Las primarias del Partido Popular ya se han cobrado sus dos primeras víctimas antes de las votaciones que decidirán quién liderará el partido: la cifra de afiliación al partido y la atención mediática.

Descubrir que la inverosímil cifra de 800.000 militantes que ha resultado ser ficticia ha sido un jarro de agua fría agravada por las evidencias de la baja participación que tendrá la votación del día 5 de julio, cuando las bases elegirán a los dos candidatos que optarán a sustituir a Mariano Rajoy. Sin embargo, los líderes populares más optimistas creen que esta criba podría incluso venirle bien a la renovación del partido para tener dimensionada su organización. El primer paso para mejorar su base de militantes es saber quiénes son. No es lo que opina el sector crítico del partido, que teme que estas primarias acaben siendo un tiro en el pie.

La segunda víctima que se ha cobrado las primarias en la última semana es el protagonismo mediático perdido. ¿Sería buena idea lavar los trapos sucios del partido en público para buscar una renovación ideológica durante la campaña o beneficia al partido el perfil bajo de una campaña de fogueo que esconda sus divisiones internas?

Esperando órdenes

Las primarias del PP empezaron con fuerza abriendo telediarios pero poco apoco han ido cayendo a un segundo plano. “Es fácil que estas primarias no tengan mucha repercusión ni siquiera entre la militancia, pero eso no quiere decir que los candidatos no estén haciendo bien su trabajo”, afirma José Antonio Ruiz San Román, profesor de Sociología de la Universidad Complutense y experto en comunicación política. “En realidad esta campaña va dirigida a conseguir el poder, así que los mensajes solo tienen que llegar a los que deciden”.

Sin embargo, en el Partido Popular temen que muchos afiliados hayan perdido el interés en las primarias a lo largo de la última semana al entender que el complejo sistema de votación que, encima, pillará a muchos de vacaciones. Para la elección del nuevo presidente del PP, al fin y al cabo, la decisión final solo dependerá de lo que el día 21 de julio voten los compromisarios.

El poder está concentrado en pocas manos: “Son muchas las sedes en las que los afiliados aún no nos hemos posicionado públicamente todavía hasta ver qué hace el presidente regional”, afirma una afiliada que prefiere mantener el anonimato. Hasta que se aclare hacia dónde se inclina la balanza, algunos líderes regionales, con Alberto Núéz Feijoo a la cabeza, siguen jugando a varias bandas y se hacen la foto con cualquiera de los candidatos que viajen hasta su sede. Tratan de evitar posicionarse hasta el último momento, porque aglutinar todos los apoyos al final es la manera de reducir el número de perdedores en un sistema de votación en el que el ganador se lo lleva todo.

 

Cada vez que María Dolores de Cospedal, Soraya Sáenz de Santamaría  o Pablo Casado visitan una provincia, la forma más sutil de saber quién cuenta con el apoyo oficial es medir la movilización local. La clave interna es calcular cuánta gente acude a cada acto. Esta varía en función al interés que tenga el presidente regional en movilizar a su gente. Las bases, de momento, esperan instrucciones porque los bandos no están claros ni ideológica ni regionalmente.

“El Partido Popular es un partido que tradicionalmente no ha expuesto sus dinámicas internas, ahora las está batallando en público y son muy imprevisibles las consecuencias”, afirma Pepe Fernández Albertos, investigador politólogo del CSIC. “El PP ha estado muy protegido de las demandas de apertura interna que han vivido otros partidos porque estaba en el poder durante los cambios de la última etapa, que es cuando todos los demás han tenido que enfrentarse a mayores demandas de transparencia. Es imprevisible lo que puede pasar”.

“Un proceso abierto de esta manera, sin consignas, puede traer fortalezas o debilidades al PP, depende de cómo acabe”, afirma Pere Oriol Costa, catedrático emérito de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UAB. “La moción de censura le ha hecho mucho daño y cuando un partido pierde el poder y pasa a la oposición debería iniciar una reflexión y autocrítica para buscar su camino. Pero no parece que en estas primarias vayan a hacer eso”.

Batalla mediática

Las primarias del PSOE, cuando Susana Díaz era la candidata del aparato del partido y Pedro Sánchez se convirtió en el favorito de la militancia, generaron más morbo mediático porque había dos bandos claros. “Sánchez colocó bien la idea de que su candidatura era la de la base contra el aparato. Aquí todo el mundo es aparato. La división no enfrenta ninguna idea, es el poder por el poder”, afirma Oriol.

En las primarias populares, la forma de movilizar a los afiliados tiene menos que ver con cómo vaya la campaña en los medios de comunicación y más con los apoyos que cada candidato logre entre bambalinas por parte del aparato del partido. Al no presentarse Feijóo, ya no hay hoja de ruta y la idea de apertura y renovación controlada del partido ha dado paso a lo desconocido. Y al no haber debates abiertos que enfrenten a los candidatos, la atención mediática se limita a poco más que la repercusión en los medios locales de cada provincia que visitan, las fotos en redes sociales y alguna entrevista a nivel nacional con pocos titulares. 

La bases activas en la campaña pueden tomarse mal la idea de renovación porque estaban defendiéndolos hasta anteayer

“El PP necesita una campaña aburrida”, asegura San Román. “La palabra renovación, de hecho, juega en contra las dos principales candidatas. El día después de su victoria podrán hablar de renovación. Pero hasta que lo consigan no deberían porque se les puede volver en contra. No pueden prometer un punto y aparte de ellas mismas. Además, una cosa es lo que necesitan para ganar base de votantes y otra para atraer a sus compromisarios: la bases activas en la campaña pueden tomarse mal la idea de renovación porque estaban defendiéndolos hasta anteayer”.

“El riesgo de caos es evidente”, añade San Román. “Cualquier proceso de elección interna crea problemas, porque es delicado buscar diferencias cuando el adversario es un compañero. No lo están haciendo mal, porque es una batalla con plazo. Viene de atrás. Visibilizar la batalla de Soraya y Cospedal tiene efectos limitados. A periodistas e investigadores nos parece que todo el mundo habla de esto, pero si está acotado en el tiempo es una cuestión de expertos. Y si se resuelve con normalidad en seguida la gente solo recuerda luego al ganador o ganadora. Obviamente  para la inmensa mayoría el líder del PSOE es Pedro Sánchez y el resto de cosas son complicadas. ¿Cómo se llamaban los que le disputaban el poder? La gente ya no se acuerda de Susana Díaz ni de Patxi López”.

Pedro Sánchez y Susana Díaz tenían más fácil ponerse a caldo porque no habían compartido Gobierno ni trabajado juntos. Echarse piedras al tejado de uno no hacía goteras en el del otro. También había una distancia regional. Pero las dos favoritas, tanto Cospedal como Santamaría, han formado parte del equipo de Rajoy durante muchos años.

La campaña mediática para las primarias del PP es menos determinante de que lo que fue para el PSOE. La primera votación del día 5 es una especie de referéndum no vinculante con una base de votantes pequeña de menos de 10.000 militantes al día con sus cuotas. La segunda vuelta, la de los compromisarios, es la que importa. Y son los que mandan los que se encargarán de tejer alianzas a lo largo del mes de julio.

“Quién tiene más que arriesgar para jugar esta batalla es Pablo Casado porque es el que menos tiene que perder, por eso es el que está siendo más agresivo“, analiza Carlos Barrera, profesor de Comunicación Política de la Universidad de Navarra. “Las otras dos candidatas favoritas, Sáenz de Santamaría y Cospedal, son más cautas porque ya han estado en el poder y tienen trayectoria consolidada”.

 

Tanto Cospedal como la  ex vicepresidenta tienen mucha experiencia en los medios y saben que su objetivo es no cometer errores que se viralicen, no arriesgar. “Las entrevistas serán deliberadamente aburridas, porque la decisión se va a decidir en los pasillos”, resume San Román.

Barrera cree que Casado es el que mejor podría representar una renovación dentro del partido por su juventud. “Es más difícil de vender para las otras dos porque vienen del Gobierno de Rajoy”, añade. “Sin embargo, este candidato arrastra más dificultades políticas para que llegue a estar en el duelo del día 21 de julio porque tiene menos dominio del aparato y además arrastra su propio caso Máster”.

Los candidatos

El tipo de comunicación por el que apostaría el partido se ajustará en el último momento en función a quién sea el ganador. Si sale Pablo Casado o Soraya Sáenz de Santamaría, la imagen será la de un PP nuevo. Si vence Cospedal, la secretaria general que salió a defender la “indemnización en diferido” del ex tesorero condenado Luis Bárcenas, el mensaje central ya no sería un PP nuevo, sino un PP fuerte.

Si la nueva presidenta fuera Soraya su punto fuerte comunicativo sería la experiencia de Gobierno, aunque entre sus ventajas los expertos en comunicación también destacan que la ex vicepresidenta de está muy desideologizada y apenas se ha posicionado públicamente en aspectos espinosos como la eutanasia o el aborto. Su indefinición es una ventaja porque puede aspirar a aumentar la base del partido.

“Pese al riesgo de caos y la desmovilización evidente, las primarias pueden ser positivas para el PP en el corto plazo”, opina San Román. “Un enfrentamiento como el de Santamaría y Cospedal sería más letal si el proceso fuera más prolongado en el tiempo porque abriría más espacios de ataque público al contrario. Pero a corto es positivo, porque da la sensación de que se abren las ventanas y por lo menos durante unas semanas la marca del partido en los medios deja de estar asociada a la Gürtel”.

La batalla en los medios de comunicación está siendo menos importante en esta campaña que el puerta a puerta en las sedes, que es donde se maneja el poder. “Aun así es importante aparecer en el telediario porque indirectamente afecta a quienes van a votar”, asegura Barrera. “En los medios el afiliado percibe las fortalezas y debilidades de unos y otros. Los candidatos tienen que manejar los dos registros, el puerta a puerta de las sedes locales y las apariciones en medios para ganar fuerza a nivel nacional”.

“Una comunicación tan reactiva durante tanto tiempo ha sido perjudicial para el partido”, afirma Barrera. “Puede que el nuevo o la nueva presidenta sean más activos comunicativamente, más adaptados a los nuevos tiempos de lo que estaba Rajoy”.

La gran paradoja en la que el PP se juega su futuro

“El PP está controlando bastante la exposición de divisiones internas, no quiere convertir las primarias en una gran pelea programática”, dice Fernández Albertos. “La incógnita es si esto le beneficia o no”. Si escenificaba la división corre el riesgo de romperse, pero cuanto mas se contenga durante las primarias ese debate de ideas, más frenará la renovación.

“Pero PP no está haciendo ninguna autocrítica, aunque le iría bien para sacar a la luz nuevas ideas, se están centrando durante todas las primarias en el patriotismo de partido: lo bueno y lo importante que es el PP. Busca más recuperar su orgullo que renovarse”, asegura Oriol. “Y teniendo en cuenta que está perdiendo votantes y afiliados es una estrategia arriesgada”.

Todo apunta a que el PP va a dejar pasar la oportunidad de convertir las primeras primarias de su historia en la catarsis para regenerarse tras el hundimiento que ha supuesto perder el poder en la moción de censura. “No están aprovechando para abrir un debate y generar una nueva imagen del partido más abierta que le ayudaría a competir con Ciudadanos, porque no quieren arriesgarse a una ruptura”, opina Fernández Albertos. “Están minimizando riesgos para controlar el daño”.

Va quedando claro que el objetivo real de las primarias no es renovar el partido, sino llegar al poder

Su prioridad es limitar la división derivada de la competición interna para dar imagen de coherencia. “La paradoja es que cuanto mas contenga el conflicto interno, que siempre ha sido obsesión del PP, menos fuerza ganará para enfrentarse a su principal competidor que tiene una imagen dinámica”, añade el politólgo del CSIC.

¿Cautivará el nuevo candidato o candidata a los votantes del PP que se estaban yendo a Cs? ¿Minimizar el enfrentamiento puede ayudarle a mantener la unidad una vez que elijan su líder? ¿O cierra en falso la renovación en campo abierto?

A medida que avanza la campaña va quedando claro que el objetivo real de las primarias no era renovar el partido, sino llegar al poder. Y como el rumbo lo decidirá el nuevo líder, están quedándole al Partido Popular unas primarias de lo más secundarias.