Le quedaban unos meses para jubilarse, para dejar de una vez aquella bicicleta con la que cada día acudía a trabajar. Repartir cartas durante casi 40 años le había hecho uno de los hombres más populares del municipio. Estanislao conocía muy bien a casi todos sus vecinos, por algo era el cartero de toda la vida para la mayoría. Así se había ganado la vida desde muy jovencito y así seguía, junto a su mujer, dando sustento a su extensa familia de ocho hijos. El Amurrio en el que repartía notificaciones, alegrías y penas en forma de misivas había dejado atrás los tiempos oscuros de la dictadura pero ahora, como el resto de Euskadi, estaba inmersa en otra oscuridad que él bien conocía.

El verano acababa de estrenarse. Aquel 26 de junio de 1985 Estanislao, el cartero de Amurrio, salió de nuevo con su bicicleta, su uniforme y cartera en dirección a la oficina de Correos. Hacía años que la inquietud viajaba con él. Percibía que las miradas de los destinatarios de las cartas ya no eran tan complacientes. Esa mañana, mientras pedaleaba, no lejos de allí, en el concejo de Lezama, otro hombre circulaba con su vehículo hasta que un desconocido lo paró y lo encañonó. Tras maniatarlo lo introdujo en el maletero. El coche avanzó unos metros y, según relató después, se detuvo para subir a otras dos personas. Enseguida supo que iban en busca del cartero, a la caza de Estanislao Galíndez Llano.

 

No tardaron en encontrarlo y en cruzar el coche para obligarle a parar y bajar de su bicicleta. En ese instante Estanislao supo que la pesadilla que siempre llevaba en su zurrón estaba a punto de cumplirse. Dos hombres y una mujer, pistola en mano, le rodearon y le pidieron su identificación. Debían verificar que era él, el cartero que buscaban, el mismo contra el que años atrás lanzaron panfletos acusándolo de chivato de la policía. El testigo amordazado y oculto en el maletero de su propio coche relató después que de nada sirvieron los gritos pidiendo clemencia; dos tiros en la cabeza y uno en el corazón acabaron con su vida. Una viuda y ocho huérfanos más.

ETA militar justificó su asesinato acusándolo de ser informante de la Guardia Civil. En la declaración municipal para condenar el atentado Herri Batasuna se abstuvo.

Su hermano Félix, tiroteado

Fue el final cruel que a Estanislao le había atormentado tener desde hacía cinco años. Aquellos pasquines arrojados en las calles de Amurrio, un pequeño municipio alavés, le perseguían desde entonces. En ellos figuraban cuatro nombres, el de dos hombres, el suyo y el de su hermano Félix. A todos ellos ETA los acusaba de ser informantes de la policía. Por eso sabía que iban a por él.

Ya lo hicieron con Félix el día de Santiago de 1981. A primera hora de la mañana del 25 de julio dos hombres llamaron con insistencia a la pensión Ochoa de Amurrio, la misma en la que Félix vivía desde hacía tiempo. Soltero y sin hijos, jamás pensó que vendrían a matarlo. Cansado de escuchar el timbre sin respuesta bajó en pijama para ver quién rompía su sueño con tanta pesadez.

El día que asesinaron a su hermano su nombre apareció junto en un panfleto en el que le acusaban de chivato. ETA lo mató cinco años después

No tuvo tiempo de comprobarlo. Abrió la puerta y dos miembros de ETA le dispararon a bocajarro. Uno de los primeros en llegar a socorrerle fue otro de sus hermanos, Sixto, misionero recién llegado de Filipinas. Sólo pudo administrarle la extrema unción. Al día siguiente celebraba el primero de los dos funerales familiares que tuvo que oficiar en Amurrio en la década de los 80.

Cartel con la imagen de presos de ETA con el lema "Somos por vosotros"

Cartel con la imagen de presos de ETA con el lema «Somos por vosotros» Mikel Segovia

Es el drama de los Galíndez Llano en Amurrio, sucedido hace ya más de tres décadas. No fue el único en este municipio. Un año antes, el 2 de julio de 1980, el propietario de un bar del pueblo, Joaquín Becerra, también fue tiroteado. Su local era frecuentado por agentes de la Guardia Civil. En el momento del atentado varios de ellos, de paisano, se encontraban en su interior.

‘9 mm contra la izquierda abertzale’

Fueron tiempos complicados. Años en los que los casquillos de 9 milímetros parabellum se recogieron en más de un atentado en aquel pueblo. Aquellos fantasmas han reaparecido ahora de modo inesperado. Aquellos casquillos que durante años identificaron la autoría de ETA se han vuelto a recoger. Esta vez la sospecha no recaía sobre la banda, ya disuelta, sino, presuntamente, sobre un ex Policía Nacional retirado de 74 años. El grave suceso no provocó víctimas ya que afortunadamente los ocupantes de la vivienda no se encontraban en la cocina. Ahora los destinatarios no eran supuestos confidentes de la policía sino militantes de la izquierda abertzale. Por el momento la Justicia ha dejado en libertad provisional sin fianza al hombre detenido y sin acusarle directamente de los hechos pero sí incautándole el permiso de armas y la treintena de escopetas y munición encontrada en su casa.

Sucedió en el mismo concejo, alejado del centro urbano del municipio, Lezama, en el que la bicicleta de Estanislao dejó de pedalear hace 33 años. El casquillo que la mañana del día de Reyes rompió uno de los cristales de un caserío quedó empotrado en la cocina de la vivienda de los Azkarraga Isasi. En una de sus ventanas colgaba una pancarta de apoyo al acercamiento de los presos de ETA.

La izquierda abertzale se ha movilizado para denunciar el suceso asegurando que es el resultado del «fascismo español»

Esta vez la repulsa y condena por lo sucedido fue inmediata por parte de todos los partidos del Consistorio, sin excepción. Comunicado, manifestación y acto político de la izquierda abertzale dispuesta a no dejar pasar la ocasión. En las calles del municipio una pancarta deja claro que lo ocurrido será exprimido en una suerte de Alsasua a la alavesa, pero en sentido inverso, de agresores a agredidos: “Bala de 9 MM contra la izquierda abertzale. Organización y lucha”, reza el lema firmado por Sortu junto a la imagen de dos casquillos en varias calles de Amurrio. No es la única: “Los fascistas no pasarán, adelante Euskal Herria” o “Firmes”.

Uno de los carteles de denuncia de Sortu está colgado a escasos metros de la calle Dionisio Aldama. En ella se encuentra la sede del PP y enfrente el comercio de ropa de la familia Abascal. El local del PP ya tiene pegados los carteles de Ernai con la imagen de la ventana tiroteada y el lema “El fascismo español no pasará por Euskal Herria”.

Abascal e Ibarretxe, vecinos

El líder de Vox se deja ver con frecuencia en Amurrio. Muchos fines de semana acude a visitar a su familia. Santiago Abascal vivió en primera persona no sólo las agresiones a la sede popular sino las amenazas contra su familia y el local que su madre aún regenta.

Monserrat Canive es la única concejal del PP en Amurrio. Ella apoyó el comunicado de condena de lo sucedido. Le hubiera gustado que la izquierda aberzale hubiera hecho lo mismo cuando su sede fue atacada. “Habrán sido una veintena de veces”, asegura. Ella ha sido uno de los últimos cargos en Euskadi al que se le ha retirado la escolta. Acudir al local que tiene el partido ha sido durante mucho tiempo una incógnita: pintadas, carteles, asentadas o la ruptura de la persiana han sido sólo algunos de los episodios que le ha tocado vivir.

Vivienda de militantes de la izquierda abertzale tiroteada el pasado día de Reyes en Amurrio.

Vivienda de militantes de la izquierda abertzale tiroteada el pasado día de Reyes en Amurrio.

Amurrio se ha convertido en una suerte de triángulo que agrupa a Vox, el PNV y la izquierda abertzale. Santiago Abascal y Juan José Ibarretxe son vecinos en el pueblo. El ex lehendakari, natural de la vecina Llodio, tiene una vivienda en Amurrio. Está ubicada cerca del lugar donde el domingo pasado ocurrió el tiroteo contra la vivienda de una familia afín a la izquierda abertzale. Ambos compartieron además experiencia política en Llodio, Ibarretxe como alcalde (1983-87) y Abascal como concejal muchos años después.

Amurrio, ¿la Alsasua alavesa?

La movilización de la izquierda abertzale ante hechos similares fue cuestionada por el PNV, cuyo presidente, Andoni Ortuzar les recordó que nunca antes Bildu habían denunciado con tanta contundencia ataques similares, como los recientes a sedes de partidos. Desde Sortu y EH Bildu han cuestionado la falta de diligencia y lo que han tildado de “doble rasero” que se ha seguido en este caso que ha afectado a la familia de un militante de Sortu y a su hija, miembro activa de Ernai –las juventudes de la izquierda abertzale-.

Pronto trascendió que el principal sospechoso estaba identificado y que se trataba de un ex policía retirado. Incluso se apuntó que era familia de ex lehendakari Ibarretxe, extremo aún no confirmado. Las redes sociales afines al entorno abertzale denunciaron que se ocultara su identidad, que se retrasara su detención o que no hubiera ni rastro de su imagen, “su foto se oculta”. No han tardado en contextualizar este tiroteo en un clima “insuflado por la derecha española” que favorece este tipo de “agresiones y ataques”: “Es una involución democrática”, aseguró el dirigente de Sortu, Arkaitz Rodríguez.

En los sectores más críticos de la izquierda abertzale, como ATA, incluso señalaron que se intentara hacer ver que es “un loco que ha perdido la cabeza”. Lo relacionaron con actos como la creación de una asociación de defensa de la unidad de España en la UPV –uno de cuyos miembros fue agredido- “que tienen el cometido de crear un clima adecuado para que produzcan tiroteos como el que estamos denunciando”: “Ante el fascismo sólo existen dos posibilidades, o ellos o nosotros”.