Podemos renuncia a sus bastiones municipales y se desmarca de los llamados Ayuntamientos del cambio. Desde 2015 la formación ha exhibido con orgullo estos consistorios, que suponen la única experiencia de gobierno y gestión que tiene el partido. Pero en los últimos meses el escenario ha cambiado y el partido de Pablo Iglesias ha roto los puentes con la mayor parte de estos proyectos. Iglesias fracasó en su intento de imponer su marca en Madrid y rompió con la alcaldesa Manuela Carmena. Ahora este movimiento se está replicando en todo el territorio nacional en un efecto dominó del que pocos municipios se salvan.

Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Ferrol, Santiago de Compostela, A Coruña o Cádiz fueron ciudades en las que hace cuatro años se impuso la opción del cambio. Podemos no se presentó entonces como tal, sino que respaldó las candidaturas de confluencia. El partido da ahora la espalda a estas plataformas una vez rotos casi todos los acuerdos que le llevaron a los gobiernos municipales y tras el divorcio de Iglesias con sus principales aliados como Compromís, En Marea o IU en lugares clave como en la Comunidad de Madrid.

De los ocho ayuntamientos de los que Podemos ha presumido esta legislatura, sólo conserva tres: el de Ada Colau -a cambio de cederles le marca y el control total de la candidatura-, el de Santiago, con Martiño Noriega al frente, y el de A Coruña con Xulio Ferreiro. En estas provincias gallegas se mantiene la alianza con Podemos bajo las marcas Compostela Aberta y Marea Atlántica, prácticamente las únicas que han sobrevivido desde 2015.

En octubre de ese año, antes de presentarse a sus primeras elecciones generales, Podemos presumía en las redes sociales de la buena acogida de sus alcaldes y exponía a Carmena, a Colau y a Joan Ribó, alcalde de Valencia. A día de hoy, sólo queda la edil de Barcelona. Curiosamente, una cuenta oficial de Izquierda Unida le respondía con un reproche: «Ninguna de esas tres personas son de vuestro partido, pero ok». Cuatro años después, Podemos endurece las exigencias para integrarse en estos proyectos, con un resultado de quiebra total en el ámbito municipal.

En los últimos meses Iglesias ha tratado de aumentar su control sobre todas las candidaturas; para ello lanzó el pasado abril una consulta que blindaba el nombre de Unidos Podemos a todos los niveles, salvo en aquellos lugares donde la marca está ya consolidada. Una consideración que da margen para el arbitrio de la dirección del partido, que por ejemplo ha rechazado otorgar este privilegio a marcas aparentemente consolidadas como la de Carmena. La líder andaluza, Teresa Rodríguez, tampoco acató las órdenes de la ejecutiva y, tras un largo pulso con la dirección, bautizó a su candidatura ‘Adelante Andalucía’, el mismo nombre que adoptará el alcalde de Cádiz, José María González ‘Kichi’, adoptará para revalidar el ayuntamiento.

La alcaldesa de Madrid rechazó las «imposiciones» de Podemos en sus listas y Pablo Iglesias dio la orden directa de romper las negociaciones y lanzar sus propias primarias. Los concejales morales que gobiernan junto a Carmena abandonaron el proceso para evitar legitimar unas votaciones que no se habían hecho en consonancia con la primera edil. La ejecutiva de Podemos anunció la expulsión de estos concejales sin advertir siquiera al líder autonómico madrileño Ramón Espinar, en desacuerdo con estos movimientos. Tras la ruptura Carmena lanzó Más Madrid junto a Iñigo Errejón. Una marca municipal y autonómica que Podemos apoyará en el ayuntamiento y con la que rivalizará en la Comunidad. Y una candidatura que también le come la tostada a Podemos en los principales municipios de Madrid, como Alcorcón, Rivas, Collado Villalba, Leganés, Getafe, Valdemoro o San Fernando de Henares.

En Zaragoza ocurrió una situación similar: Podemos trata de imponer su marca y, al no conseguirlo, decide romper e ir por separado a los comicios. En 2015 fue elegido alcalde Pedro Santisteve, de Zaragoza en Común (ZeC), plataforma entonces apoyada por Podemos. Pero el partido de Iglesias ha intentado en los últimos meses imponer sin éxito su modelo de primarias. Al no conseguirlo, decidió desmarcarse de la confluencia para ir a las elecciones en solitario. Algunos críticos de Podemos se han incorporado al proceso de primarias de ZeC, aunque podrían enfrentarse a la expulsión, tal como les ocurrió a los concejales de Madrid.

En el ayuntamiento de Valencia, Iglesias también ha roto puentes con el alcalde Joan Ribó. El idilio entre Compromís y Podemos ha saltado por los aires en los últimos meses y ambas formaciones se enfrentarán en las urnas el 26 de mayo. Las formaciones valencianas confían en no perder ningún voto y que todas ellas superen la barrera del 5% para poder sumar en pactos post electorales.

Después de romper con Carmena en Madrid, con Santisteve en Zaragoza y con Ribó en Valencia, ahora llega el turno de Ferrol, donde en 2015 llegaron al Gobierno municipal con la plataforma Ferrol en Comú y con Jorge Suárez de alcalde. El partido de Pablo Iglesias tampoco concurrirá el 26 de mayo en la candidatura del primer edil, según avanzó La Voz de GaliciaPodemos decidió no integrarse en la candidatura que ganó en 2015 pero tampoco concurrirá a las municipales para no fragmentar el voto. Así lo decidió la asamblea local de la formación entre reproches a Ferrol en Común, que rechazó el intento de Podemos de controlar la plataforma.