La imagen de la semana es la de estos 12 niños de entre 11 y 16 años, que habían acompañado al entrenador de su equipo de fútbol a visitar las espectaculares cuevas de Tham Luang, al norte de Tailandia, cerca de las fronteras del país con Mianmar y Laos. Allí les sorprendieron las lluvias torrenciales que en cuestión de horas inundaron la cavidad y les dejaron aislados sobre una isleta, a más de cuatro kilómetros de la boca de la gruta. El gobierno tailandés les buscaba desde hacía diez días, con la nación en vilo y la esperanza de que continuaran vivos cada vez más lánguida. La flauta sonó este lunes: dos submarinistas británicos de entre los cientos que participan en las labores de búsqueda se encontraron a los 13 desaparecidos asustados, alimentándose a base de agua de lluvia, pero todavía con vida.

El anuncio provocó el júbilo en el país, tanto como en las profundidades de la cueva, donde los niños recibían a sus rescatadores con un «thank you» atropellado. «Es lunes. Habéis estado aquí diez días, sois muy fuertes», fueron las palabras de los submarinistas, que anticiparon la llegada de más personas para tranquilizar al grupo y anunciarles el rescate. «Esperamos que sea mañana», lanzaron también, aunque el deseo está muy lejos de cumplirse.

Drenaje imposible

La operación es de enorme dificultad porque la temporada de lluvias se alargará, por lo menos, hasta octubre. Lo cual presenta dos riesgos. Por un lado, el drenaje de los túneles será inefectivo si no deja de caer agua, y el equipo de rescate no puede hacer nada por evitarlo. Por otro, nuevas precipitaciones torrenciales podrían provocar que el nivel del agua subterránea volviera a subir e hiciera desaparecer la isleta en la que el grupo está actualmente refugiado. Sería el escenario más dramático.

Expertos británicos y norteamericanos que coordinan la operación sobre el terreno, junto a la Marina tailandesa, hablan abiertamente de que el grupo podría permanecer aislado dentro de la cueva durante por lo menos tres meses. Hasta ese momento, equipos profesionales de buceadores contactarán habitualmente con ellos para entregarles víveres y elementos necesarios para sobrevivir dentro de la cueva: geles, mantas, sacos…

Pese a que se les han enviado alimentos altos en proteínas, se trabaja a contrarreloj para encontrar soluciones que acorten la agonía del grupo, atrapado sobre una roca

Sin embargo, el grupo de 13 personas vive actualmente apelotonado sobre un pequeño trozo de roca, completamente a oscuras. No hay acondicionamiento que pueda hacer soportable tres meses en esas condiciones, o que pueda paliar los efectos psicológicos que pueda dejar en ellos. Se trabaja a contrarreloj para buscar soluciones que acorten la agonía, pero ninguna es especialmente factible.

La complicación técnica del buceo

Ante la complicación que presenta el drenaje, la siguiente opción barajada es la de excavar una nueva entrada a la cueva, en forma de pozo, que permita el acceso directo a la cavidad en la que se encuentran los supervivientes. Se han desplazado ya a la zona retroexcavadoras y material técnico, pero la complicación de esa operación es enorme. En primer lugar porque la isleta en la que se encuentran ocupa un espacio muy reducido, y no es sencillo operar con la precisión milimétrica que requeriría la excavación, en condiciones muy difíciles. Además, esta podría generar inestabilidad estructural en la cavidad y comprometer la seguridad del grupo.

Soldados del ejército de Tailandia trabajan en el drenaje de los túneles de la cueva de Tham Luang.

Soldados del ejército de Tailandia trabajan en el drenaje de los túneles de la cueva de Tham Luang. EFE

Por ello, la opción que gana más fuerza actualmente es la de enseñar al grupo a bucear pese a todas sus complicaciones, que son muchas y considerables. El agua que inunda la cueva no es clara, sino que está embarrada, en partes de ella no se ve absolutamente nada y la estrechez del orificio obliga al paso en fila india y sin ayuda en varios puntos. Además, antes de enseñar a los chicos a bucear habría que enseñarlos a nadar, lo cual no es común en la Tailandia rural, y se debería acondicionar la cueva con guías y focos.

Es la opción más arriesgada, pero sería también la más rápida, pese a que buceadores profesionales y especialmente entrenados tardan unas tres horas en completar el recorrido desde la entrada a la gruta hasta el lugar en el que el grupo permanece aislado. Los primeros planes contemplan que, una vez los chicos tengan las nociones de buceo suficientes, dos rescatadores acompañen en la travesía a cada superviviente, lo que podría alargar la operación varias horas más.