Los magistrados del Tribunal Constitucional han dedicado su sesión de esta semana a intercambiar opiniones sobre la posible excarcelación del líder de ERC, Oriol Junqueras. Y sobre el debate, celebrado el miércoles, planeó en todo momento una figura lejana pero cuyo precedente interesa a los miembros del TC: Selahattin Demirtaş, el líder del partido pro-kurdo HDP que permanece encarcelado en la prisión de Edirne (Turquía) desde el 4 de noviembre de 2016, acusado de innumerables cargos relacionados con el terrorismo y la propaganda a favor de organizaciones criminales.

Demirtaş no es un desconocido y ha protagonizado numerosos titulares en la prensa internacional, que desde el año 2015 se refiere habitualmente a él como “el Obama kurdo” por su elocuencia discursiva, su apariencia, su corte progresista en una sociedad como la turca y sus hobbies artísticos, fácilmente vendibles al gran público. Eso, para el relato occidental. Para el oficialista de Recep Tayyip Erdogan, Demirtaş es un “traidor”, un “terrorista” y el promotor de revueltas armadas que han provocado la muerte de miles de personas en Turquía.

Demirtaş, tras casi dos años de prisión provisional, fue condenado el 7 de septiembre de 2018 a cuatro años y ocho meses de cárcel por “propaganda terrorista”, basada en un discurso pronunciado en Estambul en 2013 durante la celebración del año nuevo kurdo. El 20 de noviembre, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos se pronunció finalmente sobre su caso y conminó a Turquía a dejarlo en libertad. Sin embargo, diez días después un tribunal local se opuso al fallo del TEDH y mantuvo al político en la prisión de Edirne, en la que permanece, mientras es procesado por otros cargos por los que podría llegar a ser condenado hasta a 142 años de cárcel.

El TEDH estableció que la permanencia en prisión preventiva de Demirtaş había lesionado sus derechos como candidato electoral y como parlamentario

Lo cierto es que el TEDH no entró en ningún momento a valorar el fondo de las acusaciones contra Demirtaş, e incluso dijo en su fallo que las razones para su detención original eran legítimas. “Ni la interpretación ni la aplicación de la ley doméstica por el Tribunal Constitucional parece arbitraria o irracional”, dejó escrito el tribunal con sede en Estrasburgo. Sin embargo, consideraron que no había motivos para haber prolongado automáticamente y de forma sistemática su permanencia en prisión preventiva y, más importante, que a través de ese mecanismo se habían menoscabado sus derechos políticos como candidato y como miembro de la Gran Asamblea Nacional turca, pese a que durante cerca de dos años recibió su sueldo y delegó sus votos en compañeros del HDP.

También estableció el TEDH de Estrasburgo que las razones alegadas por Turquía para prolongar su estancia en prisión -destrucción de pruebas, riesgo de fuga o desaparición, principalmente- no eran “suficientes” ni respondían a sospechas sólidas, sino que tenían una motivación política: “La Corte entiende que ha sido establecido, más allá de cualquier duda razonable, que la prolongación de la detención del sr.Demirtaş, especialmente durante dos campañas cruciales como las del referéndum y las elecciones presidenciales, ha perseguido el propósito ulterior de ahogar el pluralismo y limitar la libertad del debate político, que está en el centro del concepto de una sociedad democrática”.

Éxito de un nuevo ‘kurdismo’

Efectivamente, Demirtaş fue detenido y encarcelado cuando ya era una figura destacada y exitosa en la política local. En las elecciones presidenciales de 2014 había sido el tercer candidato más votado (9.77%), y en las legislativas de 2015 consiguió que un partido kurdo superase la barrera del 10% necesaria para tener representación en la Gran Asamblea Nacional turca. Su HDP, del que era colíder en ese momento, obtuvo un notable 13.12% del voto en todo el país y 80 escaños en la Cámara, siendo el cuarto partido del país en importancia.

Durante su estancia en prisión, Demirtaş ha hecho frente a la campaña sobre el referéndum constitucional que amplió los poderes del presidente Erdogan y a las elecciones presidenciales y legislativas del pasado año 2018, en las que volvió a ser cabeza de lista por el HDP. Volvió a ser tercero, con más de 4,2 millones de votos y un 8.4% de las papeletas, en unos comicios en los que Erdogan se impuso por mayoría absoluta y sin necesidad de ir a la segunda vuelta. En las parlamentarias, el HDP volvió a superar el 10% de los votos y consiguió 67 asientos en la Asamblea.

El HDP fue el primer partido pro-kurdo en superar la barrera del 10% de voto y trata de alejarse de la esfera de influencia del PKK, donde militó un hermano del político

El éxito político de Demirtaş ha sido desligar, hasta cierto punto, las reclamaciones de autonomía de la población kurda -mayoría en el sudeste del país- de las actividades terroristas del PKK, que ha generado decenas de miles de muertos en las últimas décadas y protagoniza a día de hoy una guerra civil soterrada con el Gobierno, pese a los efímeros intentos de tregua y paz que se produjeron entre 2012 y 2015 y en los que participó el propio Demirtaş, que reclamaba una salida pacífica al conflicto al mismo tiempo que avisaba de que la violencia se convertiría en crónica si Ankara proseguía una política de hostigamiento.

Erdogan y el Gobierno turco acusan a Demirtaş de alentar y simpatizar con las acciones del PKK, y de promover revueltas violentas en la calle contra el poder central. Y usan los datos biográficos del político a su favor: abogado de profesión, se decidió por esta carrera después de que su hermano fuera condenado por pertenencia a la organización terrorista y pasara más de 12 años en prisión.

A raíz de esa experiencia -la familia era demasiado pobre para pagara a un abogado, recuerda habitualmente-, Demirtaş ha construido una identidad propia y corporativa que identifica tanto a su partido como a la causa kurda con el progresismo, la justicia social, el ecologismo y todo un entramado ideológico con el que captar votos procedentes de todos los espectros políticos más allá de la pulsión étnica de una comunidad que representa casi al 20% de los habitantes de Turquía.