En la víspera del traslado de la embajada de Estados Unidos a Jerusalén, uno de los principales clubes de fútbol de Israel ha decidido cambiar su nombre en honor al presidente norteamericano. El Beitar Jerusalén, fundado en 1936 y seis veces campeón de Liga -la última vez en 2008-, ha anunciado a través de sus canales oficiales que de ahora en adelante se llamará Beitar Trump Jerusalén.

«El presidente Donald Trump, en un movimiento valiente, ha reconocido a Jerusalén como la capital eterna de Israel. Ha mostrado coraje y verdadero amor por el pueblo israelí y su capital», dice el comunicado hecho público por el equipo. «El Beitar Jerusalén, uno de los símbolos más importantes de la ciudad, está feliz de honrar al presidente por su amor y apoyo con un gesto propio. El presidente del club, Eli Tabib, y el director ejecutivo, Eli Ohana, han decidido añadir al nombre del equipo el nombre del presidente norteamericano que ha hecho historia», prosigue. «De ahora en adelante nos llamaremos Beitar Trump Jerusalén».

Este lunes, los Estados Unidos trasladarán oficialmente su embajada en Israel desde Tel Aviv a Jerusalén, reclamada como capital «eterna e indivisible» por el estado de Israel desde 1980 y tras su ocupación en la Guerra de los Seis Días de 1967. Las Naciones Unidas nunca han reconocido la capitalidad de Jerusalén, que a efectos legales internacionales permanece en un limbo creado por la propia ONU, que resolvió en 1947 convertir la ciudad en zona neutral desmilitarizada en su resolución 181, que nunca se ha aplicado en la práctica.

La propia ONU declaró nula la Ley de Jerusalén de 1980 y conminó a todos sus miembros a trasladar sus embajadas a Tel Aviv, donde se han mantenido hasta la decisión de Donald Trump, a la que han seguido otra decena de países. El movimiento ha generado una enorme tensión en la zona, por cuanto frustra el reconocimiento futuro de Jerusalén como capital de Palestina, que también reclama la ciudad como propia.

Un club de tradición política

El gesto anunciado por el Beitar Jerusalén, uno de los equipos económicamente más poderosos del país, no es sorprendente. Es un club de larga tradición política, fundado en la década de los años 30 por las ramas juveniles del movimiento ideológico Beitar, englobado en la derecha sionista revisionista encabezad por el actual Likud del presidente Benjamin Netanyahu.

Los ultras del Beitar Jerusalén, conocidos como La Familia, son reconocidos como una de las facciones más extremistas del fútbol israelí. Proclaman la «pureza» del Beitar y ejercen una importante presión sobre la dirección del club: hasta el momento no han permitido que ningún jugador árabe fiche por el club en 82 años de historia.

El equipo, sin embargo, sí ha contado en este tiempo con tres jugadores de religión musulmana. Los tres acabaron en problemas. Ndala Ibrahim, nigeriano, jugó cuatro partidos con el club, cedido por el Maccabi Tel Aviv, antes de verse obligado a abandonarlo por el acoso al que fue sometido por la afición.

Igual de problemática fue la llegada de Zaur Sadayev y Dzhabrail Kadiyev, chechenos y musulmanes. Los jugadores recibieron insultos a su llegada y ultras de La Familia, según informó la prensa israelí, trataron de quemar las oficinas del club. Cuando Sadayev anotó el primer gol para el equipo, los ultras abandonaron el estadio a modo de protesta.