Fue sin duda un líder carismático, polémico y que no dejó indiferente a nadie. Xabier Arzalluz (Azkoitia, 1932) tuvo en vida casi tantos fieles como críticos, siempre extremos en el amor o el odio. Y las reacciones tras su muerte ayer en Bilbao, a los 86 años, dan fe de ello. Para los suyos fue “un gigante” del nacionalismo vasco, para sus críticos, un cómplice del entorno radical y tibio con la violencia de ETA. Arzalluz fue un político de los de antes, con liderazgo fuerte e incuestionado en su partido, con discurso sólido y amplia cultura. Pieza esencial en la conformación de la España democrática, su intervención fue esencial para la recuperación del Estatuto Vasco de 1979, la reinstauración del Concierto Económico y las instituciones vascas y la aprobación de medias y leyes que permitieron la transición desde la dictadura a la democracia a mediados de los 70.

Hombre políglota, –hablaba cinco idiomas: castellano, inglés, alemán, francés y euskera- y de gran formación académica –titulado en Teología, Derechos y Filosofía- su gran capacidad de oratoria no tardó en brillar durante la primera legislatura de la democracia en la que ejerció como diputado en Cortes. Pero pronto su verbo locuaz dejó de causar admiración para suscitar sorpresa, indignación o divertidas ironías a partes iguales en función del receptor de su mensaje. Arzalluz supo como pocos arengar a los suyos. Aún hoy son recordadas sus intervenciones en mítines y actos del partido ante decenas de miles de seguidores  entre aplausos y carcajadas generalizadas que ninguno de sus sucesores en la presidencia del PNV ha logrado igualar.

Los fieles recuerdan su legado político, los adversarios, sus afirmaciones más insospechadas o difíciles de aceptar –en su mayoría en relación con la violencia de ETA o España- en algunos de los momentos más convulsos de la historia reciente de nuestro país.

1.- ETA. “Unos sacuden el árbol para que caigan las nueces y otros las recogemos”. Es sin duda la frase más recordada de Arzalluz. La pronunció durante una reunión con representantes de Herri Batasuna (HB) en abril de 1990. Las actas del encuentro que poco después salieron a la luz desvelaron cuál era el pensamiento que el entonces presidente del PNV tenía del papel que debía jugar el PNV ante la violencia terrorista. La cita completa comienza asegurando que “no conozco ningún pueblo que haya alcanzado su liberación sino que unos arreen y otros discutan” y añadía: “Unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas”. La distancia y frialdad hacia las víctimas de ETA fue otro de los reproches que estas siempre le hicieron, así como la ‘ambigüedad moral’ con la que le acusaron al abordar la violencia en el País Vasco.

2.- Amnistía y reconciliación. “Un olvido de todos para todos”. En una de sus intervenciones en el Congreso de los diputados en 1977, cuando se discutía la Ley de Amnistía para los presos del franquismo, Arzalluz tampoco dejó indiferentes. Esta vez lo hizo por la solidez de su discurso. El entonces diputado del PNV afirmó desde la tribuna que la amnistía que se debía aprobar debía ser “de todos y para todos, un olvido de todos y para todos”. Arzalluz añadió que la amnistía no “atañe a la Justicia o la equidad sino a la política” que es la que, de alguna manera, “debe cortar el nudo gordiano”.

3.- Iglesia. “Un tal Blázquez”. El PNV que él lideró siempre trabajó con fluidez y simpatía la relación con la Iglesia vasca, no así con la española. En 1995, cuando los rumores de la llegada de un prelado abulense, Ricardo Blázquez como nuevo obispo de Bilbao –procedente de Palencia- tomaban fuerza, Arzalluz se refirió a él con desprecio: “hablan de un tal Blázquez” como nuevo prelado para la diócesis vasca. Siempre había defendido que el nuevo obispo debía ser vasco, como los anteriores. El entonces diputado del PNV, Iñaki Anasagasti, llegó a afirmar que “loro viejo no aprende a hablar”, en referencia a su desconocimiento del euskera –Anasagasti no habla euskera-. Blázquez logró durante sus años como obispo en Bilbao celebrar misas en euskera. Años después reconoció que el PNV, no Arzalluz, se disculpó con él.

4.- RH negativo. “El pueblo tiene raíces propias identificables desde la prehistoria”. Fue otra de las grandes afirmaciones que siempre persiguieron al dirigente nacionalista. Arzalluz defendía que el origen del pueblo vasco no era una invención de los soberanistas sino que tenía una raíz incluso genética e histórica acreditada y que la mayor presencia del tipo RH negativo en el País Vasco era un dato constatable. “Eso confirma que este pueblo tiene raíces propias, identificables desde la prehistoria como sostienen investigaciones de célebres genetistas”.

5.- Racismo. “Yo no soy racista”. Lo aseguró en 1994 al ser preguntado por la necesidad de hablar euskera para sentirse vasco. El presidente del PNV afirmó que pese a no ser racista él prefería “un negro, negro que hable euskera que a un blanco que lo ignore”.

6.- ‘Plan Ibarretxe’. Si se arrastra por el suelo será el último no independentista”. Siempre apoyó las tesis más soberanistas del PNV. Incluso intentó que tras su marcha le sustituyera su ‘delfín’, Joseba Egibar. Cuando el ‘Plan Ibarretxe’ se encontraba a punto de debatir en el Congreso Arzalluz advirtió de que si en España “se arrastra por el suelo al ‘Plan Ibarretxe’ igual es el último que se presenta en este país que no sea independentista”. Aquella propuesta defendía constituir Euskadi en un ‘Estado libre asociado’ de España.

7.- Presos de ETA. “No son delincuentes, no matan para enriquecerse”. La ambigüedad que en muchos episodios demostró ante la violencia de ETA le generó un gran rechazo fuera del País Vasco. Él era consciente de ello. Arzalluz llegó a preguntarse “si lo que molesta de ETA es el tiro o la finalidad”. Sobre los presos de la banda afirmó que no se les podía considerar delincuentes “porque no matan para enriquecerse ni para beneficiarse personalmente sino por un ideal político”. Con la izquierda abertzale pasó de no negociar con ella mientras ETA matara a hacerlo para forzar a la banda a negociar su final.

8.- Ertzaintza-Policía. “La Ertzaintza no detiene más comandos por prudencia”. Las actas de una reunión con representantes de Herri Batasuna revelaron cómo Arzalluz reconocía a los miembros de la izquierda abertzale que la Policía autónoma vasca no detenía a más comandos “por prudencia” Les trasladó además que si la información entre la Ertzaintza y la Policía no fluía “es porque no queremos”.

9.- Los españoles. “Como alemanes en Mallorca”. El semanario ‘Der Spiegel’ era una de sus lecturas favoritas. Fue a este medio al que en noviembre de 2000 le concedió una entrevista cuando el plan Ibarretxe comenzaba a tomar forma. La posibilidad de una Euskadi constituida como ‘Estado libre asociado’ de España le llevó a asegurar que en esa nueva Euskadi los españoles serían acogidos “como los alemanes en Mallorca”.

10.- Aznar y González. “Hizo más con nosotros en 14 minutos que González en 14 años”. Los contactos que en abril de 1996 Arzalluz lideró con el PP de José María Aznar para propiciar su investidura y desplazar a González del poder permitieron un acercamiento entre el PNV y la formación de la derecha española desconocida hasta entonces. Como sucedió con el PSOE de González, al cabo de los años la ‘amistad’ Aznar-Arzalluz saltó por los aires. El dirigente del PNV llegó a calificar a su ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, de ser “el ministro de la guerra”: “Lo único que le preocupa es exterminar el nacionalismo”.