“Otros lo prometieron. Yo lo cumplo”. El presidente de EEUU, Donald Trump, ha lanzado su cruzada por Jerusalén al reconocer la ciudad tres veces santa como capital del Estado de Israel. Evangélicos y judíos estadounidenses, entre ellos el millonario Sheldon G. Adelson, uno de los grandes donantes de la campaña del republicano, se felicitaron por la buena nueva. La comunidad internacional, y los países musulmanes en particular, alertaron que el anuncio podía propagar una ola de violencia de consecuencias imprevisibles en una de las zonas más conflictivas del planeta. Hasta el Papa intentó frenar a Trump.

Una visita de apenas 45 minutos del entonces líder de la oposición israelí Ariel Sharon a la Explanada de las Mezquitas el 21 de diciembre de 2000, para los judíos el sagrado Monte del Templo, desembocó en la segunda intifada, en la que murieron unas 5.000 personas durante más de dos años. Sharon también cumplía su promesa de visitar Al Aqsa si fracasaban las negociaciones de Camp David sobre el futuro de Jerusalén. Israel se negó a aceptar entonces la soberanía palestina sobre la Explanada de las Mezquitas.

Jerusalén más que una ciudad es la encarnación de lo más sagrado para cristianos y musulmanes, que juntos suman unos 3.000 millones de fieles, y para judíos, asentados allí hace 3.000 años. En hebreo Jerusalén vendría a querer decir «casa de la paz», según una de las interpretaciones más aceptadas. En árabe, Al Quds sería «lo sagrado» o «casa de lo sagrado».

Allí se emplaza el Monte del Templo de los judíos, la colina de Sión, metonimia de la ciudad y de la tierra de Israel; es donde murió Jesús, el Mesías para los cristianos; y donde está la mezquita de Al Aqsa, la más lejana, donde el profeta Mahoma pasó su última noche y ascendió al cielo. Tocar uno de sus cimientos provoca terremotos.

Cualquier gesto político sobre su destino tiene una dimensión global. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ha declarado que «se opone a cualquier medida unilateral que ponga en riesgo las posibilidades de paz para israelíes y palestinos». En la reunión del viernes del Consejo de Seguridad de la ONU, EEUU se quedó solo y tuvo que escuchar cómo el resto de países le advertían de la violación de las resoluciones que supone el paso dado por su presidente. «Estoy preocupado por el riesgo de una escalada violenta», dijo Nicolai Mladenov, representante de la ONU para el proceso de paz.

Comienza una nueva intifada para lograr la liberación de Jerusalén», anunció el líder de Hamas, Ismail Haniya

La reacción más contundente está firmada por los palestinos más radicales. El movimiento islamista Hamas advirtió a EEUU que el anuncio de Trump “abría las puertas del infierno” y amenazó los intereses estadounidenses en represalia. Su líder, Ismail Haniya, confirmó que el viernes comenzaba “una nueva intifada para lograr la liberación de Jerusalén”.

Dos palestinos fallecieron el viernes en la franja de Gaza en los choques con los soldados israelíes. Unos 130 manifestantes palestinos resultaron heridos en diversos enfrentamientos en Gaza y Cisjordania y 38 fueron detenidos. En la jornada, denominada Día de la Ira, hubo protestas contra EEUU en Jordania, Egipto, Líbano, Túnez, Afganistán, Pakistán, Bangladesh, Indonesia y Turquía.

En Irán se quemaron fotografías de Trump y de Netanyahu al grito de “muerte al diablo”. En Egipto, el imam de la mezquita de Al Aqsa calificó de “decisión terrorista” el anuncio de Trump sobre Jerusalén.

Al Qaeda llamó a solidarizarse el mismo día del anuncio con la causa palestina. El viernes lo hizo el autoproclamado Estado Islámico, que llamó no sólo a liberar Jerusalén, «sino a librar la yihad en todas partes».

Es justo lo que encaja mejor con la estrategia política de Trump, muy alejada del equilibrismo diplomático de sus predecesores. Como explica Peter Beinart en The Atlantic, “con este movimiento, recurre a la barbarie musulmana como estrategia política, algo que le es tan útil, que cuando lo ve necesario lo crea… Cuanto mayor sea la amenaza procedente de los no blancos y no cristianos, más confianza obtendrá de sus fieles”.

Trump ha capitulado ante la derecha evangélica, Adelson, Netanyahu, y sobre todo ante su propio ego», afirma Seidemann

“Trump ha capitulado ante la derecha evangélica, Sheldon Adelson, Netanyahu, y sobre todo ante su propio ego. Si el proceso de paz estaba moribundo, esto es su certificado de defunción. Jerusalén es hoy una ciudad más dividida, más binacional, más controvertida y menos sostenible que nunca antes desde 1967. Lo que ha hecho Trump es empeorarlo”, afirma Daniel Seidemann, abogado y fundador de Terrestrial Jerusalem, una ONG israelí que denuncia la política de asentamientos.

El presidente Trump ha justificado su decisión por la fuerza de los hechos. “No es ni más ni menos que reconocer la realidad. Es lo correcto”, afirmó el presidente, junto a su vicepresidente Mike Pence, evangélico militante.

También aludió a que nada ha cambiado en el proceso por no reconocer la capitalidad de Jerusalén, si bien no dijo que fuera una “ciudad indivisible”, como mantiene el Gobierno israelí. No descartó la solución de los dos Estados, si las dos partes así lo acordaban, cuando la cuestión de Jerusalén es crucial y está vinculada a los dos Estados.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, calificó el paso dado por Trump como “histórico”. El millonario Adelson, según publicaba The New York Times, contaba con este gesto, que le llega «al corazón y al alma», desde que Trump, a cuya campaña ha donado más de 20 millones de dólares, asumió la Presidencia.

Los 86 países con representación diplomática en Israel la tienen ubicada en Tel Aviv, aunque algunos como EEUU cuentan con consulados en Jerusalén. Trump ha ordenado el traslado si bien se tardará al menos dos años en completarlo, como ha admitido el secretario de Estado, Rex Tillerson.

Hasta ahora EEUU reconocía en la Jerusalem Embassy Act que su legación diplomática debería estar en Jerusalén, pero las distintas Administraciones han aprobado una cláusula, renovada cada seis meses, para mantenerla en Tel Aviv por seguridad nacional.

Jerusalén, ciudad santa para cristianos, judíos y musulmanes, está administrada por el gobierno israelí desde la Guerra de los Seis Días, en 1967. La ONU aprobó la resolución 181 en 1947 sobre la partición de Palestina y Jerusalén tenía que estar bajo control internacional.

Tras la guerra árabe-israelí, en mayo de 1948, la parte occidental quedó bajo jurisdicción del Estado de Israel, y la oriental, bajo control de Jordania. En 1967, Israel ocupó esa parte de la ciudad y en 1980 el Parlamento israelí proclamó Jerusalén como capital indivisible del Estado de Israel.

El Consejo de Seguridad de la ONU ha declarado nula esta anexión en la resolución 487. En los Acuerdos de Oslo Israel aceptaba negociar el estatus de Jerusalén como parte de un acuerdo final. Los palestinos han proclamado que también es la capital del Estado palestino. Actualmente viven en Jerusalén 300.000 palestinos, de un total de 870.000 habitantes.

“Hablar ahora de una tercera intifada oculta una realidad palpable para los palestinos de Jerusalén, sometidos a la ocupación israelí y siendo víctimas de la violación de sus derechos. Con su anuncio Trump ha descalificado a EEUU como parte del proceso de paz porque está reconociendo y justificando la política colonizadora de Israel”, señala Xavier Abu Eid, politólogo y miembro del equipo negociador palestino en varios procesos.

Europa ha de apoyar la solución de los dos Estados y reconocerlos. Si sigue con la retórica, apoyará la impunidad de Israel», dice Abu Eid

Abu Eid denuncia la retórica de la Unión Europea, que ha condenado el paso dado por Trump, pero el lunes se reúne con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu en Bruselas. “Europa ha de apoyar claramente la solución de los dos Estados y reconocerlos. Si se queda en la retórica, en la práctica estarán apoyando la impunidad con la que actúa Israel”, señala el experto palestino, quien cree que sólo una conferencia internacional de paz sobre el conflicto podría abrir una puerta a la esperanza.

Según Mark Lander explica en The New York Times, para Trump la cuestión de Jerusalén “es más un imperativo político que un dilema diplomático”. Ha tenido que elegir entre agradar a sus donantes y leales seguidores evangélicos y judíos, o alarmar a la comunidad internacional y sembrar la desconfianza entre los líderes árabes, incluso los supuestamente cercanos, y lo ha hecho.

Los esfuerzos por un plan de paz del yerno de Trump, Jared Kushner, cercano al nuevo monarca saudí, también pueden haber sido en vano. “El peor parado con una cuchillada en la espalda es el rey de Jordania, considerado como el guardián de los lugares sagrados islámicos y cristianos de Jerusalén. Uno de los pocos aliados de Israel en la zona, y donde se refugian miles de palestinos y víctimas del conflicto sirio”, afirma Miguel Ángel Benedicto, profesor de Relaciones Internacionales.

A algunos israelíes, como confesó a la Deutsche Welle el ex embajador israelí en Alemania Shimon Stein, les sorprende e inquieta el movimiento porque no parece obedecer a un plan. “No entiendo por qué lo hace ahora. ¿Por qué esa prisa después de 70 años? Quizá espere una compensación”, comenta.

El momento puede explicarse en función de circunstancias internas. A Trump le viene muy bien que el foco esté puesto en el exterior cuando avanza la investigación del fiscal especial sobre el Rusiagate. También que se justifique su tesis sobre el peligro del islam, sin distinguir a los terroristas de los fieles víctimas de ese mismo radicalismo violento.

En términos geopolíticos también hay razones que justifican el paso. El enemigo claro de Israel y de Estados Unidos, a juicio del presidente Trump y del primer ministro Netanyahu, es Irán. Trump sella su pacto de sangre con Israel al anunciar al mundo que ve Jerusalén con los mismos ojos que Netanyahu.

“Está dando la vuelta al péndulo en Oriente Próximo. Obama favoreció el pacto nuclear con Irán y no se entendía con Netanyahu. Saudíes y egipcios tampoco van a mover ficha, aunque hagan declaraciones en contra. Incluso esta vuelta a la normalidad, frente al giro de Obama, gusta a las élites suníes, pese a todo”, explica David Sarias, profesor de Pensamiento Político en CEU San Pablo.

Trump ya ha anunciado que el pacto nuclear con Irán sólo favorece a Teherán. Y si hay algo que preocupa a Israel es la amenaza de Irán, que está cada vez más presente en el tablero regional, en Siria, Irak y en el Líbano. “Israel sigue obsesionado con Irán, a quien no quiere cerca de su frontera, ni tampoco a sus aliados de Hizbulá en el Líbano, y Siria. Se teme en Israel la pérdida de influencia de EEUU en la región”, añade Benedicto. Es una manera de tomar el timón con un gesto pirotécnico de la factoría Trump.

Una lectura de la Biblia o de las palabras del Profeta habría ayudado a Trump a orientarse en la ciudad más santa del planeta. En el Monte de los Olivos, Jesús dijo: ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! Mahoma clamaba: “¡A partir de tus murallas, el mundo se ha convertido en mundo!”.