María José, la novia del teniente agredido en Alsasua, sufre estrés postraumático y mostró síntomas de comportamiento suicida a consecuencia de la agresión sufrida, -junto a un sargento y su pareja, el 15 de octubre de 2016- y por el “aislamiento social”, amenazas y acoso al que fue sometida posteriormente ella y su entorno. Así lo han detallado las dos psicólogas que realizaron un peritaje sobre su estado de salud y que hoy han declarado en el juicio que se sigue en la Audiencia Nacional contra ocho acusados por la agresión y que se enfrentan a una petición de penas de entre 12,5 y 62,5 años de prisión por delitos de carácter terrorista. Una sesión que ha venido precedida de la presencia de cargos parlamentarios de EH Bildu, Podemos y ERC en el exterior de la Audiencia Nacional en apoyo a los ocho acusados. Los representantes de las tres formaciones han cuestionado el proceso y han calificado de desproporcionada las peticiones que pesan sobre los acusados.

Durante la vista oral las dos psicólogas, presentadas por la acusación, han acreditado que, tal y como ya aseguró María José durante su declaración, su situación a consecuencia de la agresión y posterior acoso fue tan delicada que llegó a manifestar deseos de acabar con su vida. Las dos facultativas han afirmado que tras la exploración a la que la sometieron no encontraron sintomatología de estrés o trauma previo al día de la agresión no constan antecedentes familiares en este sentido.

Han detallado cómo a partir de la agresión redujo sus salidas a la calle y tuvo temor a relacionar se con vecinos del pueblo. Una situación que le llevó a vivir en un clima de “aislamiento”: “Me hicieron la vida imposible”. Han declarado que en todo momento María José, de 21 años, era consciente del rechazo que podría suscitar haber iniciado una relación sentimental con un guardia civil pero que lo había asumido y estaba dispuesta a aceptarlo. Una cuestión que según han apuntado no provocó en ella ninguna sintomatología reseñable, “no le importa el rechazo o el aislamiento, hace una elección y la sigue”.

Las psicólogas han afirmado que estaba preparada para asimilar el rechazo por mantener la relación con un guardia civil

Durante las dos entrevistas que mantuvieron con ella para llevar a cabo el peritaje, -que suman tres horas de conversación-, ella subrayó que el día de la agresión sigue siendo para ella “el peor día de su vida”. En su explicación han apuntado que la causa principal del trastorno que padece lo provocó la “rabia que veía en la gente” durante la agresión y en especial el comportamiento posterior de personas a las que conocía desde hacía tiempo del pueblo. En su relato han recordado episodios que le afectaron de modo especial como la presión que se ejerció a su padre, al que se le habría instado a que forzara que su hija reconociera a ningún posible agresor para que cesara la amenaza y acoso que sufría.

“Me van a comer”

Las psicólogas han recordado cómo María José les comunicó que a medida que se acercaba la celebración del juicio que su angustia y temor fue en aumento, “Tengo miedo al juicio grande, me van a comer, me produce mucha ansiedad”, les trasladó.

Las dos peritos han afirmado que en su comportamiento no se percibe “ánimo de venganza” y que su actitud actual más que en la rabia está asentada en “la tristeza”. Incluso han apuntado que muestra rasgos de empatía y “compasión” hacia las personas que les agredieron: “Siento que por miedo intentan sentirse aceptados socialmente, es la lógica que intento buscarle yo”, han recordado que aseguró. Una actitud que han considerado razonable desde el punto de vista psicológico de una persona que intenta comprender lo sucedido. Por último, han afirmado que en su declaración no “categoriza” a las personas entre abertzales o no, término que no emplea, y que lo que ahora más relevancia tiene para ella es poder volver a tener y sentirse integrada en un grupo social.

Tras ellas han declarado dos peritos de la defensa. En su declaración las dos facultativas han analizado los daños sufridos por los agredidos.  Han afirmado que la rotura de tobillo sufrida por el teniente pudo obedecer a una “torcedura” y no necesariamente a un golpe a consecuencia de una patada. Han considerado que es compatible que una lesión de este tipo se pueda sufrir a consecuencia de un bordillo o similar tras una caída.

Las peritos de la defensa aseguran que la rotura de tobillo del teniente es compatible con una caída de un bordillo

En su opinión, las parejas de los dos agentes no mostraban hematomas suficientes como para pensar en un ataque múltiple. Cuestionadas sobre si las heridas de la agresión eran compatibles con una agresión múltiple han señalado que pueden haber sido provocadas por la agresión de una sola persona, aunque a preguntas de la acusación han reconocido que no se puede descartar que también las causara una agresión de dos, tres o más personas.

Ambas han asegurado que su peritaje no se basa en una exploración del agente herido en el tobillo sino en un análisis del parte de lesiones. De este modo se han desmarcado de la conclusión del médico forense que sí exploró a los cuatro agredidos y que aseguró que la rotura del tobillo se tuvo que producir por “algo que impactara directamente con alta energía”.

Visionado de vídeos

En la sesión celebrada hoy también se han visionado dos de los vídeos que el tribunal ha aceptado como prueba a las defensas de los acusados. En uno de ellos, aportados por ETB, se observa cómo uno de los acusados, Adur Ramírez, asiste a un partido de pelota celebrado en Alsasua horas antes de que se produjera la agresión en el bar ‘Koxka’. Con él las defensas confían en demostrar que Adur, tal y como declaró en el juicio, no se encontraba en el lugar de los hechos en el momento de la agresión. Las víctimas lo habrían identificado vistiendo una camiseta de color rojo.

Hoy se han visionado dos vídeos, uno grabado tras la agresión, cuando llegó la policía foral. El otro, el aportado por ETB de un partido de pelota.

El segundo de los vídeos corresponde a imágenes grabadas por otro de los acusados momentos después de la agresión y cuando la policía foral ya había acudid al lugar. En las imágenes se observa al sargento agredido, que da un manotazo para evitar la grabación, algo aturdido. Para la sesión de mañana está previsto el visionado de más vídeos, en este caso de la acusación.

Hoy la Fiscalía podría comenzar ya a exponer su escrito de conclusiones. El Ministerio Fiscal solicita penas que van desde los 12,5 hasta los 62,5 años para los ocho acusados, si ben prevé una petición de penas alternativa que rebaja la horquilla a entre 12,5 y 30 años de prisión.