La mejor señal de hasta qué punto ha abandonado Cs su plaza catalana es el modo en que se anunció el proceso de primarias en Cataluña para escoger a su próximo candidato a la presidencia de la Generalitat: el secretario de general del partido, José Manuel Villegas, anunció en Madrid el pistoletazo de salida al proceso, activado con un Consejo Ciudadano telemático. Un mero formulismo activado el miércoles para poder oficializar las candidaturas el jueves con una única candidata: Lorena Roldán, la «sucesora» designada por Inés Arrimadas desde meses antes de su marcha a Madrid.

Anuncio el lunes, consejo el miércoles y cierre de candidaturas el viernes. Un proceso relámpago que no justifica la inminencia de unas elecciones en Cataluña -hoy por hoy es más probable la repetición de elecciones generales– pero sí el desconcierto en el que ha quedado sumido el partido en esta comunidad tras la desbandada de dirigentes naranjas a Madrid con ocasión de las elecciones generales, y la división interna posterior provocada por la estrategia de pactos seguida por la dirección.

En Cataluña nadie entre las bases se explica las prisas, que han molestado sobremanera entre unos cuadros en los que la sensación de desánimo es generalizada. Pocos cuestionan abiertamente la candidatura de Lorena Roldán, pero entre las bases escuece el modo en que ha sido escogida, por designación de la dirección nacional, y la corta trayectoria de la diputada y senadora en comparación con otros dirigentes del partido de larga trayectoria en Cs.

Otros once militantes han presentado candidatura y tienen hasta el próximo miércoles para hacer campaña entre los afiliados. Las votaciones empezarán entonces y se prolongarán hasta el miércoles, pero pocos dudan que de que Roldán será la escogida. También Arrimadas se batió con once rivales en las primaras para encabezar la candidatura al Congreso -de hecho dos nombres se repiten- que no tuvieron ninguna opción ante la candidata oficial.

«Cs nació en Cataluña con la promesa de no convertirse en un partido sucursalista», recuerdan con ironía en estos ámbitos, en los que escuece ver como se ha solventado la sucesión de Arrimadas tras la fuga de dirigentes al Congreso, con la propia portavoz y el ex vicepresidente del Parlament, José María Espejo Saavedra, a la cabeza. En los chats internos del partido se recuerda además su «pecado original»: la fotografía de Roldán, barretina en ristre, participando en la «vía catalana» organizada por ANC y Òmnium en 2013.

Martín Blanco cede el turno

Entre ese entorno crítico han sonado en las últimas semanas nombres alternativos al de Roldán, básicamente el actual presidente del Grupo en el Parlament, Carlos Carrizosa, y el diputado Nacho Martín Blanco, aunque ninguno de ellos ha querido entrar en una carrera incierta, cuyo final prácticamente seguro es la pérdida de votos y escaños de Cs en las próximas elecciones catalanas.

“Descarto rotundamente presentarme a estas primarias, estoy muy contento con mi papel en el grupo parlamentario y estaré a disposición del partido para lo que convenga» aseguró Nacho Martín Blanco el martes, cuando su nombre empezó a sonar con fuerza en algunos mentideros. El diputado protagonizó la rueda de prensa en el Parlament en una comparecencia que parecía buscada para desmentir los rumores que le situaban en la carrera por la candidatura y aseguró sentirse «cómodo» con el proyecto de Cs. «Daré apoyo al candidato o candidata que salga de las primarias» aseguró tras reafirmar su compromiso con el constitucionalismo y «la unidad de España».

Era el candidato preferido por los sectores más críticos con la dirección actual, identificados con Jordi Cañas. Pero el propio Cañas estaba ya descartado tras ser elegido eurodiputado, una plaza en la que espera crecer en los próximos cinco años. Solo después se plantearía regresar para plantar batalla en Cataluña.

Ahora se ha impuesto el criterio de Arrimadas y Villegas, quien en el lunes avanzó que Roldán «sería una gran candidata» tras elogiar su papel en el Senado. De hecho, su designación como senadora autonómica de Cs fue el primer paso en su «lanzamiento» como sucesora de Arrimadas, a principios de 2018. La líder naranja había obtenido un resultado espectacular en Cataluña, pero ya se vislumbraban las dificultades para gestionar esa victoria engañosa, y Arrimadas empezaba a barajar la posibilidad de dar el salto a la política nacional. Su propia designación como portavoz nacional del partido fue el primer paso.

Malas perspectivas electorales

Los resultados de Cs en el último ciclo electoral en Cataluña avalan esos temores. En las elecciones municipales, los naranjas recibieron 176.330 votos en Cataluña, el 5,1%, que se han convertido en 223 regidores. Unas cifras muy inferiores a las expectativas creadas por el partido en Cataluña. En las generales, Cs se convirtió en la quinta fuerza por detrás de ERC, PSOE, Podemos y JxCat. La misma posición que en 2016, pero muy lejos del primer lugar y más de un millón de votos obtenido por Arrimadas, que repetía como cabeza de lista, en las autonómicas de diciembre de 2017.

Los últimos sondeos publicados confirman esa caída también en el escenario de unas elecciones catalanas. La última, publicada por El Periódico la semana pasaba, refleja una caída de Cs a la cuarta posición, perdiendo la mitad de los votos obtenidos tras la declaración unilateral de independencia. Los naranjas caerían hasta el 16,5% de los votos y 22-23 escaños (ahora tienen 36). Serían 8,8 puntos menos que en las últimas elecciones y cinco puntos menos que hace cinco meses. Solo la mitad de los votantes del Cs en el 2017 repetirían hoy su apoyo, y el 15,4% escogería la papeleta del PSC.