra, se repiten con regularidad en las últimas semanas.

Sé que acabaré exiliado, quiero vivir tranquilo» reconoce el ex presidente de SCC

El ex presidente de Sociedad Civil Catalana Ramón Bosch conoce bien esa «violencia de baja intensidad» desde que hace ya muchos años se le ocurrió colgar la bandera española, junto a la senyera, en el balcón de su casa, en el centro de Santpedor (Barcelona), para celebrar el 12 de octubre. Pero los incidentes se han intensificado en los últimos años, hasta el punto de que Bosch reconoce su intención de dejar Cataluña.

«Sé que acabaré siendo un exiliado, quiero vivir en paz» argumenta al explicar sus planes. Sus hijos hace años que dejaron Cataluña, desde que su hija sufrió una agresión en las fiestas del pueblo y decidió enviarlos a estudiar fuera.

Hace apenas dos semanas del último mensaje con amenazas aparecido en el buzón de su casa, pero antes que eso ha habido pintadas, lanzamientos de huevos y hasta una manifestación de la CUP frente a su casa, cuando presidía SCC. Con todo, lo peor es la convicción, ahora certificada, de que los Mossos d’Esquadra no solo no hicieron nada para evitar estos hechos sino que le hicieron seguimientos. «En su momento me lo advirtió un policía local, y al principio no le di crédito, ahora veo que todo estaba perfectamente orquestado».

Tienen suerte de que el independentismo sea pacífico» respondió la CUP de Sant Sadurní cuando el PSC se quejó de un ataque

Entre los políticos afectados preocupa especialmente la falta de empatía de los partidos soberanistas a la hora de condenar esta situación. El peor ejemplo se vivió en el Ayuntamiento de Sant Sadurní d’Anoia (Barcelona) cuando el PSC intentó que se condenara el ataque a su sede en este pueblo. La respuesta del regidor de la CUP: «tienen suerte los partidos del 155 de que el independentismo sea pacífico» y del «trabajo de los colectivos independentistas para contener los ánimos en el momento de tensión que vivimos».

Cuando PSC y PP pactaron una resolución de condena de «toda la violencia», la iniciativa fue derrotada en el Parlament con la oposición de las tres formaciones independentistas, que sólo reconocen «la violencia del Estado». El líder del PSC, Miquel Iceta, denunció ya entonces, como ha repetido esta semana, que los ataques con «pintadas amenazadoras como nunca dormiréis tranquilos o cristales rotos son la evidencia de que en Cataluña hay sectores violentos».