Celestino Corbacho (Badajoz, 1949) se ha convertido esta semana en el primer fichaje desvelado de la candidatura de Manuel Valls al Ayuntamiento de Barcelona. Un año después de anunciar que dejaba el PSC, partido con el que fue ministro de Trabajo, alcalde de Hospitalet de Llobregat, y presidente de la Diputación de Barcelona, vuelve a la política activa con la candidatura auspiciada por Cs con el objetivo de aglutinar el constitucionalismo para evitar que la capital catalana caiga de nuevo en manos de Ada Colau con el apoyo de los independentistas.

Pregunta .- ¿Qué le ha convencido para sumarse a la candidatura de Manuel Valls a la alcaldía de Barcelona?

Respuesta.- Cuando dejé la politica activa, pero sobre todo cuando dejé el partido, dije que no me afiliaría a otro partido y que tampoco encabezaría una candidatura a Hospitalet, porque mi época en Hospitalet la cerré cuando me marché. Y que solo volvería a la política activa si había alguna propuesta que me ilusionara y me motivara. Empecé conversaciones con Manuel Valls hace prácticamente dos meses y me fue desgranando su idea sobre Barcelona, Cataluña, España y Europa y fuimos coincidiendo. Sobre todo en la visión que tiene sobre Barcelona.

P.- ¿Qué le ofrece el proyecto de Valls que no le ofreciera el PSC?

R.- Cuando dejé el PSC no era porque no me ofreciera proyecto. En 2015 tomé una decisión personal de dejar las responsabilidades institucionales que tenía. Necesitaba oxigenarme de la política. Luego vino todo el procés y en esos momentos hubo puntos en los que, desde la lejanía, no me sentía cómodo y finalmente tomé la decisión de abandonar el PSC. Pero no guardo ningún rencor hacia el PSC, he formado parte de su historia, me siento muy orgulloso de ese paso por la política a través del partido socialista.

No hay diálogo fuera de la Constitución, ni siquiera para reformarla y contemplar el derecho de secesión»

P.- ¿Se siente más cómodo con el planteamiento de diálogo con la Generalitat de Pedro Sánchez o el rechazo de Albert Rivera, que lo considera una traición?

R.- El diálogo siempre está bien, no hay que descartarlo. Pero hay que hacer previamente una pregunta: ¿para qué? Hay que marcar muy bien los perímetros sobre los que cabe un diálogo. Desde mi punto de vista no hay diálogo fuera de la Constitución, ni siquiera para reformarla y contemplar el derecho de secesión. Estoy más en la línea de lo que defiende Albert Rivera que de lo que defiende Pedro Sánchez.

P.- Las elecciones en Barcelona van a ser muy disputadas, las encuestas hablan de un Ayuntamiento de nuevo muy fragmentado. ¿Le preocupa que los socialistas pacten con Ada Colau?

R.- Sabemos que hoy en día una mayoría absoluta es muy difícil. Nosotros vamos a las elecciones con la clara voluntad de ser la lista más votada, pero va a haber una posibilidad real de un gobierno entre populistas e independentistas, es decir, ERC y Colau. Los partidos deberían decir a los ciudadanos antes de las elecciones en qué dirección van a orientar su voto. Estaría bien que el PSC antes de las elecciones dijera si están dispuestos a repetir un tripartito en Barcelona. Espero que si somos la lista más votada los partidos del arco constitucionalista den apoyo a Valls para que sea alcalde.

P.- El veto de Albert Rivera a Pedro Sánchez y al PSOE encarece mucho el apoyo del PSC a su candidatura.

R.- El propio Valls ha defendido acuerdos con los partidos del arco constitucionalista. Las elecciones darán un mapa de diferentes variables, pero creo que son diferentes las elecciones generales de las municipales. Aquí contará el resultado final en el territorio, pero en este caso está clara la invitación de Valls al PSC.

Somos la alternativa real a la gestión de Ada Colau, los votantes tendrán que decidir si quieren cuatro años más de Colau con los independentistas»

P.- Aún así, un mes después de un eventual pacto de gobierno PP-Cs contra el PSOE será difícil obtener ese apoyo.

R.- No me atrevo a hacer ningún pronóstico sobre las generales. Lo único claro es que hay un 35% que no sabe lo que va a votar el 28-A. Habrá que esperar al 29 para ver el resultado y como mueven los partidos sus estrategias de pactos. Pero nosotros como plataforma de electores, unos con carné de partido y otros que no lo tenemos, haremos una campaña dirigida al ciudadano de Barcelona diciendo: somos una alternativa real a la gestión de Ada Colau. Tiene que decidir si quiere cuatro años más con Ada Colau y los independentistas en el Ayuntamiento o quiere un gobierno diferente, y quien mejor lo representa es Manuel Valls.

P.- En su presentación como candidato Valls destacó su apuesta por la proyección metropolitana de Barcelona, algo a lo que se resistió siendo alcalde de Hospitalet.

R.- Cuando hablamos de la proyección metropolitana no hablamos de invadir competencias municipales. Barcelona tiene que ejercer un liderazgo y tiene que hacerlo con la mirada en un territorio más amplio. Se tiene que implicar en la política de carácter metropolitano, es bueno para Barcelona y para el área metropolitana. Eso ha existido siempre, ha sido en los últimos cuatro años cuando se ha perdido esa mirada. No hay un relato metropolitano, no hay implicación y no se está ejerciendo un liderazgo. Cuando se habla de los grandes retos: infraestructuras, vivienda, comunicaciones… tiene que poner la mirada en la propia ciudad de Barcelona pero también va a repercutir en las otras ciudades.

P.- Cuando era alcalde de Hospitalet defendía el peso de su ciudad respecto a la gran Barcelona.

R.- Defendí la singularidad de Hospitalet, pero compartía mesa cuando hablábamos de la Línea 9, de la Fira, de la proyección de la Plaza Europa, o la Ciudad de la Justicia, y a la vez comentábamos el 22@, porque era consciente que esos proyectos no eran posibles sin una implicación de Barcelona. Y siempre supimos encontrar puntos de encuentro. La Fira es el producto del empecinamiento de Pasqual Maragall por ampliar el espacio y de mi compromiso como alcalde de Hospitalet para que se pudiera gestionar el espacio. De eso estamos hablando. Hoy tenemos una gran ventaja, ya tenemos un Área Metropolitana que ya tiene normativa y gobierno propio. Barcelona tiene que participar en esos órganos y hacerlo con espíritu de implicación y colaboración.

P.- ¿La seguridad va a ser uno de los ejes centrales de su campaña?

R.- Es un compromiso principal de Manuel Valls. Será un tema que liderará directamente él. La seguridad es uno de los principales problemas y uno de los temas prioritarios que hay que abordar. Me parece estupendo que sea el alcalde quien lo vaya a asumir en primera persona.

P.- ¿Cuánta de su experiencia como alcalde y ministro en temas de inmigración ha pesado en su fichaje por la candidatura de Valls?

R.- Como alcalde tuve que gestionar el fenómeno de la inmigración cuando llegó con fuerza, del 2000 al 2005. En Hospitalet pasamos de tener un 5% de inmigrantes al 40% en algunos barrios y eso impactó en el día a día de la ciudad. Lo gestionamos con políticas de mediación, de refuerzo de la escuela, pero también con políticas de disciplina en el espacio público. Luego tuve la responsabilidad como ministro de Trabajo e Inmigración e impulsamos un pacto por la inmigración entre Alemania, Francia y España que sirvió de referencia para las políticas de inmigración de la Unión Europea. Tengo cierta experiencia en ese tema. Acompañaré a Valls en esas políticas, porque él también conoce bien ese fenómeno, de su etapa como ministro de Interior.

En Barcelona no hay que confundir los problemas de mal uso de los espacios públicos con la inmigración»

P.- ¿Les preocupa cómo modular el discurso sobre la inmigración en un momento en el que Vox adquiere tanta fuerza con discursos anti inmigración?

R.- Cometeríamos un error si colocamos la inmigración como principal problema. En estos momentos los flujos de inmigración no tienen la velocidad y la fuerza que tuvieron en el 2000. Hay que tener altura de miras y hacer que la persona que llegó a nuestras ciudades pueda participar de una forma absolutamente normal de la vida de nuestra ciudad. El drama de la inmigración hoy en día se está viviendo en el mar, en las pateras, con tanta gente que pierde la vida. A eso hay que darle respuesta con una cooperación creciente en los países de origen, porque en definitiva es emigración económica y tiene que ver con las desigualdades.

En Barcelona no hay que confundir los problemas de mal uso de los espacios públicos con la inmigración. Cometeríamos un error si hacemos ese análisis. Lo que ha habido en Barcelona es una dejación de las responsabilidades del gobierno de la ciudad para hacer cumplir la disciplina en el espacio público independientemente del origen de quien ocupa ese espacio público.