Si un partido pretende hacerse el harakiri político y quiere hacer un experimento sociológico con una importante repercusión electoral puede plantear el fin de la Semana Santa en las calles de Andalucía. Miles de ciudadanos de esta comunidad retirarían con seguridad su apoyo a una formación que incluyera tal propuesta. En enero de 2015, días después de su elección como secretaria general de Podemos en Sevilla, Begoña Gutiérrez provocó un auténtico terremoto en la capital hispalense tras unas declaraciones realizadas a El Mundo de Andalucía: “Si gobernamos y se plantea quitar la Semana Santa, los ciudadanos decidirán”. Cualquier dirigente de la formación morada, Teresa Rodríguez a la cabeza, se tentará la ropa antes de volver a hacer una insinuación semejante.

La Semana Santa andaluza no sólo puede verse desde el prisma de la religiosidad. Es también un acontecimiento social y cultural de extraordinaria importancia en la región, en cuya sociedad las cofradías siguen teniendo un gran peso. Eso explica la frecuente presencia de alcaldes socialistas en los cortejos procesionales, pese a que el partido que lidera Pedro Sánchez apuesta por la consolidación de la laicidad del Estado. Es también uno de los mayores focos anuales de atracción turística y, por tanto, económica.

No sólo la Semana Mayor. De manera más focalizada, idéntica suerte correría un partido en Andalucía que se declarara abiertamente en contra del Rocío –la salida de la patrona de Almonte congrega a un millón de personas en la aldea onubense cada año– o que pretendiera meter mano en la vida propia del carnaval, otra de las señas de identidad en algunos puntos de la comunidad como Cádiz, con sus irreverentes chirigotas como estandarte. Son sólo algunos ejemplos generales del particular clima que envuelve a la política en Andalucía.

Hay otros muchos temas sagrados, habituales en las campañas andaluzas. También en esta:

La unidad de España

«Dejemos de hablar de banderas y hablemos de las cosas del comer». Fue la frase de la que más orgullosa se sintió Teresa Rodríguez durante su participación en el último debate electoral, a tenor de cómo la publicitó en sus redes sociales. Y la pronunció después de que la discusión se inclinara, otra vez, a centrarse en Cataluña y la gestión de la crisis por parte de Mariano Rajoy y Pedro Sánchez.

Los partidos están jugando sus bazas en este sentido de manera indisimulada, especialmente PP y Ciudadanos. Cargan las tintas contra Susana Díaz, que apenas puede defenderse por ser rehén de la estrategia de rebaja de la tensión marcada por el presidente del Gobierno. Lo hacen porque hay un caladero de votos: sondeos realizados durante el último año han apuntado a Andalucía como una de las regiones más preocupadas por el desafío independentista. Sin ir más lejos, fue en Andalucía donde se produjeron las despedidas más numerosas a los agentes de Policía y Guardia Civil que partían a Cataluña el pasado otoño: Córdoba, Algeciras, Huelva, Sevilla, Cádiz…

«El campo»

El trabajo en el sector agrario representa alrededor de un 10% de la economía andaluza, aunque en el imaginario colectivo, fuera y dentro de Andalucía, sigue teniendo mucho más peso. Casi como un ente inabarcable: «el campo». Al «campo» se refirió el candidato popular, Juanma Moreno, durante el debate electoral, cuando dijo que al frente de la consejería de Agricultura pondría «a alguien que sepa del campo».

Al debate no entraron tanto sus contrincantes como el alcalde de Cádiz y pareja de Teresa Rodríguez, José María González Kichi, que le respondió por Twitter: «Espero que no esté pensando en uno de esos 4 amigotes que tiene propietarios del 80% del campo andaluz».

Los toros

Del campo a la plaza, los toros son otro factor cultural que emerge en la mente de todos. Con cierta razón: las provincias andaluzas suelen encabezar los rankings anuales de festejos taurinos, con Sevilla, Málaga y Granada habitualmente a la cabeza. Ni PSOE, ni PP ni Cs cuestionan la tradición a nivel nacional, por lo que sólo Podemos puede matizar su posición. ¿Lo hace? En cierta parte, sí.

El partido de Pablo Iglesias lleva meses hablando abiertamente de la opción de abolir la tauromaquia, a través de la fórmula de un referéndum nacional. Teresa Rodríguez no traslada esa postura de manera directa a su territorio: simplemente prevé una ley de protección animal que prohíba la asistencia de menores a las corridas y las subvenciones públicas a la industria.

Canal Sur

La pública andaluza no llega al nivel de importancia que TV3 alcanza en el debate político catalán, pero se le acerca. Críticas ácidas, defensas orgullosas. El PP, más activamente que Ciudadanos, denuncia que la televisión y las radios públicas se han convertido en un boletín socialista tras 40 años de poder. Chascarrillo recurrente, también, entre la ciudadanía, mientras el Gobierno la defiende como un ejemplo.

Lo cierto es que la audiencia ha abandonado a Canal Sur. Muy lejos queda el 20,2% de media anual con el que cerró 2005: a día de hoy la cadena ronda cada mes el 8%, por debajo de los buques insignia de la FORTA. Los partidos también han hablado en esta campaña de la vaca sagrada de la televisión autonómica. Y paradójicamente, PP y Podemos coinciden en el análisis. «Susana Díaz ha sido incapaz de adaptarla a los nuevos tiempos», dice habitualmente Juanma Moreno, mientras Adelante Andalucía habla de la necesidad de «modernizar» una televisión «que se aleje de los tópicos».