Tres señoras con lazo amarillo miran de reojo la carpa del PSC de camino a mercado de Sant Adrià del Besós. No ocultan su desagrado. Pero en esta ciudad de la conurbación de Barcelona se saben en franca minoría. Sant Adrià, como Santa Coloma o l’Hospitalet son territorio socialista. Solo Badalona amenaza con escapar al cinturón rojo que extiende sus poder al norte de Barcelona gracias al personalísimo liderazgo local de su ex alcalde popular, Xavier García Albiol. No es el caso del mercado escogido por Meritxell Batet para hacer «campaña de piel» a la antigua usanza, como se hacía cuando empezó en politica de la mano de Narcís Serra.

Un vendedor ambulante se acerca con camisas de hombre «para el partido del guapetón». En la era de la imagen, Pedro Sánchez y Meritxell Batet son valores seguros. «Qué guapa sales en la tele» será una de las frases que más oiga la candidata por Barcelona en su paseo matinal. Solo superado por los mensajes de ánimos: «mucha fuerza», » a por ellos». En el mercado de Sant Adrià hay mucho socialista de toda la vida, vendedor y comprador de la vieja escuela que todavía recuerda los mítines de Felipe.

Ni PP ni independentistas

A todos ellos da garantías la candidata socialista de que el PSOE es la unica formación capaz de plantar cara a la derecha y al independentismo. Aunque el  discurso político lo reserva para los medios, que esperan al final de la visita. «Hay partidos que proponen un 155 hoy, esto sería inconstitucional» advierte Batet en respuesta a PP y Cs. «Es un artículo absolutamente excepcional que se aplicó porque se produjo una ruptura del marco constitucional», recuerda, «pero no estamos en absoluto en ese escenario y en el marco actual no tiene sentido un 155».

A Esquerra, Batet le advierte que «hemos sido muy claros, el derecho de autodeterminación no existe en nuestro país y además no sirve para resolver el problema, mientras haya un Gobierno socialista no se va a producir un referéndum de autodeterminación, lo ha dicho con claridad el presidente del Gobierno y los independentistas saben que esto no va a pasar». «Si esa va a ser una condición va a ser muy difícil que voten una investidura».

«Sé que el resultado en votos» de visitas como la de esta mañana de mercado es mínimo, dice Batet, «pero me dan mucha fuerza». Asegura esta mujer menuda y con fama de tímida que le encanta este ejercicio de «política a la antigua», le gusta el contacto de la gente que habitualmente sólo tienen los que hacen política local, a la que ella nunca se ha dedicado. «Me gusta hablar con la gente, y sobre todo, escucharlos». Todos tienen una historia que explicar, como el paradista que enseña orgulloso el paquete de Pavofrío en su primer día de dieta, o el votante de toda la vida que le recuerda que «viví la guerra de niño» y no tiene dudas sobre el sentido de su voto.

«Pero por Dios, no pactéis con Ciudadanos, pactad con la izquierda», le advierte una vecina. El electorado fiel también tiene exigencias, mucho más centradas en pensiones y sueldos que en la batalla territorial. En el corazón de la Cataluña socialista la batalla territorial parece secundaria, aunque alguna vecina le confiesa que votará a Pedro Sánchez sin dudarlo, «pero mi alcaldesa -Nuria Parlón- no me gusta tanto». Las aproximaciones al nacionalismo también tienen costes.

Sin tensión

La candidata socialista no ha experimentado, sin embargo, las presiones y escraches que sufren algunos actos del PP y Cs. Batet asegura que ni siquiera se ha encontrado ninguna recriminación demasiado agria durante estos paseos de campaña que ya la han llevado por el centro de Girona, Lleida y Tarragona. «No en campaña» cuando va bien rodeada y los encuentros están pautados, pero sí antes, paseando por su ciudad. Entonces el tema sí es la crisis territorial, y las recriminaciones tienen a los procesados por el 1-O en el centro.

Aún así, Batet asegura que no es la exposición pública lo que más le pesa del cargo de ministra. Estar en el Gobierno, advierte, «es un privilegio, nunca me lo hubiera imaginado». Pero también reconoce que la responsabilidad pesa casi tanto como la oportunidad «de hacer cosas». Esas cosas entre las que para Batet son prioritarias las políticas sociales, aunque no puede evitar el cartel de «negociadora» con la Generalitat con la que llegó al Gobierno.

Asegura que ese papel, y el discurso duro que por contraste maneja Josep Borrell, no han provocado roces con su compañero de gabinete. «Tenemos muy buena relación» asegura, aunque reconoce que no comparte alguna de las expresiones del titular de Exteriores. La unidad es absoluta en el fondo, pero no siempre coincide en la forma. «de todas maneras», asegura, «hablamos más de otras cosas, principalmente del Servicio Exterior».

«Hacienda y Administraciones Públicas somos los ogros del Gobierno» explica entre risas para referirse a las peticiones de medios humanos y materiales que llegan de todos los ministerios y la dificultad para conjugarlos.

Entre las cosas que echa de menos de su vida anterior a la entrada en el Gobierno figura la experiencia como profesora asociada de Derecho Constitucional en la Universidad Pompeu Fabra. Un papel que le recuerdan los ex alumnos que «siempre aparecen» como en este paseo por el mercado. Han sido veinte años, «los últimos sin cobrar» aclara, por las incompatibilidades autoimpuestas por el PSOE, que le obligaron a reformular su relación laboral con la UPF, «no podía tener un contrato sin cobrar, el esclavismo ya lo abolimos» bromea.

Sigue el paseo por el mayor mercado ambulante de Cataluña y un vendedor le explica que años atrás conoció a otra ministra, la desaparecida Carme Chacón, en un paseo como ese. Las paradas, bien seleccionadas por los regidores de Sant Adrià que guían la comitiva, no ofrecen dudas sobre el color político de los escogidos.