Atado, bien atado y tutelado. Así empieza el relevo en Cuba. Por primera vez desde el triunfo de la Revolución, en 1959, estará al frente del Consejo de Estado y de Gobierno un civil, que no se apellida Castro y que no pertenece a la generación histórica. Arranca el año cero de la Cuba de Miguel Díaz-Canel bajo la estela del continuismo.

En su primer discurso como presidente de Cuba ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, Díaz-Canel, que el viernes ha cumplido 58 años, ha prometido fidelidad “al legado” de Fidel Castro, y ha asegurado que Raúl Castro “encabezará las decisiones de mayor trascendencia” y seguirá en la vanguardia política.

Tampoco ha dejado un resquicio de duda sobre su voluntad continuista. “La revolución sigue y seguirá viva”, remarcó con un homenaje explícito a la generación histórica. A su vez remarcó que “no habrá transición que rompa con el pasado revolucionario” ni “habrá espacio para los que quieran una restauración capitalista”.

De esta manera, el sucesor de Raúl Castro dejó claro su punto de partida, si bien es una incógnita cuál será su destino. La fundadora y directora de la web 14ymedio, Yoani Sánchez, saludaba el “día-D”, ese ya histórico 19 de abril en el que un Castro dejó paso a un rostro nuevo en la presidencia del Consejo de Estado, con escepticismo.

En un tuit decía que el “traspaso de poder” sin sorpresas y sin expectativas al menos deja paso a alguien que “no se apellida Castro”. Sánchez remarca en tuits posteriores cómo en La Habana reina “la apatía” y que la mayor preocupación del cubano es ganar el jornal y abastecerse de lo básico, si bien hay quienes aún conservan expectativas de que haya cambios.

El abogado español Hermenegildo Altozano es experto en inversiones en Cuba y reconoce que los cubanos han querido que este traspaso de poder no sea improvisado. “Como en las jugadas de pizarra, aunque se ensaye la estrategia, puede que el resultado no salga como se había previsto. Se podría hacer un paralelismo con la ley de sucesión de la jefatura del Estado en España, de Franco a Juan Carlos como rey”, señala Altozano. “Nombrará a su equipo, buscará consensos. Sea como sea, tendrá una impronta nueva a sus predecesores, Fidel y Raúl Castro”, añade.

Altozano, como Susanne Gratius, profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Madrid e investigadora asociada de CIDOB, consideran relevante que no sea un Castro y que no pertenezca a la generación histórica, que hizo la Revolución junto a Fidel y Raúl.

Como uno de los vicepresidentes del Consejo de Estado, solo queda representada con Ramiro Valdès, de 85 años. También el vicepresidente primero es algo más joven, 73 años, pero un dinosaurio del régimen, el líder sindical Salvador Valdés Mesa. El presidente de la Asamblea Nacional, Esteban Lazo, de 74 años, que renueva, es de la línea más ortodoxa. Sale del Consejo de Estado, sin embargo, Álvaro López Miera, militar, quien se cree que domina las finanzas de las Fuerzas Armadas. Hay paridad, mayor representación de negros y mestizos, y la media de edad es menor.

Los mil y un retos

El primer desafío al que ha de hacer frente Díaz-Canel es ganarse su legitimidad. El carisma y su protagonismo en la Revolución hacían a Fidel intocable. Raúl, como hermano de Fidel, miembro de la generación histórica y general de cuatro estrellas, tampoco tuvo quien le desafiara.

El caso de Díaz-Canel es diferente, si bien ha reconocido que sigue bajo el tutelaje de Raúl Castro, quien ha cumplido su promesa de dejar el cargo tras dos mandatos (diez años). Asumió de forma transitoria en 2006, por enfermedad de Fidel, pero no se hizo oficial el traspaso hasta 2008.

La población quiere reformas económicas y mayor pluralidad. Ha de tender puentes», afirma Susanne Gratius

“No se trata de un mero traspaso administrativo, como los cubanos quieren hacernos creer. Su legitimidad radica en la aceptación de las Fuerzas Armadas, los históricos, pero también de la población. El gobierno da la imagen de ser monolítico pero la sociedad cubana es más abierta. La población quiere reformas económicas y mayor pluralidad. Ha de tender puentes”, afirma Susanne Gratius.

El nuevo líder tendrá menos poder que sus antecesores. Raúl Castro seguirá al frente del Partido Comunista de Cuba, hasta 2021. A su vez, apenas tiene tres años de experiencia en las Fuerzas Armadas, que son las que controlan gran parte de la economía, especialmente del turismo.

El ex yerno de Raúl Castro, el general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, está a cargo de Gaesa, la compañía que aglutina las empresas controladas por los militares. Entre ellas, el grupo Gaviota, vinculado al turismo. Algunos calculan que equivalen a un 70% de la economía del país, pero el cálculo es difícil porque es un sector muy opaco. “No es bueno que los militares manejen tanto poder económico en ningún país”, señala José Manuel Martín Medem, ex corresponsal de RTVE en La Habana.

Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl, es quien ha movido los hilos en el Ministerio del Interior, un experto en contraespionaje. Muchos le veían como el heredero natural, pero de momento seguirá entre bambalinas. El pasado verano, falleció el primogénito de Fidel, Fidelito, de formación científica, en un suicidio tras una depresión que el régimen silenció como pudo.

Vigilarán a Díaz-Canel los dinosaurios de la Revolución, como José Ramón Machado Ventura o el comandante Guillermo García Frías, que veían a Bruno Rodríguez, el actual canciller mejor situado dado que parecía más fácil de manejar. Hubo quienes temían un giro de última hora al ver el protagonismo de Rodríguez en la Cumbre de las Américas, por ejemplo.

Será importante ver cómo se produce la cohabitación con Raúl Castro. Depende de él», afirma Carlos Malamud

“Díaz-Canel tendrá una cuota de poder. Raúl Castro seguirá al frente del partido, los mandos de las Fuerzas Armadas serán los mismos, también quienes controlan el aparato militar e industrial. Ha de llegar a consensos. Será importante ver cómo se produce la cohabitación con Raúl. Depende de él”, señala Carlos Malamud, investigador principal en el Real Instituto Elcano.

El nuevo líder cubano estará entre la espada de las expectativas del pueblo, que sufre la crisis en sus carnes, y la pared de la ortodoxia, temerosa de que cualquier reforma se descontrole y conduzca a un desmoronamiento del régimen. Muchas de las reformas pendientes ya figuraban entre las tareas que se marcó Raúl Castro, pero ni siquiera él ha podido acometerlas.

Los jóvenes cada vez se desmarcan más del proyecto revolucionario. El Partido Comunista de Cuba ahora cuenta con unos 600.000 afiliados. En las últimas elecciones a la Asamblea Nacional del Poder Popular, en las que no pudieron presentarse opositores o independientes, si se suma los abstencionistas, los que votaron nulo y quienes rechazaron la propuesta ronda el 40% de cubanos que se opusieron a la propuesta oficialista. El descontento crece por la falta de perspectivas y los jóvenes solo ven salida en iniciar una nueva vida fuera. Cuba va progresivamente envejeciendo, otro de sus grandes problemas.

“La presión por introducir cambios económicos es cada vez mayor, en tanto que las relaciones con EEUU no abren la posibilidad de atraer nuevas inversiones y Venezuela va en picado, con pocas posibilidades de asistir económicamente a Cuba. La eventual muerte de Raúl Castro, Machado Ventura y Ramiro Valdés puede precipitar los acontecimientos”, aclara Andrés Serbim, presidente de la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (Cries).

Con Raúl Castro comenzó a abrirse la mano a los pequeños y medianos empresarios, lo que se denomina cuentapropismo. Hay unas 600.000 personas, en un país de 11 millones de habitantes, que viven así en la isla caribeña. Muchas más querrían intentarlo, pero en agosto pasado se interrumpió el proceso para revisar los fallos, según el régimen.

Bajo el liderazgo de Raúl Castro también se ha permitido el uso de móviles, se han levantado las restricciones a los viajes al exterior y los cubanos han podido alojarse en hoteles. Sin prisa pero sin pausa. Al estilo cubano.

Los expertos coinciden en que su gran reto es encauzar la economía. Los ingresos en remesas de EEUU rondan los 3.300 millones de dólares al año, pero eso solo alcanza para un porcentaje mínimo de la población. Las llegadas de turistas se han duplicado en una década, pero las importaciones han caído (15.000 millones de dólares en 2013 a 10.000 en 2016) y la inversión extranjera está estancada debido a la complicada burocracia. Aún así ha empezado a pagar deuda externa y creció un 1,7% en 2017.

La mayoría en Cuba lidia con la esquizofrenia del doble cambio de moneda. En la isla operan dos monedas nacionales: el peso cubano (CUP) y el peso convertible (CUC), desde 1994, equivalente al dólar. Se introdujo en plena crisis tras el fin de la URSS debido a la imposibilidad de usar dólares en sus transacciones internacionales.

Su uso se ha generalizado. Un CUC equivale a 24 CUP. Los cubanos cobran en CUC y mucho de lo que necesitan han de pagarlo en CUP. Acabar con este sistema conlleva riesgos serios de despidos de empresas estatales y revuelta social, pero se hace cada vez más necesario para acceder al mercado internacional, y a los préstamos.

Nadie, ni Warren Buffet, puede solucionar los problemas económicos de Cuba», dice Centeno

Gratius considera prácticamente imposible esta tarea, y el catedrático Miguel Centeno, especialista en Princeton, señala que no está al alcance de Díaz-Canel, ni de nadie por sí solo. Sería un proceso en el que el acceso a los préstamos internacionales es clave. “Nadie de forma individual, ni siquiera Warren Buffet, puede solucionar los problemas económicos de Cuba. Los mercados no están interesados en lo casi nada de lo que ofrece. Después de 30 años de periodos especiales, la población está exhausta y ha perdido la esperanza. La cuestión es hasta qué punto el nuevo gobierno va a exponer el orden social y político para dar mayor dinamismo a la economía”, explica Centeno.

El escepticismo está generalizado entre los investigadores. “Estas reformas pendientes, como la eliminación de la doble moneda, o la apertura al libremercado, no pudo acometerlas Raúl, cuando tenía fuerza y legitimidad. ¿Cómo va a poder hacerlo Díaz-Canel?”, se pregunta Malamud, quien cree que será más el reloj biológico (cuando desaparezca la generación histórica) cuando podrá verse si habrá cambio o no.

Puede haber sorpresas… Cuba puede ser un referente o seguir viviendo de la nostalgia en un mundo cambiante, señala Altozano

Para Altozano, más optimista, “la legitimación de Díaz-Canel pasa por el crecimiento económico y por embridar bien la relación con EEUU, lo que podría verse favorecido al no estar un Castro al frente del país”. El modelo sería, a su juicio, Vietnam, “un sistema mixto con mucha presencia del Estado pero con mayor participación del sector privado en la vida económica”.

Cree Altozano que “puede haber sorpresas, ya que Díaz-Canel habrá de reflexionar si quiere que Cuba sea un referente, un foco para el movimiento de no alineados, o seguir viviendo de la nostalgia en un mundo cambiante”. Ser un Egon Krenz (efímero último líder de la extinta RDA), a quien Gratius ve como precedente de Díaz-Canel, o un Gorbachov. De momento, nadie ve rastro de Gorbachov, sino la alargada sombra de los Castro.

Al final de su discurso ante la Asamblea, Díaz-Canel clamó: “Patria o muerte. Socialismo o muerte. Venceremos”. Más castrista que Raúl, quien concluyó con un espontáneo: “Bueno, acabé”. Aunque no sea del todo cierto. Los tiempos pueden llevar a Díaz-Canel a asumir que el nuevo lema es “cambio o muerte”. Los cinco años del mandato que ahora empieza son cruciales.

Lo cierto es que la isla desprende un sabor gatopardiano con este relevo. Tancredi le decía a su tío Fabrizio en El Gatopardo: “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”. De momento, los Castro empiezan a ser el pasado y Díaz-Canel el presente. Todo lo demás es incierto.