La decisión del Tribunal Superior de Schleswig-Holstein, que ayer falló a favor de entregar a Carles Puigdemont sólo por el delito de malversación, ha devuelto al ex presidente catalán al centro de la política catalana. Puigdemont vuelve a aparecer como el gran estratega que, con su huida a Bélgica, ha permitido poner a la Justicia española en contradicción con sus homólogas europeas.

Así lo explica el propio Puigdemont en el vídeo distribuido por su partido, en el que asegura que la justicia alemana ha considerado el delito de rebelión «inadmisible» y «exige» la liberación de los compañeros encarcelados «que no deberían haber entrado nunca en prisión». Si la justicia europea, añade, «como ha pasado en Bélgica, en Alemania y estoy convencido de que pasará en Escocia o Suiza» no ve el delito de rebelión «que exige el uso de la violencia y de armas, por qué la justicia española» mantiene encarcelados a nuestros compañeros.

Aun así, Puigdemont anima a los catalanes a persistir «por la libertad», porque «es lo que votamos el 1-O, lo que aprobamos el 27 de octubre en el Parlament y lo que ratificamos el 21 de diciembre en unas elecciones muy difíciles». «No desfallezcamos» concluye Puigdemont, porque «aún nos queda un largo camino para llegar a la plena libertad, pero sin duda llegaremos».

 

Las palabras de uno de los abogados defensores de Puigdemont ayer, Gonzalo Boye, tras conocerse la decisión alemana, eran definitorias: «La decisión del tribunal de Schleswig es una demostración de lo acertado que fue trasladar el debate jurídico a Europa». Mantener la confrontación ha dado sus frutos, viene a decir Boye. Y JxCat ha tomado buena nota de ello.

Vuelve la confrontación

La primera señal, la voluntad expresada por el grupo parlamentario de no acatar la suspensión de los diputados procesados por rebelión dictada por el juez Pablo Llarena tras dar por concluida la instrucción de la causa del 1-O. «No hay causa jurídica para la suspensión» afirmó ayer la portavoz Gemma Geis, «máxime cuando Alemania dice que no hay rebelión armada».

«Lo más coherente es no suspender ni sustituir a los diputados» concluyó la diputada de JxCat, convencida de que el informe pedido por la Mesa a los letrados del Parlament «avalará nuestra postura», que no es otra que la de llevar al pleno la votación sobre la suspensión, a sabiendas de que la mayoría independentista garantizará el rechazo a la medida ordenada por el Supremo.

Una postura que no ha sido avalada por Esquerra, aunque Geis se mostraba convencida de que contarán con el apoyo de los republicanos en este nuevo órdago a la justicia española. Los republicanos comparten la percepción de que la decisión alemana pone en cuestión la instrucción del juez Llarena, pero no están dispuestos a incurrir en riesgos penales, que en caso de desobedecer recaerían en primera persona sobre el presidente del Parlament, Roger Torrent.

La sensación de triunfo, en todo caso, se extendió por los partidos independentistas catalanes, amplificada por el significativo silencio de los partidos de ámbito nacional. Mientras el portavoz de C’s en Cataluña, Carlos Carrizosa, desmentía a Juan Carlos Girauta asegurando que la decisión de la justicia alemana «es una buena noticia, porque Puigdemont dará la cara ante los tribunales españoles». Una convicción que probablemente se vea desmentida en los próximos días, si el juez Pablo Llarena opta por rechazar la extradición sólo por malversación, como adelanta El Independiente. 

Puigdemont, desdibujado

En las últimas semanas, el protagonismo de Puigdemont se había desdibujado por la formación de un nuevo gobierno en Cataluña y, sobre todo, por el protagonismo adquirido por Quim Torra gracias a la entrevista con el presidente del Gobierno en La Moncloa. La imagen de Torra y Pedro Sánchez intentando tender puentes entre Gobierno y Generalitat sustituía la confrontación de con los gobiernos de Puigdemont y Mariano Rajoy, mientras las encuestas publicadas por medios catalanes hablaban de una población catalana más proclive al deshielo que a mantener el enfrentamiento.

Por último, el traslado de los líderes independentistas presos a Cataluña ha vuelto a situar el foco sobre Oriol Junqueras, los ex consellers y los «Jordis», que suman ya ocho meses de prisión preventiva, mientras el papel del «exilio» se iba desdibujando, al tiempo que algunas voces dentro del independentismo contrastaban la situación de los presos con los huidos.

Una confrontación que estalló cuando Oriol Junqueras advertía por carta a los militantes de ERC que «ningún partido ha dado tanto por llegar hasta aquí, la libertad. Y ninguno ha pagado un precio tan alto». Si Junqueras exigía entonces un reconocimiento a su sacrificio, Puigdemont puede decir ahora que su huida a Bélgica ha infligido la peor derrota al trabajo del Tribunal Supremo para juzgarlos por rebelión.