José Rosiñol defiende desde Societat Civil Catalana la voz de los catalanes que no comulgan con el independentismo. Al margen de los partidos -«yo soy el presidente de una entidad privada, no me ha votado nadie»-, reclama consenso y «altura de miras» a los partidos constitucionales para cumplir con el mensaje del Rey del 3 de noviembre: devolver a Cataluña al marco constitucional y la normalidad institucional.

Pregunta.- Vista su producción periodística, ¿Quim Torra es un tiro en el pie del independentismo?

Respuesta.- Que alguien que, no sólo con tuits, defiende tesis xenófobas por escrito sin complejos sea presidente de la Generalitat, me parece un síntoma de un problema muy profundo. Pero es cierto que ahora se ha visto que tras la revolución de las sonrisas había un nido de serpientes. Nos preocupa no sólo la presidencia de Torra sino cómo ha sido elegido; que Carles Puigdemont, una persona huida de la justicia y que tiene una visión distorsionada de la realidad, haya escogido a dedo a esta persona. Todos los mecanismos de la democracia representativa, todos los equilibrios de poder se olvidan en función de una persona que es el paradigma del populismo en Europa.

P.- ¿Qué ha fallado para que una parte muy importante de la población catalana acepte que todo vale para reivindicar a Puigdemont?

R.- Hay que tener claras dos cosas: nos enfrentamos a un problema de medio y largo plazo; y no es un problema político, es un problema sociológico. Que parte de la población asuma un marco mental cuyas premisas van en contra de las normas básicas de la democracia como la separación de poderes, la neutralidad institucional, el principio de representación o el respeto a la ley, es síntoma de la baja calidad democrática que tenemos. Pero esto no es algo espontáneo, es algo labrado desde el Programa 2000 de Jordi Pujol, es un programa de ingeniería social. En 2012 se acelera el programa independentista por tres factores: para tapar unos recortes sociales tremendos -y aquí no ha habido ninguna marea blanca-, porque había un problema de corrupción enorme, y porque era el momento de mayor debilidad del Estado, a las puertas de un rescate. Si vemos que es un proyecto de 30 años, sería estúpido pensar que podemos arreglarlo en seis meses. Nosotros nos planteamos nuestros objetivos a 8 o 10 años.

P.- ¿Confía en la promesa de diálogo entre Mariano Rajoy y Quim Torra?

R.- Si hay diálogo dentro de la ley, bienvenido sea. Si Torra asume que debe representar a todos los catalanes y no sólo a los independentistas, bienvenido sea. Si Torra cree que dialogar es imponer un criterio por encima del Estado de derecho e ignorar a la mayoría de los catalanes, nos tendrá enfrente y reaccionaremos con movilizaciones, porque no toleraremos que vuelvan a utilizarnos como rehenes o que nos ignoren.

Si hay diálogo dentro de la ley, bienvenido sea. Si Torra cree que dialogar es imponer un criterio por encima del Estado de derecho, nos encontrará en frente»

P.- ¿Cómo se establecen esas buenas intenciones? ¿Rajoy debe abrir las puertas de La Moncloa para ver qué plantea?

R.- Somos acérrimos defensores de la democracia representativa y eso pasa por no meternos en lo que dicen los partidos ni los gobiernos. El señor Rajoy decidirá el formato, el lugar y el día. A mí no me ha votado nadie, soy el representante de una asociación privada. Nosotros sólo hablamos cuando creemos que se están conculcando los principios democráticos.

P.- ¿Tiene la impresión de que el Gobierno quiere «salir corriendo de Cataluña» como se afirma desde Cs?

R.- El tres de octubre el Rey exigió el retorno al orden constitucional y la normalización democrática. Ese debe ser el objetivo de cualquier gobierno, cualquier partido u organización tiene que tener claro que es necesario normalizar la vida pública y privada en Cataluña, y creo que todos los partidos constitucionalistas estarán de acuerdo en eso.

El problema del independentismo en Cataluña no es un problema de partidos, ni siquiera de Gobierno, es un problema de Democracia. Con este escenario hace falta altura de miras»

P.- El problema es donde pones el listón de la normalización.

R.- Correcto, pero como estamos en Democracia debe haber un consenso entre los partidos. Nosotros exigimos que haya consenso y sobre todo altura de miras, porque el problema del independentismo en Cataluña no es un problema de partidos, ni siquiera de Gobierno, es un problema de Democracia. Con este escenario hace falta altura de miras en todos los partidos para que conduzcan a esa normalización institucional, política y social.

P.- En los últimos meses se ha producido reacciones en escuelas, colegios profesionales, SCC tiene más eco. ¿Se está rompiendo la espiral del silencio en Cataluña?

R.- Sin duda alguna. Uno de los síntomas lo noté en la manifestación del 8 de octubre, varias personas me reconocieron que era la primera vez que iban a una manifestación, «simplemente para hablar de libertad». Hemos roto la espiral de silencio, muy a pesar de los próceres independentistas.

P.- Acaba de concluir un periplo por varias capitales europeas para explicar lo que es SCC y lo que ha sucedido en Cataluña para contrarrestar el discurso independentista.

R.- La gira ha ido muy bien, sobre todo para saber dónde estamos. Hemos visto que es cierto, en Alemania parte del electorado del SPD ha comprado el relato victimista y falaz del independentismo, en Bélgica ocurre lo mismo y en Gran Bretaña también. Cuando nosotros explicamos que defendemos que cualquiera defienda lo que quiera pero dentro del Estado de Derecho, o que con un 47% de los votos no puedes cambiar la ley electoral y están queriendo romper el país, eso se entiende perfectamente. La diferencia entre el relato independentista y el nuestro es que el otro es un pensamiento mágico y el nuestro es muy realista. No tiene el impacto emocional que tiene el suyo, pero al final es la verdad.

Vamos a propulsar una asociación de ámbito europeo para combatir todos los populismos y nacionalismos de Europa»

P.- El relato independentista ha tenido todo el impulso de una administración, con todos sus recursos económicos y aparato propagandístico, y el constitucionalista lo defiende SCC. Parece que hayan ido a suplir al Gobierno.

R.- No creo que suplamos, y me siento más cómodo haciendo lo que hacemos nosotros. El nuestro sí es un movimiento creado desde abajo, no dependemos de nadie y nos presentamos como lo que somos. Pero no sólo queríamos rebatir ese discurso independentista, vamos a poner en marcha Sociedad Civil Europea. Creemos que el problema catalán es un síntoma de un problema que recorre Europa. El esquema del Brexit, la posverdad, los argumentos económicos falaces, es  el mismo esquema que Cataluña; si coges Le Pen pasa lo mismo, la Liga Norte o Amanecer Dorado. El denominador común de ese populismo es que siempre tienen el objetivo de acabar con la UE. Y como españoles, sin un horizonte europeo no tenemos futuro en un mundo globalizado. Por eso vamos a propulsar una asociación de ámbito europeo para combatir todos los populismos y nacionalismos de Europa, con la forma que tengan en cada país.

P.- ¿Tienen socios en otros países para sacar adelante ese proyecto?

R.- Sí, tenemos varias organizaciones contactadas para trabajar juntos. Es la primera vez que se va a intentar articular una respuesta de la sociedad civil de forma Paneuropea.

P.- De todos modos, si su discurso es recibido con sorpresa en Europa significa que la diplomacia española no ha hecho su trabajo.

R.- La diplomacia se ocupa del contacto con las cancillerías, no de la comunicación. Los diplomáticos han hecho una gran labor porque ninguna cancillería ha apoyado la declaración de independencia. Eso es un éxito. Pero no veo las estructuras diplomáticas como herramientas óptimas para temas de comunicación.

P.- ¿Prevé escenario de elecciones en 2019?

R.- Es muy probable.

P.- Eso complica más la solución en Cataluña.

R.- En el corto plazo sí, porque no permite rebajar la tensión. Torra llamó a la movilización de los catalanes para defender la república. Es un síntoma de que quieren seguir tensionando las calles y llevándonos a escenarios muy poco favorables a la convivencia. Hemos pedido una reunión con Torra, para establecer marcos de convivencia y concordia. Por eso no queremos convocar manifestaciones a no ser que sea estrictamente necesario. Le vamos a exigir que nos represente a todos, y si no lo hace entonces sí nos veremos obligados a la movilización.

P.- La elección de Elisenda Paluzie al frente de la ANC no facilitará rebajar la tensión.

R.- El primer síntoma de eso es que Torra sea presidente de la Generalitat. Si hace un ranking de extremistas Paluzie y Torra estarían empatados. Los partidos tradicionales independentistas están absolutamente fagocitados por un personaje como Puigdemont, que es el paradigma del populismo europeo. No tiene otro objetivo que verse a sí mismo proyectado ante la Historia, y eso es peligrosísimo. Es una estructura vertical que ha fagocitado las estructuras tradicionales para ponerlas al servicio del populismo más puro y duro.

P.- ¿El Gobierno debe mantener la intervención de las cuentas de la Generalitat?

R.- La obligación de cualquier gobierno es garantizar los derechos y libertades de los catalanes, y eso pasa entre otras cosas por que el dinero público sólo se pueda gastar en políticas públicas. Ni un céntimo de dinero público puede ir a un interés privado.

P.- ¿Qué hay que hacer con los lazos amarillos en los edificios públicos?

R.- En entidades privadas y personas, cada cual puede ponerse lo que le dé la gana. En espacios públicos debería mantenerse el principio de neutralidad. Un funcionario es un servidor público, no un propagandista. No puede ser.