Cada semana José Gregorio y Elvira Pernalete se acercan al Cementerio del Este de Caracas a rezar, poner flores y recordar a su hijo Juan Pablo, asesinado en una manifestación contra el régimen de Nicolás Maduro el 26 de abril de 2017. El impacto de una bomba lacrimógena arrojada por la Guardia Nacional acabó con su vida. Tenía 20 años.

Cada semana José Gregorio y Elvira se presentan ante el Ministerio Público, Fiscalía 62 y49, a presentar recursos y solicitar que se investigue la muerte de su hijo. Demandan que se identifique al responsable del crimen y quién lo ordenó.

Cada semana obtienen la callada por respuesta. O incluso algún funcionario les replica que no es adivino. Les sellan sus recursos y vuelven a su casa en el barrio de El Marqués, en el noreste de la capital venezolana.

Sabemos que con este gobierno es una misión imposible, pero seguimos ejerciendo nuestro derecho a buscar justicia”, dice el padre de Juan Pablo

“Sabemos que en Venezuela, con este gobierno, es imposible, pero nosotros seguimos ejerciendo nuestro derecho a buscar Justicia. Agotaremos todas las vías legales”. Habla José Gregorio Pernalete, ingeniero agrónomo, desde su hogar en El Marqués, al noreste de Caracas.

Con las informaciones recabadas, los testimonios, sus demandas han armado el caso con el que han acudido a organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos (OEA). José Gregorio Pernalete presentó una denuncia formal contra el Estado venezolano ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra por violar los derechos de su hijo y los suyos, en la que remarcan la impunidad del actual gobierno.

También, junto a otras víctimas, presentarán los detalles sobre el crimen en la Corte Penal Internacional de La Haya. Pero en La Haya las causas precisan mucho tiempo para llegar a buen término.

“En el Ministerio Público dilatan, no atienden. Nos firman y dejamos constancia que hemos estado allí. No van a investigar, ni nos van a dar el nombre del autor y de los responsables. Caerían muchos”, afirma el padre de Juan Pablo.

Esta misión, titánica y kafkiana, en una Venezuela a la deriva, les impide pensar siquiera en salir del país. “Nuestro hijo nunca se quiso ir del país. Decía que quería luchar por su país. Irnos significa traicionar su sueño, su lucha, y la necesidad de que se haga justicia”, comenta José Gregorio.

Juan Pablo Pernalete junto a sus padres en una celebración familiar.

Juan Pablo Pernalete, rodeado de su familia. FAMILIA PERNALETE

“Hay días más duros que otros. Es una batalla diaria. Pero tenemos que darla. Necesitamos ver los sueños de Juan Pablo hechos realidad”, añade Elvira, que trabajaba en contaduría. Tuvo que dejar su puesto en el Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria por su delicado estado emocional y psicológico tras la muerte de su hijo.

Quiso quedarse en Venezuela

Nos cuentan que a su hijo le ofrecieron la oportunidad de irse a Estados Unidos, donde tienen familia. Pero prefirió quedarse. “Decía que este país con tanta riqueza no podía ser gobernado por un grupito…  Soñaba otra Venezuela, una Venezuela de oportunidades, quería reconstruirla”, señala el padre.

A José Gregorio y Elvira varias ONG les ofrecieron salir de Venezuela, si veían que corría peligro su vida. Les proponían salir a Costa Rica, Colombia, EEUU, Chile o España. Pero, incluso con la actual situación de crisis económica, siguen firmes en su convicción de que han de seguir en Venezuela para clamar justicia. “Nosotros perdimos todo. Y nuestro hijo está enterrado aquí”, afirman.

“No vamos a descansar hasta que quienes tuvieron que ver con el asesinato de Juan Pablo, desde el presidente hasta quien usó el arma, salgan a la luz y paguen por lo que hicieron”, remarcan los dos con una convicción anclada en la devoción por su hijo.

Juan Pablo Pernalete, con su madre Elvira.

Juan Pablo no militaba en ningún partido político. Estudiaba contaduría en la Universidad Metropolitana y estaba a punto de hacer pruebas como profesional de baloncesto. Su jugador favorito era LeBron James.

La NBA, al saber de su gran devoción por la liga profesional de EEUU, hizo llegar sus condolencias por escrito a sus padres. Había participado en España en la XX Edición del Torneo Internacional de Baloncesto Eurobasket, en 2009.

Muy religioso, amante de los animales, apuraba su tiempo libre al máximo. Entrenaba a colegiales en el dominio de los tiros libres. Tenía un programa de humor y crítica en YouTube con un amigo. “No es asunto tuyo”, se titulaban sus sketches.

En el libro 26 crímenes y una crónica. Quién mató a la resistencia en Venezuela, Carleth Morales Senges cuenta cómo a Juan Pablo le impresionó mucho el testimonio de un chico herido al que asistió tras una protesta. “Chamo, yo en mi casa no tengo qué comer. Pasamos hambre”. Juan Pablo le decía a su madre: “Si él salió, yo también tengo que hacerlo”.

Me decía: ‘Mamá, protestar no es un delito… Si no alzamos la voz, nadie nos va a escuchar'”, recuerda Elvira

A Elvira solía decirle: “Mamá, protestar no es un delito. Protestar significa que las cosas no están bien, que las cosas pueden cambiar y si nosotros no alzamos la voz, nadie nos va a escuchar”. Luego mancharon su memoria y le acusaron de criminal, terrorista y delincuente. “Exigimos reparación moral por estas calumnias”, señalan. Esa causa la lleva la Fiscalía 49.

También han presentado antejuicios de méritos ante el Tribunal Supremo de Justicia como víctimas por difamarle y por decir que le mataron con una pistola de perno. Tampoco hay respuestas.

“¿Cómo íbamos a impedirle protestar?”, se pregunta ahora José Gregorio. Elvira cuenta cómo Juan Pablo había ganado una beca deportiva en la Universidad Metropolitana. “Tenía un futuro y ganas de vivir aquí”.

Abril, el mes más cruel

Aquel 26 de abril de 2017, como todo ese mes de abril, el mes más cruel decía TS Elliot, había convocadas manifestaciones de la oposición. La protesta estaba motivada por las sentencias 155 y 156 del Tribunal Supremo de Justicia que bloqueaban a la Asamblea Nacional y daban capacidad legislativa al presidente Maduro.

En las calles invocaban al defensor del pueblo, Tarek William Saab, para que actuara. Juan Pablo acudió a la protesta con varios amigos. Como tantos jóvenes venezolanos.

Era miércoles. Pasaban las 14.30 de la tarde cuando cayó Juan Pablo con un impacto mortal en el pecho. Sus amigos se lo llevaron en volandas al centro de emergencias de Salud Chacao. Murió al poco de llegar. La hora de la muerte, 15.36. La causa, traumatismo torácico, según dijo el alcalde de Chacao, Ramón Muchacho, ese mismo día. Así lo relata Carleth Morales Senges en 26 crímenes y una crónica.

Era la trigésimo tercera víctima de las manifestaciones de 2017. El gobierno se apresuró a dar su versión y acusó, por boca del número dos del régimen, Diosdado Cabello, a “pistoleros al servicio de la burguesía en unas motos”. Negó que estuviera la Guardia Nacional en el lugar de los hechos.

Sin embargo, los testigos confirman que había guardias nacionales y que fueron ellos quienes arremetieron contra los manifestantes. El 24 de mayo de 2017 la fiscal Luisa Ortega Díaz reconocía que a Juan Pablo Pernalete le asesinó un guardia nacional. Sufrió el impacto de una bomba lacrimógena. A menos de 15 metros dispararon y apuntaron a su corazón.

El defensor del pueblo, a quien hasta su hijo pidió tras la muerte de Juan Pablo que hiciera justicia, acusó a la fiscal de manipular las pruebas. La fiscal Ortega fue destituida en agosto de 2017 y salió de Venezuela por temor a ser arrestada y torturada.

Asesinaron a varios en la cabeza y en el pecho. Lo que tenían que hacer era protegerlos”, dice la madre

“Asesinaron a varios muchachos en la cabeza y en el pecho. Lo que tenían que hacer era protegerlos. A Juan Pablo le dieron en el corazón. Y ahora nos niegan justicia”, explica Elvira.

El dinero que habían ahorrado para los estudios de Juan Pablo lo están dedicando a esta lucha por la Justicia. Antes de que muriera Juan Pablo, su hermana adoptiva requirió cuidados por un cáncer. Se salvó y lamenta no haberse ido ella antes que Juan Pablo.

“Nuestra lucha es la lucha de una familia que busca justicia. Esos muchachos se rebelaron contra un sistema. No habían vivido en otro régimen. Se rebelaron contra la opresión. Querían libertad y por eso les asesinaron”, concluye José Gregorio. “Quien nos movía, y nos sigue moviendo era Juan Pablo”.