Hace unos años, la Convergencia de Jordi Pujol se vanagloriaba de ser el pal de paller, el eje central de la política catalana. Sin embargo, tras cinco años de proceso independentista el partido que más banquillo demuestra, y que de forma más diversificada ocupa nuevos espacios políticos, es el PSC. Los socialistas catalanes fueron los primeros en sufrir los efectos del procés con un cisma interno que diezmó el partido. Ahora, sus antiguos cabezas visibles protagonizan actos de Ciudadanos, JxCat y, por supuesto, ERC, donde Ernest Maragall ha encontrado la vía para ocupar de nuevo una conselleria y ahora aspira a suceder a su hermano con alcalde de Barcelona.

Este martes, su compañera de gobierno y ex consellera de Sanidad socialista, Marina Geli, ha sido la protagonista del acto de campaña de JxCat destinado, básicamente, a demostrar que «los socialistas no son de fiar». Sólo un día antes, el ex ministro socialista Celestino Corbacho protagonizaba la campaña catalana de Cs recorriendo el centro de Cornellà -bastión socialista del cinturón de Barcelona- de la mano de Carina Mejías y Celestino Corbacho. Maragall, Geli y Corbacho compartían ejecutiva del PSC cuando el socialismo catalán gobernaba la Generalitat, los principales ayuntamientos de Cataluña y contaba con el apoyo de José Luis Rodríguez Zapatero desde La Moncloa.

 

Para Míriam Nogueras asegura que es difícil confiar en el PSOE porque «los años han demostrado que no se puede negociar» con ellos.  Se refería a la negociación de un referéndum de autodeterminación, que Geli exigió como irrenunciable, recordando a su ex compañera, Meritxell Batet, que el programa del PSC de 2012 recogía esa opción. «Yo estaba y fui una de las que lo redactó. ¡Qué regresión!», se exclamó la ex dirigente socialista, para concluir preguntando a la actual dirección socialista si «¿Quieren ser los socialistas de Suresnes, el de 2012 o el de la vía judicial y represiva? Todo el mundo sabe, y ellos también quiero pensar, que solo hay una vía, la vía política».

Un discurso muy similar al utilizado por Ernest Maragall para explicar su salida del PSC -muy marcada por la mala gestión que hizo el partido de la enfermedad de su hermano- y su alianza con ERC, primero vía coalición con el partido que él mismo creó, y desde hace unos meses como militante republicano. Maragall, como Geli, asegura que es el PSC el que se ha movido, abandonando la defensa del derecho a la autodeterminación que el partido defendía en los primeros años de la transición, o la apuesta por el referéndum del programa de 2012.

Celestino Corbacho no ha llegado a tanto. Evita ser él quien critique a sus ex compañeros, pero se ha comprometido a participar «en todos los actos de Cs a los que me inviten». Actos como los del lunes, en el que Carina Mejías recriminó a los socialistas catalanes su acercamiento a los independentistas. Corbacho no oculta que su distanciamiento del socialismo catalán responde también a esa tibieza frente al nacionalismo que los sectores más ligado al PSOE del socialismo catalán recriminan al partido en Cataluña. De hecho, en su momento algunos llegaron a sondearlo para recuperar la federación catalana del PSOE, operación que nunca se concretó.

Mención aparte merece Toni Comín, un auténtico saltimbanqui de la política catalana. Inició su carrera como uno de los impulsores de Ciutadans pel Canvi, la plataforma de apoyo creada por Pasqual Maragall cuando preparaba su asalto a la Generalitat. Su padre, Alfons Comín, había sido uno de los históricos dirigentes del socialismo catalán en los últimos años del franquismo, y Comín supo aprovechar ese prestigio. Tras dos legislaturas como diputado autonómico por el PSC, partido al que nunca se afilió, dio el salto a ERC, también como independiente. Ahora ostenta el acta de diputado como republicano, pero se ha integrado en la candidatura de Carles Puigdemont a las elecciones europeas.