El presidente de EEUU, Donald Trump, ha reconocido Jerusalén”la antigua capital del pueblo judío, como capital del Estado de Israel”, en un esperado discurso en la Casa Blanca. Lo justificó en nombre de “una nueva aproximación a un viejo conflicto” que enfrenta a israelíes y palestinos durante décadas. La comunidad musulmana, desde los palestinos hasta el presidente turco o el monarca saudí, han advertido de que la medida provocará un incendio en una de las regiones más convulsas del planeta. Hamas ha declarado que Trump ha abierto “las puertas del infierno”.

Trump cumple así con una de las promesas de su campaña electoral sin hacer caso de las demandas de la comunidad internacional, encabezada por el Papa Francisco. “No es ni más ni menos que reconocer la realidad, es lo correcto”, ha declarado, conocedor de que el asunto es “muy sensible”.

También ha dado orden de que el Departamento de Estado desarrolle un plan para realizar el traslado de la embajada de Tel Aviv a Jerusalén, aunque puede durar años por razones logísticas. “La  nueva embajada, cuando esté finalizada, será un tributo a la paz”, ha agregado.

Consciente de la ola de violencia que puede generar esta medida, Trump recordó que “EEUU apoyaría una solución de dos Estados si las dos partes estuvieran de acuerdo”. Se ha justificado también diciendo que “retrasar el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel no ha ayudado al proceso de paz en las dos últimas décadas”.

Curioso que al romper con décadas de esfuerzos diplomáticos y ser fiel a su fama de pirómano repitiera una y otra vez la palabra “paz”. La Organización para la Liberación de Palestina (OLP) dijo que Trump había “destruido” la solución de los dos Estados. Hamas fue más allá y habló de que el presidente de EEUU ha abierto “las puertas del infierno”.

Nada más concluir su alocución Trump, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, calificó la jornada como “histórica” y animó a otros países a que sigan el ejemplo de Estados Unidos. Agregó que cualquier acuerdo con los palestinos ha de reconocer que Jerusalén es la capital del Estado de Israel. El presidente de Israel, Reuven Rivlin, en un comunicado ha dicho: “No hay un regalo más hermoso ni adecuado cuando nos acercamos a los 70 años de la independencia del Estado de Israel”.

No hay regalo más hermoso cuando nos acercamos a los 70 años de independencia del Estado de Israel”, dice el presidente Rivilin

Numerosos líderes internacionales habían intentado que Trump siguiera con la política que hasta ahora había mantenido Estados Unidos. La mayoría se mostraron decepcionados por este nuevo gesto unilateral y de consecuencias globales del presidente estadounidense. El presidente francés, Emmanuel Macron, lo consideró “lamentable” y abogó por el diálogo.

El Papa, a quien el líder palestino, Mahmud Abbas, pidió intervenir para frenar a Trump, señaló que es esencial “reconocer los derechos de todos” en Tierra Santa como condición previa al diálogo. Pidió asimismo que se respete el estatus reconocido por la legalidad internacional. Su Santidad realizó estos comentarios el miércoles por la mañana a un grupo de palestinos implicados en el diálogo interreligioso en El Vaticano.

Poco antes de las palabras de Trump, el ayuntamiento de Jerusalén ya lo celebraba con una bandera de EEUU junto a una de Israel en las paredes de la Ciudad Vieja, en el este, zona palestina. Hace 70 años, con la partición de Palestina, la ciudad quedó bajo administración internacional de forma provisional. Israel primero ocupó la parte occidental y tras la guerra de los Seis Días la oriental, que los palestinos consideran su capital.

El presidente palestino, Mahmud Abbas, ha dicho que el anuncio de Trump es “una declaración de retirada” del proceso de paz. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que lo consideró “una línea roja para los musulmanes”, dijo que lo anunciado por Trump es ilegal. Hamas había llamado a “una tercera intifada”.

Israel considera Jerusalén su capital, pese a que la comunidad internacional no reconoce que tenga soberanía sobre la parte oriental. El caso de EEUU es singular, dada su especial relación con el Estado hebreo. La Jerusalen Embassy Act de 1995 reconoce que la representación diplomática de Washinton en Israel debe ubicarse en Jerusalén, lo que supone un reconocimiento de facto.

Sin embargo, las distintas Administraciones han renovado una cláusula a esta ley que exime al Gobierno de aplicarla en función “de los intereses nacionales”. La cláusula se renueva cada seis meses. EEUU, como la mayoría de los países, tenía hasta ahora su representación diplomática en Tel Aviv. “Otros presidentes prometieron a Israel  lo que yo sí voy a hacer”, ha declarado con orgullo el presidente Donald Trump.

El actual inquilino de la Casa Blanca parece temer más el incendio que tiene en el patio de su casa que en el que provocará esta decisión en Oriente Próximo. Cualquier reacción en contra, desde estallidos de violencia a manifestaciones, puede servirle como argumento para justificar la medida, aplaudida y deseada por el lobby israelí, que le apoyó en la campaña electoral, y por Israel.

Según encuestas recientes, no es un movimiento deseado por la mayoría de los americanos. Un 63% se opondría al traslado de la embajada de Tel Aviv a Jerusalén, según un sondeo  de la Universidad de Maryland.

Washington puede hacer esto debido al abandono de la comunidad internacional sobre la cuestión palestina”, dice Mariano Aguirre

“Washington puede hacer esto debido al abandono que ha practicado la comunidad internacional sobre la cuestión palestina. Las guerras en Oriente Medio y la crisis de los refugiados, mas el seguidismo de Estados Unidos, han creado una profecía autocumplida. Al decir que el problema palestino no tiene solución han logrado empeorarlo. Y Trump lo corona con el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, en contra del derecho internacional”, afirma Mariano Aguirre, analista internacional, autor de Salto al vacío, sobre Donald Trump.

“Es difícil predecir lo que puede desencadenar pero Hamas y otras facciones palestinas ya habían llamado a un Día de la Rabia… La gente saldrá en tropel y habrá enfrentamientos aunque se haga un esfuerzo para que no haya violencia. Es una decisión simbólica para la que no hay marcha atrás. Suponer tirar por el suelo años de equilibrios diplomáticos, de procesos de paz, de brindis al sol…”, dice la investigadora Itxaso Domínguez de Olazábal. experta en Oriente Próximo.

Jerusalén es la ciudad tres veces santa; lo es para cristianos, musulmanes y judíos. El poder simbólico del anuncio de Trump es enorme. Según escribe en Haaretz, Jeremy Ben-Ami, presidente del movimiento pacifista J Street, “Trump traerá más sangre y no más paz a Jerusalén”, una ciudad que en realidad, a juicio de Ben-Ami, en la realidad está compartida por dos pueblos que la reclaman como capital.

“En términos prácticos, es evidente que partes de Jerusalén sirven como capital de Israel, donde está la mayor parte del gobierno, el Knesset (Parlamento), la Corte Suprema de Justicia el Banco Central. Igualmente evidente es que muchos barrios son palestinos. En la ciudad viven unos 300.000 palestinos, muchos en la pobreza”, señala. Para Ben-Ami, el futuro de Israel pasa por dos Estados con una capitalidad compartida en Jerusalén. Cada vez más lejos y utópica parece esta idea.