El Partido Popular se dejó casi cuatro millones de votos en las elecciones del pasado domingo respecto a los comicios de 2016. Una debacle histórica que desangró el apoyo hacia los de Pablo Casado, que sólo consiguieron ser primera fuerza en Melilla. Y aún así, el PP perdió un 40% de fuerza electoral en uno de sus principales bastiones.

La abstención, la pujanza de Ciudadanos y la fuerte irrupción de Vox hundieron a un PP que trata de recolocarse a marchas forzadas de cara a las autonómicas y municipales del 26 de mayo, en las que aspira a recuperar buena parte del poder regional y local que PSOE y Podemos le arrebataron en el año 2015. Nadie en el PP puede sacar pecho por los resultados del 28-A, aunque es cierto que algunos territorios resistieron mejor que otros.

Los datos contrastan claramente el 57% de votos que perdió el PP catalán, encabezado en Barcelona por Cayetana Álvarez de Toledo, apuesta personal de Pablo Casado, y el 31,23% que se dejó el PP en Galicia. Alberto Núñez-Feijóo salió en la misma noche electoral para subrayar que ‘su’ PP había conseguido contener a Vox, que no obtuvo representación en Galicia, y consiguió 9 diputados, siete más que Ciudadanos. Lo cierto es que el desempeño del PP en la comunidad, donde logró más del 27% de votos, fue uno de los pocos factores que lograron evitar el sorpasso que habría impulsado definitivamente a Ciudadanos y Albert Rivera.

Feijóo toma posiciones a nivel nacional apoyado en unos resultados que, pese a la debilidad, destacan sobre una caída que fue prácticamente uniforme en toda España, alrededor del 45%. Dos puntos arriba o abajo fue lo que se dejó el PP en plazas fuertes como Valencia, Murcia o Madrid, pero también en Asturias, Baleares, Aragón, Extremadura, Andalucía o Castilla-La Mancha.

Son datos preocupantes, especialmente con el horizonte de las elecciones autonómicas en menos de un mes. El bloque del centro-derecha parte con buenas opciones de ganar el poder en muchas de esas plazas, pero el PP corre serio riesgo de quedar descabalgado como primera fuerza de ese espectro ideológico. Es el caso en Madrid, Aragón o incluso Murcia. Y estuvo muy cerca de suceder en Valencia hace siete días.

Feijóo no tendrá segunda vuelta en la que probar su fortaleza porque Galicia no celebra elecciones autonómicas. En el resto de territorios que resistieron mejor que la media, el PP no tiene demasiado que ganar: puede revalidar la presidencia de La Rioja y de Castilla y León, pero en Melilla está amenazado por Coalición por Melilla y en las municipales del País Vasco, como se demostró el 28-A, no aspira prácticamente a nada.