No será esta la primera vez que Ángel Garrido y Pío García Escudero están obligados a convivir, ahora desde la presidencia del gobierno autonómico, uno, y la del Partido Popular en Madrid, otro. Ya coincidieron en el ayuntamiento madrileño como concejales y acabaron militando en bandos enfrentados a muerte. Porque si Garrido se adhirió al sector aguirrista cuando Esperanza Aguirre desembarcó allí para poner todo patas arriba, García Escudero abjuró de la ex presidenta autonómica y se alineó con Alberto Ruiz-Gallardón.

Aquello fue una guerra sin cuartel que no hizo prisioneros. El hoy presidente del Senado llevaba once años liderando a los populares madrileños cuando Aguirre exigió ese trono tras llegar al gobierno de la Comunidad, tamayazo por medio. Acabó con una bicefalia que ahora muchos reclaman. No fue momento de tibios. O se estaba con Aguirre o con el entonces alcalde, Ruiz-Gallardón, sin medias tintas. El destino les ha vuelto a unir años después y condenado a entenderse porque Garrido seguirá formando parte de la ejecutiva madrileña y García Escudero necesita «vender» gestión de gobierno madrileño para preparar al partido de cara al dificilísimo reto de las elecciones locales y autonómicas de mayo del año que viene.

Garrido «militaba» en el «aguirrismo» y Escudero respaldaba a Gallardón

El punto de mayor fricción entre el «aguirrismo» y los adláteres de Gallardón, en franca minoría, lo constituyó el pulso que estos últimos intentaron echar a la todopoderosa baronesa lanzando la candidatura del vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo, a la presidencia territorial del partido, en octubre de 2004. Miembros de la dirección de entonces recuerdan que Garrido «estuvo detrás de la campaña contra Cobo» y este es uno de los elementos que más pesaban en su contra años después a la hora de seguir al frente de la Comunidad, según admiten a El Independiente fuentes de la dirección nacional.

El «pasado» de Garrido pesó en su contra

El pasado hizo que algunos dudaran de la idoneidad de Garrido, a pesar de haber abandonado su antigua militancia «aguirrista» para sumarse a la nueva era que representaba Cristina Cifuentes, quien acabó convirtiéndolo en su «número dos» tanto en el Gobierno autonómico como en el partido en Madrid. Por contra, el presidente del Senado se unió a las huestes de Gallardón en esa cruenta batalla que terminó por fulminar el escaso peso que este tenía en el PP y hasta debilitar sus posibilidades de dar el salto a la lista para las elecciones generales, que Aguirre abortó en 2008 en mitad de otra profunda división interna, aunque lo consiguió en 2011.

El peor enfrentamiento fue a cuenta del pulso que Cobo quiso echar a Aguirre

La candidatura alternativa de Cobo no se llegó a concretar. Una Junta Directiva Regional le mostró lo insensato de su confrontación con Aguirre. De los 300 miembros de dicho órgano, hablaron en apoyo de la entonces presidenta de la Comunidad más de sesenta personas frente a los diez que salieron en defensa de las opciones de Cobo, a quien respaldaba García Escudero. Gallardón asumió aquella derrota con estas palabras: «Hemos constatado que estamos en minoría casi absoluta. La Junta Directiva es un reflejo de la situación del partido, y nosotros sólo contamos con el apoyo de una minoría de sus representantes. En política no hay que recurrir a eufemismos: unas veces se gana, otras se empata y otras se pierde. Nosotros perdimos».

En cambio, Garrido parece haber pasado página pues este lunes se deshizo en elogios hacia el que ocupará la presidencia del PP de Madrid, al menos, hasta el próximo congreso. «No puede ser más acertado. Es perfecto para liderar la nueva etapa», dijo en rueda de prensa tras reunirse con el grupo parlamentario popular en la Asamblea de Madrid. Hizo hincapié en que se trata de «muy buena decisión» por su gestión política así como por el conocimiento que tiene del partido tanto a nivel nacional como regional, ya que fue ostentó el liderazgo del mismo durante varios años. También ha destacado su «perfil de diálogo y negociador» así como su capacidad de integrar a todos. Este nombramiento, «no ha generado malestar sino más bien bienestar en un momento complicado» y ha asegurado que el resto de cuadros del partido están «contentos» con la decisión, informa Europa Press.

«A ver si el Santo nos ilumina»

Más silente se ha mostrado García Escudero que desde que ocupa la presidencia del Senado se ha apartado de la primera línea política para asumir sus tareas institucionales. A diferencia de la presidenta del Congreso, Ana Pastor, que de cuando en cuando comparece ante los medios para explicar cuestiones relativas a la marcha de la Cámara Baja, el madrileño ha optado por desaparecer delegando en el vicepresidente primero de la Mesa, Pedro Sanz. Ni siquiera ayer por la tarde, tras asistir a un acto sobre la Unión Europea en el Senado, con presencia del ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, hizo declaración alguna sobre el nuevo cometido que le ha encargado Rajoy, del que tuvo conocimiento en la misma mañana de este lunes.

Ni el nombramiento de García Escuero, como presidente del PP de Madrid, ni el de Juan Carlos Vera, como secretario general, es formal hasta que lo ratifique el comité ejecutivo nacional, que, con toda probabilidad se reúna el día 15, Fiesta de San Isidro en Madrid. Sobre la coincidencia con fecha tan señalada, un miembro de la dirección regional expresa un deseo: «A ver si el Santo nos ilumina».