Fumata gris. El acuerdo de retirada del Reino Unido de la Unión Europea ha cobrado por fin forma. Los papeles del divorcio están listos. El texto se acordó en la noche del lunes y ya está en la mesa de Downing Street, según la exclusiva de la Radio Televisión Irlandesa (RTE). La primera ministra, Theresa May, instará a sus ministros a que den su visto bueno a este principio de acuerdo en la reunión de urgencia que se celebra el miércoles.

Durante la tarde y noche del martes, May ha recibido a algunos de los miembros de su gabinete, con especial atención a los más críticos. Les recibe uno por uno para evitar que los opuestos a su posición se amotinen. Aplica sabiamente la táctica del «divide y vencerás». Los medios británicos aseguran que May les ha puesto en la disyuntiva de dar su luz verde al acuerdo o dejar el Gobierno. May seguirá los encuentros durante la mañana del miércoles.

El documento es un texto legal de 400 páginas. Los ministros están revisando con la premier y con su jefe de gabinete, Gavin Barwell, los principales puntos antes del encuentro crucial del miércoles. Sin embargo, no podrán llevarse el texto a sus domicilios, según una fuente ha asegurado a The Guardian. Han de aprobarlo para que pueda seguir el proceso que llevará a que el Reino Unido salga de la Unión Europea.

«El gobierno se va a reunir a las 2pm de mañana miércoles para emitir su dictamen sobre principio de acuerdo al que han llegado los equipos negociadores, y decidir qué pasos han de darse a continuación. Han de leer la documentación antes de esta cita», ha confirmado un portavoz del número 10 de Downing Street.

También está previsto en Bruselas mañana un encuentro de representantes de los Veintisiete sobre el estado de las negociaciones sobre el Brexit. Todos contienen la respiración y cruzan los dedos para que esa fumata gris sea por fin blanca. Aunque saben que no será el final de la batalla sino una tregua.

Los negociadores aseguran que el acuerdo es «todo lo estable que puede ser». Habrá una cláusula de salvaguarda o backstop, como se denomina en la jerga comunitaria, vinculada a evitar una frontera dura con Irlanda.

Temporalmente el Reino Unido se mantendrá en la Unión Aduanera durante los dos años de transición desde marzo de 2019, con particularidades específicas para Irlanda del Norte. Incluso esa transición puede prolongarse unos meses más. Habría un mecanismo de la UE y el Reino Unido para determinar cuándo saldría el Reino Unido de esa frontera comercial común. Firma la exclusiva Tony Connelly, autor de Brexit and Ireland, uno de las investigaciones más completas sobre la cuestión irlandesa.

Los brexiters dentro del Gobierno, como Andrea Leadsom, Penny Mordaunt, Sajid Javid (Interior) o Jeremy Hunt (Exteriores), rechazan que esta salvaguarda pueda convertirse en algo permanente que atrape al Reino Unido para siempre en la unión aduanera. También observarán con lupa si la Corte Europea de Justicia tiene algún papel a la hora de resolver disputas que conciernan al cumplimiento del acuerdo.

«Ha llegado la hora de la verdad», dicen en el Partido Conservador. Incluso podría dejar el Gobierno el ministro del Brexit, Dominic Raab, que sustituyó en julio a David Davis, lo que sería un serio varapalo para May.

En el Parlamento los brexiters como Jacob Rees-Mogg, uno de los dirigentes conservadores que aspiran a suceder a May, serán los que harán todo lo posible por rechazar el acuerdo. «Confío en que lo echen atrás en el Consejo de Ministros. Si no, lo bloquearemos en el Parlamento», dijo.

Confío en que lo rechace el consejo de ministros y si no lo hace, lo bloquearemos en el Parlamento», dice el tory Rees-Mogg

Fuentes comunitarias citadas por The Guardian prefieren que no se considere el texto como un acuerdo final, porque es fundamental que al texto acordado por los técnicos le den el visto bueno los políticos. Es sustancial que los norirlandeses del DUP,  (Partido Democrático Unionista) que apoyan al Gobierno de May, consideren adecuadas las condiciones. No quieren bajo ningún concepto que Irlanda del Norte quede separada del resto del Reino Unido.

A su vez, el primer ministro irlandés, Leo Varadkar, ha insistido en que el acuerdo de retirada ha de contemplar una salvaguarda legal que no pueda ser cancelada de forma unilateral. Irlanda se opone a que haya una frontera entre las dos Irlandas.

El Acuerdo de Viernes Santo que terminó con los llamados Troubles, el conflicto entre los unionistas y los republicanos, está vinculado estrechamente a la crucial cuestión de la frontera entre las dos Irlandas. Las tropas británicas se retiraron de Irlanda del Norte e Irlanda renunciaba a cualquier reivindicación sobre el Ulster. Sin embargo, los norirlandeses se podrían unir a Irlanda si lo decidieran en votación, algo que aceptaron los británicos.

Varadkar sostiene: «Puede haber doble salvaguarda (backstop) o la salvaguarda de la salvaguarda o una salvaguarda híbrida. La cuestión es que ha de haber una garantía legal de que no habrá frontera entre Irlanda del Norte e Irlanda».

El líder de la oposición laborista, Jeremy Corbyn, reconoció que aún desconocía los detalles del texto, pero mostró en Twitter su desconfianza con el resultado por «la caótica evolución de las conversaciones». Corbyn escribe que «si el acuerdo no contempla el bienestar de la economía y la mejora del empleo, no contará con nuestro apuyo en el Parlamento».

Lo que el Brexit se llevó (hasta ahora)

La semana pasada dimitió el último ministro por sus discrepancias con la primera ministra, Theresa May, sobre el Brexit. Era el titular de Transporte, Jo Johnson, hermano del ex ministro de Exteriores, Boris Johnson. El menos conocido de los Johnson dejó el gobierno porque, a su juicio, las negociaciones «están finalizando en un terrible error». Aseguró que la salida será muy diferente a lo que los británicos votaron y se mostró favorable a un nuevo referéndum.

El ex jefe de la diplomacia británica también dejó a principios de julio el gabinete de May por el Brexit. Siempre suscribió que prefería una salida sin acuerdo que un mal acuerdo. A la vez se retiró el negociador jefe del Brexit, David Davies. Johnson ha declarado que espera que el Gobierno rechace «un acuerdo que contradice lo que se votó en el referéndum», al dejar al Reino Unido dentro de la Unión Aduanera sin que quede claro hasta cuándo.

El día B puede significar un paso relevante hacia el Brexit negociado, o bien forzar a May a echar a sus ministros rebeldes. Si son muchos, May tendría complicado controlar la rebelión. El Sunday Times señalaba el domingo que hasta cuatro ministros del actual gobierno que se planteaban dejarlo antes que firmar bajo las condiciones que defiende May.

En el caso de lograr luz verde, con o sin cambios en el Gobierno británico, podría celebrarse una cumbre sobre el Brexit el 25 de noviembre, previa preparación por los ministros de Exteriores el 19 de noviembre. Así hacia el 10 de diciembre los parlamentarios británicos se pronunciarían sobre las condiciones de salida de la UE.

Quienes piden un segundo referéndum lo van a intentar promover en las sesiones de debate que durarán dos días. Hoy por hoy parece muy complicado que el acuerdo cuente con la mayoría en el Parlamento. A May de momento no le saldrían las cuentas. También han de votar los Parlamentos de los 27. La fecha de salida es el 29 de marzo de 2019. Entonces empezará el periodo de transición, que duraría hasta el 31 de diciembre de 2020.

Queda un largo camino aún, con numerosos escollos, pero mañana miércoles 14 de noviembre es el día B en el 10 de Downing Street, o el May Day (llamada de socorro en inglés). O bien May supera la prueba y su equipo la respalda sin que corra la sangre, o asistiremos a una rebelión, o May despide a los díscolos y sigue adelante.