Ada Colau ha dado hoy portazo la posibilidad de un tripartito de izquierdas en el Ayuntamiento de Barcelona, la fórmula que ha servido hasta ahora a los comunes para seguir especulando con la posibilidad de pactar con socialistas y republicanos con Colau como alcaldesa. En un comunicado emitido esta tarde por BComú, el partido de la alcaldesa constata la imposibilidad de reeditar el tripartito, un día después de que el candidato de ERC y ganador de las elecciones, Ernest Maragall, se ofreciera a reunirse con socialistas y comunes, Colau y Collboni, para explorar la posibilidad de la coalición de izquierdas.

Era el último cartucho de Maragall para intentar evitar que la jugada orquestada por el PSC y Manuel Valls -tres de sus seis regidores son fundamentales para llegar a la mayoría absoluta en primera votación este sábado- haga de nuevo alcaldesa a Colau para frenar un Consistorio independentista. La dependencia de esos tres votos de Valls ha sido el gran argumento que los republicanos -y toda la órbita política y mediática independentista- han utilizado para atacar el pacto Colau-Collboni, asegurando que las bases ecosocialistas no perdonarán a la alcaldesa su alianza con el candidato de Cs. Por eso Colau ha mantenido vivo el argumento del tripartito de izquierdas, pese a que tanto Maragall como Collboni han insistido en que era inviable.

Esta tarde, el partido liderado  por Ada Colau ha reconocido en un comunicado que tras las reuniones de su equipo negociador con ERC y el PSC “constatan que la opción de un gobierno de los tres partidos está descartada”, y mantiene su candidatura, con el apoyo principal del PSC.  “Todos los votos que vengan, bienvenidos sean” apuntaba Colau el domingo al ser preguntada por el apoyo de Manuel Valls.

Los comunes han resaltado que el PSC está dispuesto a sumar por la investidura de la alcaldesa en funciones, mientras que ERC “ha manifestado que continúa presentando a la investidura a su candidato”, Ernest Maragall. “Este marco de vetos cruzados y la responsabilidad de defender políticas nos impulsan a presentar la candidatura de Ada Colau a la Alcaldía”, como aprobó el pleno de BComú el pasado viernes, ha destacado.

Si Colau obtuviera los votos de los diez ediles de BComú y los ocho del PSC, sólo necesitaría tres más para ser investida alcaldesa, y el líder de BCN Canvi-Cs, Manuel Valls, ya le ofreció los de su grupo municipal. De sus seis regidores, Valls, Celestino Corbacho y Eva Parera estarían por la estrategia marcada por el ex ministro francés, mientras los regidores de adscripción naranja: Mariluz Guilarte, Marilén Barceló y Paco Sierra, respetarían la consigna fijada por la dirección nacional del partido en contra de votar a Colau. El grupo de Valls, por tanto, podría acabar dividido antes incluso de comenzar la legislatura.

Consulta pendiente

La coordinadora de Barcelona en Comú se ha reunido esta tarde para analizar las reuniones del equipo negociador, aunque en los últimos cuatro días solo ha habido cruce de mensajes, pero no sesiones de trabajo ni con ERC ni con el equipo socialista. La decisión adoptada hoy cierra la puerta a Esquerra, con el argumento de que los republicanos mantienen la candidatura de Maragall a la alcaldía, y abogan por un pacto con el PSC para que Colau conserve el bastón de mando de la ciudad y seguir implementando así las “políticas de cambio” impulsadas los últimos cuatro años.

Sin embargo, la investidura de Colau debe superar todavía un último escollo. Para llegar a un pacto de gobierno con el PSC, como exigen no sólo los socialistas, sino también Manuel Valls, los estatutos de Barcelona en Comú exigen una consulta con la militancia. El pasado viernes, la asamblea abierta de lo Comunes aprobó por abrumadora mayoría la candidatura de Colau a la investidura, pero la decisión sometida a las bases no hablaba de un gobierno de coalición con el PSC, sino de buscar el apoyo de socialistas y republicanos.

Colau puede obviar este trámite comprometiéndose con el PSC a una futura coalición de gobierno tras la investidura de este sábado. Pero tanto los socialistas como Valls han dejado claro en los últimos días que no firmarán cheques en blanco.