Manuel Valls es la gran novedad de las elecciones municipales en Barcelona, también la más controvertida. El ex primer ministro francés se implicó a fondo en la batalla del constitucionalismo contra el procés. Fue protagonista junto a Mario Vargas Llosa y Josep Borrell de las grandes manifestaciones vividas en Barcelona tras el 1-O en contra de la independencia, y tras las elecciones autonómicas de 2017 que volvieron a dar la mayoría del Parlament al independentismo, mantuvo esa implicación hasta formalizar el pasado verano su candidatura a la alcaldía. «Barcelona no puede caer en manos del independentismo, esto no es solo una batalla de ciudad, es una batalla de España y de toda Europa» no ha dejado de repetir desde entonces.

Su intención, sin embargo, era crear una candidatura transversal que agrupara a todo el constitucionalismo. Es decir, a Cs, PP y PSC en una candidatura imbatible en Barcelona. Pero el apresurado anuncio de su interés por la alcaldía y la rápida reacción de Albert Rivera, que se atribuyó el candidato para Cs, cerraron la puerta a la entrada de los otros dos grandes partidos. Y su proyecto está sufriendo los costes de esa división del constitucionalismo, lastrado además por el apoyo a Colau en los barrios más populares y poblados de Barcelona.

Convencido europeísta, Valls defiende además que su candidatura en Barcelona tras su larga carrera política en Francia, es una oda a la unidad europea en un momento en el que la UE sufre la presión del euroescepticismo auspiciado por una extrema derecha en auge.

Pero sus rivales han aprovechado esta larguísima precampaña de nueve meses para castigar su imagen con un argumento central: su aterrizaje desde la política francesa. Han sido meses presentándolo como un «paracaidista» que vuelve a su ciudad natal tras recibir el enésimo portazo de la política en Francia, el de Emmanuel Macron, tras haber perdido las primarias del Partido Socialista francés. Señalan además su gestión como ministro del Interior, especialmente la polémica expulsión de 5.000 gitanos rumanos de Francia, y su alianza con Cs para negar que represente una opción progresista.

Su carácter orgullosamente francés tampoco ha facilitado su entrada en la alta sociedad barcelonesa, a pesar de que Ada Colau le etiquete constantemente como el candidato de las «élites». Valls habla sin tapujos ante el empresariado catalán de su responsabilidad por omisión en el auge del independentismo. Y no es la mejor manera de ganar apoyos.