La tregua del Brexit apenas ha durado una noche. La primera ministra británica, Theresa May, concluyó la jornada del miércoles con un apoyo «colectivo» de su gobierno al principio de acuerdo sobre la salida de la Unión Europea, pero la ha empezado con la dimisión del ministro para Irlanda del Norte, Shailesh Vara, seguida por una bomba: la marcha del titular para el Brexit, Dominic Raab. Es el segundo ministro a cargo del Brexit que deja el Gobierno de May en apenas cuatro meses. También deja el Gobierno la ministra de Trabajo y Pensiones, Esther McVeigh.

Otros tres cargos menores, la número dos del Brexit, Suella Bravermann, y Anne Marie Trevelyan, asistente parlamentaria, también han renunciado en esta oleada de dimisiones. La sexta en dimitir es la asistente Ranil Jayawardena

En su comparecencia ante el Parlamento británico, tras conocerse esta batería de dimisiones, May ha recordado que cuando llegó al cargo no había un plan para poner en marcha el Brexit. También dijo a los parlamentarios que tendrán ocasión de votar sobre el acuerdo final, pero defendió el texto pactado como el mejor de los posibles. El líder laborista, Jeremy Corbyn, responsabiliza a May del actual «caos».

De su carta de renuncia destaca un párrafo especialmente duro. «Ninguna nación democrática ha suscrito nunca antes estar vinculada de una forma tan amplia a un régimen externo, y sin control democrático sobre sus leyes, ni posibilidad de salir unilateralmente de ese acuerdo. Este compromiso se toma como el punto de arranque de la negociación futura. Si lo aceptamos, nos perjudicará en la segunda fase de las negociaciones gravemente». Da a entender que se ha llegado a este principio de acuerdo con la UE sin contar con su opinión.

En declaraciones a la BBC, Raab asegura que el texto sobre la mesa es «un chantaje» de la Unión Europea. El y aex ministro del Brexit afirma que sería mejor para el Reino Unido «aceptar un daño a corto plazo antes que suscribir unas condiciones que dañarán al país durante muchos años». Hay quienes especulan con las ambiciones personales de Raab de suceder a May. También anticipa que votará en contra el principio de acuerdo en el Parlamento en diciembre.

La marcha de Dominic Raab es un duro golpe a Theresa May en un momento crucial. Tras cinco horas de intensas deliberaciones, May se presentó en la noche del miércoles ante los medios para anunciar que contaba con «el apoyo colectivo» de su Gobierno para seguir adelante con el principio de acuerdo sobre el Brexit. Sin embargo, reconoció que fue una reunión muy difícil y que hubo disensiones.

La salida de Raab es muy relevante, ya que era el máximo responsable de orquestar las negociaciones del Brexit. Queda en evidencia que es May quien lleva la batuta y que el resultado final ni siquiera gusta al ministro a cargo de esta cartera. Raab discrepa con el régimen acordado para Irlanda del Norte, la cuestión más compleja del principio de acuerdo. También se va su número dos, Suella Braverman.

Lo grave es que a principios de julio ya tomó esta misma decisión David Davis. En esa ocasión, a Davis le siguió el ministro de Exteriores, Boris Johnson, uno de los críticos más feroces con el Brexit blando que May intenta poner en marcha. Según Johnson, las condiciones de este principio de acuerdo reducen al Reino Unido a la condición de «vasallo» de la Unión Europea.

Poco antes de conocerse la decisión de Raab, el ministro de Irlanda del Norte, Shailesh Vara, también saltaba del barco. El diputado conservador dijo que el acuerdo preliminar consensuado con Bruselas por la primera ministra, Theresa May, “deja al Reino Unido a medio camino, sin límite de tiempo para cuándo el país se convertirá finalmente en un Estado soberano”.

El titular de Irlanda del Norte no estuvo en la reunión del miércoles por la noche, pero su salida anticipa que será difícil que los unionistas, apoyo fundamental del gobierno en minoría de May, aprueben al texto acordado con la UE. Consideran que se establecen condiciones diferentes para Irlanda del Norte con respecto al resto del Reino Unido. La dirigente unionista Arlane Foster, que conversó el miércoles con May, defiende el voto en contra en el Parlamento británico.

Antes de las 10 en el Reino Unido también anunció que no podía suscribir el principio de acuerdo la titular de Trabajo y Pensiones, Esther McVeigh. En su carta de renunica dirigida a la primera ministra, McVeigh señala que el principio de acuerdo, que consta de 585 páginas,»ata las manos no solo de este gobierno, sino de futuros gobiernos en política comercial». Y todo ello, a su juicio, «sin nada a cambio». Y concluye: «Si decimos que es mejor que no haya acuerdo que un mal acuerdo, o cualquier acuerdo a que no haya acuerdo».  Si hubo una decena de voces discordantes en la reunión del Consejo de Ministros, la oleada puede continuar durante la mañana.

Gobierno dividido, Parlamento dividido

La caja de Pandora está abierta. El Gobierno está dividido, pese a que May se apresuró a mostrar imagen de unidad en su declaración del miércoles por la noche. Estas dos renuncias se suman a una decena más desde que empezaron las negociaciones. Incluso de europeistas como Jo Johnson, hermano de Boris Johnson, y titular de Transporte, que dejó el Gobierno la semana pasada.

En este ambiente de tensión y polarización, May presenta hoy jueves ante el Parlamento británico el principio de acuerdo sobre el Brexit. En el Parlamento la fragmentación es aún mayor que en el Gobierno. May ni siquiera cuenta con el apoyo de su partido, que para gobernar precisa de los diez diputados unionistas (DUP), contrarios a los términos en que se plantea la salida.

Los torys brexiters, encabezados por el rival de May, Jacob Rees-Mogg, se plantean presentar una moción de censura a la premier, para que tenga en cuenta, sobre todo, que en la votación de diciembre lleva las de perder. El país está tan dividido como el Parlamento y el Gobierno.

May no termina de apagar un fuego cuando tiene otro en plena expansión. La premier ha querido tirar hacia delante porque está convencida de que si no hay acuerdo, será aún peor para el Reino Unido. Pero la cuestión de seguir en la Unión Aduanera sin participar en las decisiones contradice ese afán por defender la soberanía nacional que llevó al Brexit.

El calendario apremia y, si logra contener la huida de sus ministros, la siguiente cita será en Bruselas en una cumbre que acaba de convocar el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, el 25 de noviembre. tal y como ha amanecido la jornada parece que todo está en el aire de nuevo.

Y la más importante, en caso de que queden supervivientes, será el 10 de diciembre en el Parlamento británico, donde esperan a May con las espadas en alto. Aún queda mucho para esa fecha y nadie sabe ni siquiera si May seguirá al frente de un barco que se hunde poco a poco. Aunque recordemos que es un «cadáver político andante» desde que ganó sin mayoría las elecciones del 8 de junio de 2017.