La Guardia Urbana de Barcelona ha tomado el atajo habitual en el recuento de manifestaciones masivas. «Alrededor de un millón» ha sido la cifra vaga que la policía municipal ha ofrecido a través de su Twitter tras la manifestación de la Diada. Exactamente la misma cifra que en 2017, cuando también acudieron al recurrente «millón» para contar a los congregados en la movilización del 11-S. Es casi la mitad que los 1,8 millones que concedieron en 2014, cuando el independentismo organizó la gran ‘V’ entre Gran Vía y la Diagonal. Las tres cifras son, a todas luces, exageradas. Y las comparaciones no resisten por ningún lado.

La manifestación de 2018, dividida en 37 tramos a lo largo de casi seis kilómetros en la Diagonal, ocupaba un área total de 355.000 metros cuadrados. La de 2017, organizada como una cruz entre el Paseo de Gracia y la Calle Aragón, se extendía unos 127.000 metros cuadrados. Es imposible, por tanto, que en casi el triple de espacio se hayan concentrado exactamente las mismas personas. Las matemáticas de la Guardia Urbana son misteriosas.

La Guardia Urbana estimó la misma participación en 2017 que en 2018, pese a que el área de una manifestación triplica al de la otra

La policía municipal ha recurrido al truco más sencillo. El espacio reservado para la Diada de 2018 era aproximadamente el 60% del reservado para la gran ‘V’ de 2014, con la que compartía buena parte del recorrido. Y la solución parece fácil: los asistentes han debido ser entonces el 60% de los que hace cuatro años. «Alrededor de un millón». Por el camino se han olvidado de que la comparación resulta ridícula si se toman en consideración el resto de años. Y de que desafía cualquier lógica conocida en el comportamiento de masas de personas en espacios abiertos.

Apelotonados

Tomando el área total de la manifestación de este martes, para cumplir con el cálculo de la Guardia Urbana se tendrían que haber concentrado en la Diagonal más de 2,8 personas por metro cuadrado, sin excepciones. Es decir: sobre los bancos, sobre las señales, sobre las rotondas, sobre las bocas de metro, sobre las marquesinas de autobús, sobre los árboles, agolpados contra las paredes de los edificios…

Esa cifra de densidad, por suerte para la integridad física de los asistentes, no se ha producido. No sólo porque en las imágenes aéreas se comprueba que la gente, como es lógico, no está apelotonada y se puede mover con normalidad. También porque muchos tramos del final de la manifestación estaban vacíos en los laterales, había espacio reservado para performances, escenarios, castellets, puestos de emergencias, etcétera, etcétera. Como referencia, la normativa de aforos permite un máximo legal de dos personas por metro cuadrado en recintos cerrados de ocio.

La empresa Lynce, que durante años se dedicó a contar uno por uno con imágenes aéreas detalladas los asistentes a manifestaciones, nunca registró una densidad mayor que una persona por metro cuadrado en las grandes manifestaciones en España. Concediendo que la de la Diada 2018 sí la haya superado, en cualquier caso, la cifra lógica de asistentes se acercaría mucho al que la propia ANC proporcionó estos últimos días, a partir de los inscritos en su propia web: unas 460.000 personas. Muchísimas, pero lejos del simbólico –y siempre falso– millón. Societat Civil Catalana, por su parte, ha estimado los asistentes en cerca de 200.000.