Economista por Deusto, vasco, de 46 años, culto y educado, homosexual felizmente casado en 2015, en matrimonio civil al que asistió toda la entonces cúpula del PP, con Rajoy a la cabeza, desde julio de este 2018 Javier Maroto es el número tres del partido que comanda Pablo Casado. Profesional con experiencia en el sector privado, en concreto en el mundo de las telecomunicaciones, pero también con amplia trayectoria en la vida pública: concejal y alcalde de Vitoria, parlamentario vasco, diputado en el Congreso y seguro ministrable si algún día Casado llega a La Moncloa.

Pregunta.- Lleva usted ya mucho tiempo en la actividad pública y ha ocupado cargos muy diversos. Hágame un pequeño balance de su vida política, señor Maroto. ¿Le ha merecido la pena?

Respuesta.- Yo juré no entrar nunca en política. Me gustaba mucho el sector privado, en el que estaba trabajando. Empecé en el de las telecomunicaciones cuando en España experimentaba un desarrollo importantísimo y las empresas empezaban a transformarse ahí. Juré no hacerlo, como digo, por varias razones. Mi padre había sufrido toda su vida en el País Vasco la presión del terrorismo con su padre, y no quería que la volviese a vivir con su hijo. Pero hubo un punto de inflexión, seguramente y con alguna cana más puedo decir también que de imprudencia, de temeridad mezclado con un poco de filantropía, que fue el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Muchos jóvenes dijimos: ‘Lo que queréis es echarnos y lo que vamos a hacer es quedarnos para luchar con las palabras’. Seguramente, si no hubiese existido ese contexto, hoy estaría en otro sitio, pero fue lo que hicimos.
Luego ocurrió una segunda circunstancia, en el PP de Álava. Me afilié al PP porque era el partido que defendía el valor de la libertad, sobre todo en el País Vasco. También por la idea de renovación. Ya en 1999, fíjese, yo hablaba de renovación y de regeneración. Había en ese momento dos personas muy conocidas, del establishment de la Transición con casi setenta años, y la otra opción era apostar por alguno de los jóvenes que acabábamos de llegar y que éramos una oportunidad desconocida. Entre esos jóvenes estaba Alfonso Alonso. Yo entré con él. Duplicamos el número de concejales y por primera vez en la historia del País Vasco, como hoy en la historia de Andalucía, el PP entró en un gobierno importante, que era la capital, Vitoria, y comenzó a gobernar. Esa idea de cambiar las cosas y de regenerar, porque también allí había un régimen, del PNV en este caso, es la segunda de las circunstancias por las que entré en política.

P.- Está usted dando por descontado que el PP, el señor Moreno Bonilla, va a gobernar y a ser presidente de la Junta de Andalucía, tras casi cuarenta años de reinado del PSOE en aquella comunidad.

R.- Solo hay una posibilidad de que no lo sea, y es que Ciudadanos falte a su palabra. Albert Rivera y Juan Marín dijeron: ‘Votaremos a favor del PP si este tiene un solo diputado más y sumamos la mayoría’. Está grabado, lo dijeron…

P.- … Sí, lo han dicho, lo han repetido, y además está grabado en una entrevista mía de la semana pasada…

Nadie tomaría en serio a Ciudadanos si no cumple su palabra de permitir que de la lista más votada de entre el bloque de cambio salga el presidente de Andalucía»

R.- Ciudadanos lo ha dicho, por lo que esto no puede ser verdad una hora antes de las elecciones y falso una hora después. Nadie tomaría en serio a Ciudadanos si no cumple su palabra de permitir que de la lista más votada de entre el bloque de cambio salga el presidente. Creo que, cualquier otra opción, dejaría muy trastocada la credibilidad de Ciudadanos.

P.- ¿Cómo valora el terremoto político? Porque, al fin y al cabo, todos, incluidos los votantes y dirigentes de Vox, se han quedado no sólo absolutamente sorprendidos, sino alucinados, con el resultado.

R.- La noticia más importante es que se pone fin a un régimen, que es democrático, pero es socialista, con todo lo que un régimen, insisto, democrático, pero con todo lo que lleva a cabo de control y de patrimonialización de esas instituciones y con una gestión muy ineficaz. Hay un hartazgo del pueblo andaluz que es muy inteligente y que ha dicho: ¡Hasta aquí hemos llegado! Y que se ha preguntado por qué son la última región de Europa en la que la alternancia no ha tenido lugar en cuarenta años. Ese es el terremoto que se ha producido, con movimientos entre siglas, sin duda, pero con una clara mayoría por primera vez en la historia de Andalucía que no depende de la izquierda antigua, sino que es regenerador.

P.- Sin embargo, si leemos un poquito más los números, nos damos cuenta de que, prácticamente, excepto Ciudadanos, los demás han perdido. El PP ha perdido votos, el que más; luego Adelante Andalucía y luego el PSOE. Los tres, en este orden, han perdido votantes. ¿Cómo valora esto? Porque está claro que el PP puede gobernar, pero también es verdad que los resultados, a nivel de votantes, no han sido los deseados. Y esto merece una reflexión, se gobierne o no.

R.- La reflexión tiene que ser doble. La primera tiene que ver con la humildad y la autocrítica que debe estar mucho más presente. La humildad y la autocrítica son buenas amigas de los políticos eficaces. Así que me parece que entender que el número de votos respecto a la convocatoria anterior es menor, es un hecho cierto y negarlo es negar la evidencia, aunque también, visto el vaso medio lleno, nosotros, que aquí trabajamos con las encuestas nacionales, sabíamos cuál era la posición de la marca Partido Popular antes del verano. Era una marca completamente tocada y muy afectada electoralmente. A mí, que soy pragmático, me gusta ver el vaso medio lleno. La evolución del PP desde que Pablo Casado es presidente nacional es una línea ascendente y eso también se ha notado en Andalucía. Es más; si no hubiésemos tenido ese cambio de trayectoria, hoy el PP no hubiese ganado las elecciones entre el bloque del cambio. Creo que eso es un hecho que, hasta nuestros compañeros del PP de Andalucía, que han hecho un trabajo ímprobo, reconocen. Por eso me gusta ver el vaso medio lleno, porque es la manera de mejorar. Mirar para atrás ayuda a saber lo que hay que mejorar, pero después hay que mirar hacia adelante.

P.- Los fans de la hemeroteca han exhibido declaraciones de miembros del PP de hace meses, y años, en las que se defendía que gobernara la lista más votada. Sobre todo, cuando les han quitado el gobierno, por ejemplo, a nivel municipal, otros partidos que habían quedado por detrás. ¿Por qué en este caso es distinto? Porque la contradicción, a muchos, no les gusta.

R.- Hay dos respuestas a esa pregunta. La primera son los antecedentes. El PP ya ha incumplido la regla de la lista más votada cuando está en cuestión un asunto que es de Estado: el PP decidió apoyar a la segunda fuerza más votada en Euskadi para eliminar, para expulsar del gobierno a la primera, que era el PNV. Lo hicimos por altura de miras y por evitar que hubiera un lehendakari que fuera en la misma dirección que hoy va Puigdemont, en el sentido de romper la convivencia y la legalidad. Y eso fue aplaudido por todo el mundo en España.

P.- ¿Este caso es entonces una razón de Estado?

R.- No. Ahora vamos a la segunda de las razones porque, por mucho régimen socialista que hubiera, no se puede comparar el caso andaluz con el vasco. Nosotros hemos dicho y hecho dos cosas: lo más higiénico y democrático es permitir a la lista más votada ser la que gobierna, -y esto no se puede cortar aquí-, siempre y cuando esa regla sea compartida por todos. Es decir, es tan importante la primera parte de la frase como la segunda; que el que gane gobierne es importante, siempre y cuando todos admitan esa regla. ¿Qué ha hecho el PP, advirtiendo esta situación? Llegó al Congreso de los Diputados hace unas semanas la propuesta del PP que defendía lo siguiente: ‘Respetamos la lista más votada si decimos que sí y a partir de ahora para Andalucía, para la Alcaldía de Madrid, para la Alcaldía de Cádiz o para el Gobierno de Valencia’. La respuesta del PSOE y de los demás fue que no. Por tanto, o las reglas son iguales para todos, o uno juega una batalla con una mano detrás de la espalda. Lo explicamos ya entonces y creo que no haber hecho eso no justificaría lo que va a pasar ahora. Todos los partidos rechazaron esa regla y por tanto la regla del juego que se impone, a pesar de que no es la que queremos, es la de que gobierna el que más apoyos consigue.

P.- ¿Y cómo vería una segunda vuelta, tal y como existe en otros países?

R.- Hay diferentes modelos. Ninguno es mejor que el otro. Simplemente son acuerdos que, con los mismos votos que hemos tenido en las últimas elecciones generales, si fuésemos al modelo de los EEUU tendríamos una supermayoría absoluta; si fuésemos al modelo italiano tendríamos un fraccionamiento mucho mayor, y si fuéramos al modelo griego estaríamos gobernando porque hay una prima de diputados adicionales para el que gana. Es decir, se trata de ponerse de acuerdo en las reglas del juego. No es qué opción es mejor o peor, pero eso sí, las reglas del juego hay que pactarlas entra los que juegan.

P.- Y a usted, ¿cuál le parece que es el modelo que más encajaría en el caso español?

R.- La que hemos propuesto, que tiene que ver con que el que gana tiene una prima de diputados adicionales que permite la estabilidad y la gobernabilidad, lo cual no impide la necesaria concordia entre diferentes partidos para alcanzar acuerdos en diferentes materias. El modelo que propone el PP además afecta en los Ayuntamientos a que los alcaldes que tengan un mínimo de un 30 por ciento puedan gobernar para que no acabe gobernando uno que tenga tres concejales, lo que hace la situación complicada.

El PP tendrá éxito cuando sea un partido que abarca desde el centro hasta la posición más conservadora»

P.- Hablemos de Vox. Muchos dicen que es el fenómeno de los desencantados, como pasó en la izquierda en 2015 con Podemos, que ahora se reproduce en la derecha.

R.- Dependerá de qué sea lo que haga Vox en la política y de que se consolide el modelo de partido que quiere Pablo Casado. Casado no quiere girar al PP ni a la izquierda ni a la derecha. Dice que aquí cabemos todos y yo lo comparto. El PP tendrá éxito cuando sea un partido que abarca desde el centro hasta la posición más conservadora.

P.- ¿Eso es posible, en estos momentos?

R.- Sí. Casado se ha atrevido a decir cosas que antes el PP no decía, o se ha atrevido a decir las cosas que el PP decía, pero de otra manera que se entiende más. Cosas que el PP no decía hasta ahora porque no se atrevía: ‘El modelo autonómico no funciona tal como está diseñado’… y hay dos opciones; o lo suprimimos por completo y ponemos todo patas arriba, como dice Vox, o eliminamos del modelo autonómico aquello que no funciona para hacerlo mejor. Por ejemplo, que la gestión de la competencia de Educación o de Sanidad sea una competencia nacional. Esto no lo ha dicho el PP nunca. O porque no lo ha visto necesario, o porque nunca se ha atrevido. Casado lo ha dicho y esto lo piensa una inmensa mayoría de españoles. En cuanto a Educación, las materias que se enseñan en las aulas, la selección de los profesores, el sistema de evaluación, la libertad de elección de los padres; que no sea posible, por ley, arrinconar el castellano en ningún sitio… Eso lo aplauden una mayoría de personas en nuestro país. Esto no lo decía nadie y ahora lo dice el PP. Es el único partido que habla de una gestión de las competencias transferidas sin romper el modelo por completo, que además permitiría a Podemos introducir el referéndum sobre República o Monarquía, por cierto. Esto es un ejemplo de cosas nuevas.
En cuanto a cosas que ya decía el PP pero que ahora se entienden mejor: el PP ha dicho, concretamente Rajoy en su ponencia social: ‘El tipo de inmigración que el PP desea para España solo debe reunir cuatro cosas: ser legal, ordenada, vinculada al mercado de trabajo y respetuosa con nuestra legalidad’. Pablo Casado lo ha traducido de otra manera que yo creo que se entiende mejor en la calle: ‘Aquellas personas extranjeras que vengan a España solo a vivir de las ayudas sociales, a poner en riesgo nuestra convivencia o incluso nuestra integridad física y no respeten nuestras leyes y nuestra cultura occidental, para el PP no caben en España. Sin embargo, aquellos que vengan de manera legal y ordenada y respetando nuestra convivencia, tienen un gran futuro entre nosotros’.

P.- ¿Qué diferencia hay entre esto y lo que ha dicho Vox en esta materia, o Salvini en la Ley de Seguridad que se acaba de aprobar en Italia y que, desde mi punto de vista, viola algún tipo de derecho humano, además de la presunción de inocencia hacia los refugiados?

R.- Nosotros partimos de una posición en la que consideramos que decir ‘Todos los inmigrantes son …’ es un grave error. Hay ejemplos magníficos de contribución y trabajo en este país de personas que no han nacido en España. Su ejemplo es evidente.

P.- ¡Yo soy un inmigrante más!

R.- Toda la comunidad italiana, toda la comunidad europea somos la misma familia. Yo no distingo a un ciudadano italiano de un español, salvo por el acento. Somos el ‘club’ europeo. Y fuera de las barreras de la UE, el de la comunidad hispanoamericana, en su gran mayoría, es también un ejemplo de lo que decimos.Si Vox repite lo que dice Le Pen, que segrega a las personas por el color de la piel, no compartimos el discurso en absoluto. Creemos que hay personas con un color de piel u otro que son ejemplo perfecto de integración en nuestro país. Pero si en las ayudas sociales se produce abuso, sea un español o sea un magrebí, entonces hay que ponerlos, a los dos, en su sitio. Eso es lo que dice el PP.

P.- Hay una frase suya que generó alguna controversia, en el sentido de que lo mejor que le podía pasar a los hispanoamericanos es que su hija se case con un español. Explíquemela para que no haya confusiones porque creo que ha sido malinterpretada.

R.- Elevo el mea culpa porque la expresión, tal como está escrita, se desajusta por completo a mi pensamiento. Yo lo que expreso es que, como me resisto a que a todas las personas inmigrantes se les meta en el mismo saco, con la misma etiqueta, pongo de relieve que hay muchísimas familias que consideran que el mayor ejemplo de integración que pueden conseguir es el de que, si su hija voluntariamente, porque así lo desea, ama a una persona española y se casa con ella… y que eso no se produce entre otros colectivos de inmigrantes, lo cual es una lástima y marca la diferencia.

P.- Es decir, que usted considera que muchos inmigrantes se mimetizan, como pasa en otros muchos países.

R.- Yo he conocido testimonios, siendo alcalde de Vitoria, cuando he ido a visitar la fábrica de Daimler Benz, en Alemania. Allí nos contaban que, en aquellos días, una mujer musulmana había sido asesinada por su hermano por estar saliendo con un empleado protestante alemán. Esto sería impensable en el colectivo hispano. La frase era un ejemplo que pretendía ser pedagógico y consiguió lo contrario, por lo que aprovecho para aclararlo.

P.- Una de las opciones que hay ahora mismo en Andalucía es que pueda gobernar el PP apoyado por Ciudadanos y Vox. Tendrá que admitir que, tanto a usted como a mí, como homosexuales, la voluntad de Vox de derogar el matrimonio homosexual y algunas frases homófobas que han pronunciado, le parecerán poco aceptables. También sobre otros aspectos, como su propuesta de derogar la Ley de Violencia de Género, etcétera…

R.- Vox dice cosas que solo apoya Le Pen, por cierto, la única persona relevante que les ha felicitado.

P.- No lo ha hecho ni Salvini, con el que por cierto se odian bastante.

R.- Ni Salvini. Yo me siento igual que muchos diputados del PP que han tenido el apoyo de Ciudadanos, cuando Ciudadanos habla de aprobar una Ley de Gestación Subrogada. Hay muchos diputados del PP que creen que esa opción no es ética y atenta contra la dignidad de la mujer y, sin embargo, ha recibido el apoyo de un partido como Ciudadanos que aboga, abiertamente, por la gestación subrogada. Esto significa que, para acordar, no tenemos que pensar todos igual.

Vox dice cosas que solo apoya Le Pen, por cierto, la única persona relevante que les ha felicitado»

P.- Pero mi pregunta era personal, señor Maroto. Yo entiendo que en un partido no todos tienen que pensar igual y puede haber católicos, ateos, por ejemplo… pero yo quería saber cómo le afectaba esto a usted.

R.- Ya, pero creo que el ejemplo es gráfico. Mi posición como vicesecretario nacional de Organización tiene que ser, en primer lugar, la de que se produzca el cambio y la alternancia en Andalucía. Esto no significa aceptar el programa de quien te apoya.

P.- … Al menos entero.

R.- Ni entero ni parcial. Esto significa alcanzar un acuerdo. Entonces, insisto, hay aspectos… Pongo otro ejemplo: Ciudadanos defiende eliminar las Diputaciones Provinciales. ¿Por qué? Porque desconoce por completo el mundo rural en España. Hemos pactado con ellos un acuerdo de gobierno y no hemos incluido eso. Porque es imposible incluirlo. Vox tiene su credo. Yo no lo conozco en profundidad, pero sí puedo asegurar que, si existe un acuerdo de gobierno para la alternancia en Andalucía, ese acuerdo será y solo será completamente conforme a nuestro ordenamiento constitucional. Todo lo que esté fuera, nunca será parte del acuerdo de gobierno.

P.- ¿Debe dimitir Susana Díaz después de este fracaso, a pesar de haber ganado las elecciones?

R.- Esa es una decisión del PSOE. Supongo que tratarán de arreglar las malísimas relaciones que hay ahora en su seno, pero a nosotros eso no nos afecta.

P.- Hablemos del PP a nivel nacional. ¿Teme un efecto pinza, o sandwich, con Vox y Ciudadanos en el centro derecha, y extrema derecha, con los postulados de Vox y ese talante a veces cambiante de Ciudadanos? ¿Teme que esto afecte al PP?

R.- El PP es un gran partido. Sin él, la historia de España hubiere sido peor. Hay mucho de lo que aprender de las cosas que se han hecho, pero también mucho de las cosas que se pueden mejorar.
Dejando la primera parte y centrándonos en los espacios de mejora, entendemos que hubo personas que fueron a Ciudadanos porque consideraban que el PP no había sido contundente en su reacción a los casos de corrupción. Para evitar que esas personas sigan votando a ese partido (C’s), hay que eliminar las causas que les han llevado a hacerlo. Es gente que dice: ‘No me gusta Sánchez, votaría al PP como la única opción para evitar un gobierno de izquierdas con independentistas y populistas, pero quiero la garantía de votar a un partido limpio’. Bien. Reacción del presidente nacional Pablo Casado, ahora que vienen la publicación de algunos papeles o los casos que hemos visto antes: cualquiera cuya conducta no sea absolutamente limpia y transparente durará un día en el PP. Punto. Decir eso es ser claro y contundente. Es decirlo y es hacerlo. Si aquellas personas que vieron que el PP no fue suficientemente contundente, o fue dubitativo en los casos de corrupción que hubo hace doce años, escuchan esto, tendrán la razón para volver al PP. Esto, en relación con Ciudadanos.

En relación con Vox, Pablo Casado tiene un mensaje acerca de la unidad de España muy cuidado y evolucionado respecto a lo que habíamos dicho con anterioridad. Más claro y sin pelos en la lengua. Eso es Pablo Casado. En aspectos como el que tiene que ver con el equilibrio en el tema de la inmigración, nosotros tenemos también esa oportunidad para explicar que, si en España, hay quienes por el acento o el color de la piel van a empezar a poner a las personas en el bloque de los buenos o en el bloque de los malos, que no cuenten con el PP. Ahora bien, si vamos a hacer un análisis del modelo de ayudas sociales que hay en nuestro país, de lo que está sucediendo con algunas personas que se introducen en España y generan graves conflictos de seguridad ciudadana o incluso en materia terrorista y si vamos a tener en cuenta que, efectivamente, para integrarse en España, o crees que el hombre y la mujer son iguales en derechos y en obligaciones o el problema lo tienes tú y no nosotros, que estamos aquí, no creo que nadie pueda decir que nuestro discurso tiene pegas, porque lo que decimos es eso. Añado que nuestra pirámide de población no puede ser una pirámide envejecida y que necesitamos personas que se incorporen a trabajar de forma ordenada y legal en España. Por tanto, a mí, que uno tenga el color de la piel azul o amarillo, me importa muy poco. Lo que me importa es lo que tenga en la cabeza y en el corazón respecto a lo que somos en Europa, a nuestras leyes y a qué se viene a este país.

P.- Tras su Congreso de julio pasado, ustedes han intentado unir el partido porque es evidente que hubo una fragmentación. Pero lo cierto es que se ha vuelto atrás, en opinión de muchos, con un escoramiento a la derecha, con la recuperación de Aznar y de un cierto pasado. Desde su punto de vista, ¿favorece para evitar esta pinza el hecho de que Aznar haya vuelto, y además, de forma bastante contundente?

R.- El acierto de Pablo Casado es mirar hacia el futuro sin dejar de recordar lo bueno del pasado. Aquí ha habido muchos gobiernos del PP, ha habido dos ex presidentes que han aportado mucho.

P.- Pero ha habido mucha corrupción, señor Maroto. Usted ha sido de los más contundentes en la denuncia. Y, mirando al pasado, la realidad es que había muchas cosas buenas, como la bonanza económica de la etapa de Rajoy, pero también es verdad que esa etapa, a nivel de partido, acarreó unos cuantos disgustos.

R.- Le digo que sí, pero que una cosa no quita la otra. Y el discurso que yo he expresado muchas veces es el mismo que ha expresado Pablo Casado cuando era vicesecretario. Hoy no es el discurso de dos vicesecretarios, sino el del presidente del PP. Y el que lo entienda, bien, y el que no, tiene el problema.

P.- Es decir, ¿que están más unidos?

R.- Pero si no se trata de estar unidos… ¡Somos amigos y compañeros! No se trata de eso. Se trata del discurso que antes teníamos algunos miembros de la dirección y que hoy es el discurso de la dirección. En la medida en la que seamos capaces de hacer de ese discurso una norma y de que los ciudadanos lo vean y lo perciban, podremos pasar página. Realmente, ¿cuál es el programa ideológico de Ciudadanos? La mayoría de la gente que les vota lo hace por sensaciones: ‘No me gusta el PSOE y no me gusta el PP’. Dejando el PSOE aparte… ¿Qué es lo que no les gustaba del PP para cambiar? Que no se había regenerado y que había corrupción (decían). Yo creo que tienen razón. No se puede negar esa percepción. Son sus razones y si no las corregimos no podemos entender lo que hemos hecho mal. Ahí lo que se trata es de predicar con el ejemplo. Si una persona que se siente de centro derecha quiere evitar un gobierno de izquierdas y ve a un PP y a un presidente que es ejemplar, volverán a votar al PP. Pero no diciéndoles que se equivocan al votar a Ciudadanos, no. Volverán ellos mismos.

P.- ¿Cómo ve el debate sobre la fecha de las próximas elecciones generales? ¿Tras los resultados de Andalucía están más cerca, más lejos?

R.- Es muy difícil contestar porque al presidente Sánchez ni le importa España ni le importa la socialdemocracia. Le importa él. Es muy duro, pero es así.

P.- Es decir, le define usted como un político egoísta, fundamentalmente.

Pedro Sánchez necesita aguantar los dos años como sea, al precio que sea y a costa de lo que sea, aun a costa de su propio partido y de su propio país para ser, al menos, como Calvo-Sotelo»

R.- No, yo veo que él entró por la gatera en La Moncloa y no se atreve a salir por la gatera, porque sería Pedro El Breve. Necesita aguantar los dos años como sea, al precio que sea y a costa de lo que sea, aunque sea a costa de su propio partido y de su propio país para ser, al menos, como Calvo-Sotelo. En España ha habido presidentes de cuatro años y presidentes de dos. Sánchez quiere ser, al menos, de dos. Pero no quiere ser el presidente que entró por la gatera para poner orden y salió por la gatera por el desorden generado. Eso en la historia dejará huella y él tiene miedo a eso. Así que yo creo que aguantará.

P.- ¿Usted qué quiere ser de mayor?

R.- En lo personal mantener la felicidad con la que vivo porque todo lo que quiero y necesito lo tengo cerca y me va muy bien. Y en lo político, mi ambición personal es que Pablo Casado sea presidente del Gobierno. No por el bien del PP, sino por el bien de España.

P.- ¿Y usted?

R.- Yo me veo como una hormiguita en ese hormiguero.

P.- Vamos a pensar en que gana las elecciones Pablo Casado y es presidente del Gobierno. ¿Qué le gustaría hacer a su lado? No me diga que se siente cómodo con todo, no puede ser, porque entonces le adjudican el Ministerio de Deporte, aunque usted es más deportista que Màxim Huerta (risas)

R.- Para contestar esa pregunta vamos al lado personal. Yo no pedí ser concejal en el Ayuntamiento de Vitoria, casi me engañaron mis amigos diciendo que iba a ir de número 14 y me pusieron de 4. Yo no pedí ser portavoz en el Ayuntamiento, que fue una decisión que tomó el alcalde entonces; yo no pedí ser el candidato allí; me lo dieron hecho porque Alfonso Alonso ser marchó y me dejó y anunció en una rueda de prensa que yo iba a ser el candidato. Tampoco pedí ser vicesecretario nacional con Rajoy. Me llamó él para decirme que quería contar conmigo. Y la única decisión que sí he querido es apoyar a Pablo Casado porque me lo creo. Tampoco le pedí a él que me nombrase número tres del partido.

P.- ¿Qué es lo que más le gusta de Pablo Casado?

R.- Me gusta una mezcla entre su capacidad de trabajo y que tiene España en la cabeza y en el corazón. Y ese equilibrio es muy difícil.

P.- ¿Y de Rajoy?

R.- Creo que fue un extraordinario presidente del Gobierno porque no dejó que la intervención de Bruselas afectase a lo social, especialmente a los pensionistas.

Rajoy fue un extraordinario presidente del Gobierno porque no dejó que la intervención de Bruselas afectase a lo social, especialmente a los pensionistas»

P.- ¿Y Aznar?

R.- Creo que fue el presidente que dio la vuelta a las cifras del empleo.

P.- Tres palabras para definir el nuevo PP. Deme un titular final. Cómo define vuestra etapa, vuestro PP, porque es el partido que están haciendo desde hace cien días.

R.- Honesto, sin pelos en la lengua y con un proyecto de España de la cabeza a los pies.

P.- Cuándo les volveremos a ver en La Moncloa?

R.- Cuando convoque las elecciones Pedro Sánchez.