La visión de Cristina Narbona (presidenta del PSOE desde 2017) resulta particularmente interesante porque, desde su experiencia acumulada, ya en cargos orgánicos del partido, ya en distintos Ejecutivos como ministra, que lo fue, del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, ofrece unos lúcidos análisis sobre la eclosión de los populismos, sobre Cataluña o sobre los Presupuestos Generales del Estado. Narbona no tiene reparos en abordar los recientes resultados en Andalucía y explica también cuáles deben ser las armas ideológicas de la izquierda para no perder terreno electoral de cara a los nuevos desafíos y también a las nuevas amenazas que se ciernen sobre los ciudadanos en el arranque de este convulso 2019.

Pregunta.- Antes de entrar de lleno en el análisis de la vorágine del panorama político español, me gustaría preguntarle acerca de su reciente entrevista con Fernando Haddad, el candidato del Partido de los Trabajadores de Brasil que compitió con Jair Bolsonaro en los últimos comicios en aquel país. Y conocer su opinión acerca de la entrada de este ex militar, admirador de la dictadura y enemigo confeso de las políticas de género y de los derechos del colectivo LGTBi.

Respuesta.- En Brasil, de nuevo, después de haberse producido en Estados Unidos un fenómeno que tiene muchas connotaciones parecidas, lo que se ha visto es la emergencia de un liderazgo muy extremo en sus planteamientos, con un fuerte componente religioso, con un protagonismo muy notable de las Iglesias Evangélicas, pero también con la connivencia de la propia Iglesia Católica, digamos clásica en sus planteamientos y que lleva a dividir prácticamente el país en dos, desde el punto de vista a la hora de votar. Haddad obtuvo un 45 por ciento del voto, lo que quiere decir que cuando a los brasileños se les interpela sobre su futuro hay dos miradas absolutamente diferentes, pero al final gana una opción que hará retroceder al país en muchísimos aspectos: en materia social, en materia de libertades y también en materia ambiental… claramente. El Amazonas nunca ha estado tan amenazado como está ahora, y es el gran pulmón verde del planeta. Eso va unido a este carácter, el de todos estos líderes, autoritarios, elegidos democráticamente, pero con una posición personal muy alejada de los principios de la democracia, del respeto a las minorías y de la visión de la diversidad de la sociedad. Esto es evidente que no lo tiene Donald Trump y en absoluto Bolsonaro, que representa el líder más fuerte, autoritario, contrario a cualquier reconocimiento de la diversidad que existe en la sociedad. Se trata de un retroceso en muchos ámbitos.

La presidenta del PSOE cree que «aplicar ahora el 155 como receta mágica es un enorme fraude a la ciudadanía de este país»

P.- Parece que las democracias tradicionales van por este camino: fuerzas conservadoras, mucho más conservadoras que antes y una izquierda que se tiene que defender, para responder a este avance de la extrema derecha. ¿Estamos ya en ello en España? ¿Vamos ya a ello?

R.- Sin duda, el PP ha mostrado una dirección que significa también un retroceso. Ha recuperado la figura de Aznar, que es lo peor de la historia del PP puesto que, de sus gobiernos, la mayoría de quienes los integraron están en la cárcel o investigados. Esto da idea de qué tipo de ejercicio del poder se ejerció con el presidente Aznar. Un presidente que además tuvo muchísimo que ver con la burbuja inmobiliaria que devastó la economía española y que está íntimamente asociada a la corrupción. Respecto de algunas cuestiones que el PP aceptó de mala gana como la regulación del aborto en nuestro país o del matrimonio entre personas del mismo sexo, también creo que este movimiento hacia la ultraderecha puede atisbar cambios de posición. De hecho, ha desaparecido ya en los discursos oficiales del señor Casado la expresión violencia de género. Lo escuchamos el pasado fin de semana: Casado decía «violencia contra las Mujeres», y decía que hay otros tipos de violencia… sí, pero hay una violencia específica, y esto no es una cuestión menor, no es una cuestión semántica.

P.- … Y no quita las otras violencias…

R.- … No quita las otras violencias que están perfectamente tipificadas y castigadas de acuerdo con nuestro Código Penal, pero sí indica que el PP ha comenzado a recoger herramientas que más a la derecha se están usando, para conseguir un voto más conservador. Y lo más lamentable de todo es el papel que está jugando en esto Ciudadanos. En muchos países europeos existen partidos de centro, partidos liberales, partidos que se asientan en la modernidad y que ayudan a que existan gobiernos estables, ya estén en el gobierno partidos socialistas o más conservadores. Pero Ciudadanos, en este momento, ha dejado de ser esa opción.

El PP ha comenzado a recoger herramientas que más a la derecha se están usando. Pero lo más lamentable de todo es el papel de Ciudadanos»

P.- ¿Qué lectura hace de esta actitud de Ciudadanos y de su entrada en el Gobierno andaluz, a pesar del apoyo de Vox?

R.- Creo que ha tenido mucho que ver el deseo de tener poder. De estar en un gobierno. Hace algo más de un año, Albert Rivera dijo que el pacto que tenía con Susana Díaz en Andalucía estaba yendo muy bien y que solo había una cuestión que reclamaba, que era que en aquella comunidad se modificara la Ley Electoral. Aquello fue el primer aviso y después, a lo largo del año pasado, ya se produjo el desencuentro. Pero no hay ni rastro de esa exigencia en cambio en el acuerdo entre el PP y Ciudadanos.

P.- Tenemos un año, este 2019, absolutamente extraordinario a nivel electoral. Queda poco tiempo para la primera cita importante, el próximo 26 de mayo. Me gustaría saber cómo se enfrentan, desde el punto de vista ideológico y a la luz de lo que ha pasado en Andalucía, contra esa derecha dividida, pero que tiene claro que, llegado el momento, puede gobernar con Vox y que, por tanto, al final está muy unida. ¿Cómo se van ustedes a enfrentar a eso a nivel ideológico, de cara a ese superdomingo electoral? ¿Cambiarán algo, buscarán más el centro? ¿Cuál será la baza ganadora para ustedes?

R.- El Gobierno de Pedro Sánchez representa un proyecto progresista pero moderado, que beneficia no sólo a las clases trabajadoras y a los que más han perdido con la crisis económica sino también a las clases medias. Esto es muy importante recordarlo porque hay quienes se empeñan en presentar el Proyecto de Ley de Presupuestos como el de una carga recaudatoria injusta sobre los ciudadanos españoles. Habría que recordar que las modificaciones fiscales que se hacen van a afectar, exclusivamente, al 0,4% de los contribuyentes, en lo que se refiere al incremento en el tipo marginal del IRPF, contemplado para ingresos anuales superiores a 130.000 euros. Creo que por debajo de esa cantidad se sitúa un segmento mayoritario de la población y, dentro de las empresas, apenas un diez por ciento van a ajustar su Impuesto de Sociedades a esa exigencia mínima del 15%. Pero hay muchas más pequeñas y medianas empresas que se van a beneficiar de una bajada impositiva. Por tanto, una cuestión fundamental es cómo el PSOE introduce en la fiscalidad claves muy potentes de redistribución y de progresividad. Algo que no se ha dado en los últimos años en España, ni siquiera en la última etapa de gobierno socialista, y que había hecho sentir a muchos ciudadanos que eran los paganos de la crisis, no solo porque perdieran empleo o tuvieran salarios más bajos sino porque recaía sobre ellos el peso de la contribución al erario público. Eso es algo que hay que cambiar. Para eso se han creado también figuras nuevas, como el impuesto sobre transacciones financieras, que es un impuesto que se va a aplicar de manera que en absoluto impida las transacciones financieras, porque es una cantidad mínima o el impuesto a las tecnológicas, que tienen una facturación impresionante pero que apenas cotizan en nuestro país.

P.- Muchos análisis posteriores al 2 de diciembre hablaron de equivocaciones en la campaña de Susana Díaz. Una campaña que ella basó mucho en Andalucía pero que los demás aprovecharon para hablar de Cataluña, de independentismo, y que ello pasó factura al final al PSOE. ¿Puede ocurrir lo mismo a nivel nacional?

R.- Hay que llegar a los ciudadanos para que entiendan que lo que plantea el PP, y también Ciudadanos, no se resuelve con un 155 sin límites. Yo les pregunto: ¿Cuántos independentistas tendríamos al día siguiente, tres meses después, un año después de una medida de ese tipo? No olvidemos que los votantes de las opciones independentistas crecieron exponencialmente durante los siete años de gobierno de Rajoy y, desde luego, aplicar ahora el 155 como receta mágica es un enorme fraude a la ciudadanía de este país. Es hacer creer que la cuestión de Cataluña se soluciona con mano dura, vaciando de contenido sus instituciones de autogobierno e imponiendo con la fuerza de la ley los postulados del Gobierno de España. ¿Queremos meter en la cárcel a todos los independentistas? Hay ya dos millones. ¿Cuántos va a haber en el supuesto de que hubiera un 155, en vez de seguir la senda que ha puesto en marcha este gobierno, que tiene mucho que ver con ir generando una reacción mucho más pragmática de aquellos líderes ofuscados por una idea equivocada de lo que sería la independencia? Una independencia declarada, además, unilateralmente. Dice Josep Borrell con mucha claridad que el Brexit debe ser entendido como una referencia en este debate. A los ingleses se les engañó, como a los catalanes. Se les hizo creer que salir de la UE era una operación sencilla.

P.- … Sí, un engaño total, sin explicarles qué conllevaba y que perjuicios económicos iba a suponer…

R.- Así es; en el Reino Unido hay muchas familias que han llenado la nevera y que tienen en casa víveres y medicinas como si fuera a estallar la guerra. Ahora hay miedo y confusión. En el caso de Cataluña, aunque muchos no lo verbalicen, son mucho más conscientes hoy que hace un par de años de que la salida de Cataluña de España significaría, primero, la salida de la Unión Europea. Una cuestión que ha sido negada por los partidos independentistas, a pesar de haber sido explicada reiteradamente por las autoridades europeas. Y cualquier proceso posterior sería un proceso negativo para todos los catalanes; desde luego para los que hoy votan una opción de independentismo, pero por supuesto para el resto. Y lo que nosotros lo que queremos es llevar a la sociedad catalana a un debate entre ellos, entre los propios catalanes. Como dice el presidente, Pedro Sánchez, esto no trata de independencia, trata de convivencia. Trata de buscar entre los propios catalanes una salida que pueda ser pactada con el resto de España, a través de un nuevo Estatuto, pero en el marco de nuestra Constitución. Eso son pasos que se están dando, con dificultad, y sin contar con la lealtad que debería manifestar el PP, y que nosotros sí tuvimos desde la oposición, para que cualquier tema que afecte a la unidad de España se pueda desarrollar desde la lealtad institucional entre los partidos.

P.- ¿Qué España tendremos tras las elecciones del 26-M? Le pido que saque la bola de cristal, por un momento.

R.- Hacer proyecciones es muy difícil. Lo sucedido en Andalucía no emergía claramente de ninguna encuesta y eso debe llevarnos a una lección para ser más conscientes que nunca de la complejidad del momento que vivimos. Y de la necesidad de comunicar a la ciudadanía muchísimo, y de forma diferente a cómo se hacía antes. Hemos visto cómo es imprescindible que amplios colectivos sepan, conozcan de verdad, lo que hay dentro del proyecto de PGE, porque hay cuestiones que significan un salto cualitativo impresionante, por ejemplo, en lo referido a los permisos de maternidad y paternidad, no solo en la extensión hasta ocho semanas que sean intransferibles sino al hecho de sean intransferibles y al hecho de que hombres y mujeres compartan la responsabilidad en el hecho del nacimiento del hijo. Fíjese, hay partidos que dicen que en lugar de que el hombre tenga que tomar obligatoriamente el permiso de paternidad, por qué no se añaden esas semanas para que la madre esté más tiempo con el hijo… Hay que salir de esa visión en la que se otorga un rol a la mujer que acaba significando una brecha salarial, laboral y profesional. Y en el futuro una brecha de las pensiones. Estamos dando pasos, por ejemplo, para que se cumpla la ley de dependencia, aprobada cuando yo estaba en el Gobierno de Zapatero, en 2007. Es una ley fundamental para un país que está encaminándose rápidamente hacia una edad media muy elevada. Tenemos una de las esperanzas de vida más altas del mundo, lo que significa que nuestra sociedad tiene que estar preparada para atender correctamente a las personas mayores. Durante mucho tiempo no se ha dotado presupuestariamente a esto.

En El Ejido se han enriquecido importantes sectores con la agricultura bajo plástico en la que han trabajado inmigrantes los últimos 20 años. Sin embargo, Vox ha triunfado allí

P.- El enemigo, en España y en todo el mundo ahora mismo, usted lo sabe, es el populismo; las recetas fáciles. Unas recetas que movilizan, de una forma absolutamente tremenda, al electorado. Se ha visto en Andalucía, y el reto de la izquierda parece que va a ser movilizar también al ciudadano. ¿Cómo lo van a hacer?

R.- Hay una cuestión que ha pesado, de acuerdo con las encuestas postelectorales en Andalucía, y es la de cómo se gestiona la inmigración. Esto es clave. Esa gestión de la inmigración y los fantasmas con los que se trabaja desde la ultraderecha con respecto a este fenómeno son un elemento común en prácticamente todas las opciones ultras que hay en este momento en Europa. No solo las de ultraderecha, sino también las de ultraizquierda. Estamos viendo el caso de Francia o Alemania, con partidos de extrema izquierda que se apuntan al cierre de sus fronteras y a una visión que criminaliza a los inmigrantes. Esto no es un problema regional. Es un problema de toda España y de Europa entera. Plantear problemas en clave local o regional cuando son asuntos que deben tener respuesta en el ámbito europeo demuestra la fragilidad con la que nos enfrentamos a estos nuevos desafíos. Por supuesto que hay una respuesta inmediata por parte de los gobiernos, pero tenemos que ser capaces de compartir una visión diferente de la inmigración, como una oportunidad para el rejuvenecimiento de una Europa que envejece y como una garantía para los sistemas públicos de pensiones o la ocupación de territorios que se están despoblando. Ese es un gran reto de cara a las elecciones europeas. Por volver a Andalucía, el caso más tremendo es el de El Ejido, en Almería. Yo he sido diputada por Almería cuatro años y lo conozco muy bien. Sé cómo se han enriquecido importantes sectores de la sociedad almeriense con la agricultura bajo plástico en la que han venido trabajando inmigrantes a lo largo de los últimos veinte años. Sin embargo, Vox ha triunfado allí.

P.- Algo habrá hecho mal la izquierda y algo habrá hecho bien Vox.

R.- Vox ha ido a buscar el miedo. Y el miedo es lo contrario de la esperanza. Para construirla, hay que dar respuestas concretas a los problemas de los ciudadanos. La gente tiene que ver que puede confiar en las instituciones. Las elecciones en Andalucía nos han cogido demasiado pronto en este proceso de revertir la penuria y las desigualdades de buena parte de los españoles en el que el actual Gobierno de Pedro Sánchez está trabajando desde el primer minuto.