El Congreso de los Diputados se parecerá muy poco al de la pasada legislatura tras las elecciones generales del 28 de abril. Según todas las encuestas, el Partido Popular no repetirá victoria, y ni mucho menos se acercará a los 137 diputados que consiguió en 2016. A ese resultado, o uno similar, sí que aspira el PSOE de Pedro Sánchez, que sin embargo viene de gobernar apoyado en sólo 85 asientos.

Las de 2019 serán los comicios que marcarán tendencia para Ciudadanos y Podemos, que en 2015 y 2016 compitieron casi como novatos pero ahora llegan consolidados como formaciones centrales del panorama político nacional. Los sondeos prevén que intercambien sus posiciones, pasando Ciudadanos a ser tercero y Podemos a ser cuarto. Lejos quedará la barrera de 70 años, y desterrada totalmente la idea del sorpasso al PSOE con la que Pablo Iglesias lanzó su campaña hace tres años.

Será tarea complicada para Podemos mantener el morado en las provincias en las que se impuso y que fortificaron su resultado de 2016: Cataluña y País Vasco. La fortaleza de ERC y PSC, y la consolidación del PNV, hacen difícil pensar en repetir ese escenario. Por lo general, la división de la derecha también cambiará el azul del PP por el rojo del PSOE en el resto del mapa electoral.

Una división de la derecha capitaneada por Vox, que irrumpirá por primera vez en el Congreso de los Diputados desde su fundación en 2014. El partido de Santiago Abascal, de hecho, se quedó en sólo 46.781 votos en las últimas elecciones generales, mientras que ahora aspira a superar los dos millones.

No será la única formación extraparlamentaria que aspira a romper con esa condición. El PACMA conserva opciones de conseguir un escaño en Madrid o Barcelona y otros partidos, como el gallego BNG, tienen posibilidades reales de recuperar presencia en la política nacional tras años de ausencia.