Cuarta fuerza en el Ayuntamiento de Barcelona y ni una alcaldía en toda Cataluña. El balance de Cs en las elecciones locales ha sido decepcionante para la fuerza que hace sólo un año y medio ganó las elecciones autonómicas con un millón de votos. Los naranjas recibieron el domingo 176.330 votos, el 5,1%, que se han convertido en 223 regidores. Unas cifras muy inferiores a las expectativas creadas por el partido en Cataluña.

Especialmente, teniendo en cuenta la caída del PP en esta comunidad. Los populares han presentado la mitad de candidaturas en estas elecciones respecto a 2015, el camino inverso que ha seguido Cs, que ha duplicado listas. Pero el resultado no se traduce en más poder local para el partido de Albert Rivera, al que su gestión de la victoria del 21D -cuando Inés Arrimadas rechazó presentarse a una investidura para visualizar su victoria- y la desbandada de cargos electos desde el Parlament al Congreso de los Diputados le está pasando factura.

La propia Arrimadas lo reconocía ayer tras la reunión de la ejecutiva del partido, aunque eludió hacer autocrítica. La portavoz y ex líder de Cs en Cataluña destacó el incremento de concejales, «de 176 a 238 concejales, un 34% más», ha señalado en rueda de prensa en la sede de Cs tras la reunión del Comité Ejecutivo. Aunque es cierto que Cs ha logrado aumentar el número de concejales en esta comunidad respecto a 2015, cuando obtuvo 176, ha caído en número de votos totales (casi 54.000 menos) y en porcentaje, del 7,43% al 5,11%.

El PP sí tiene alcaldías

El dato más significativo, sin embargo, es la falta de poder real que otorgan esos 223 regidores. Mientras, el PP retiene su única alcaldía en Cataluña, la de Pontons, y ha ganado también en Badalona, Castelldefels y Gimenells, donde es el primer partido aunque necesitará pactar con los socialistas para evitar un nuevo pacto de todos contra los populares que los expulse de esos gobiernos locales como en 2015.

Cs, por contra, no gana en ninguna alcaldía. Y tiene difícil repetir su participación en el gobierno local de Lleida, donde ERC se convirtió en primera fuerza por menos de un centenar de votos. Los socialistas empatan a siete regidores con los republicanos, pero Cs ha perdido también un regidor mientras la suma de Esquerra y JxCat se queda a un edil de la mayoría absoluta. Un pacto de gobierno más que probable que teñirá también de amarillo independentista la capital del Segre, el único gobierno local de peso en el que participaban los naranjas.

El estancamiento en la comunidad de origen del partido ya se pudo ver en las elecciones generales del pasado 28A, cuando Cs obtuvo cinco diputados en esta comunidad, los mismos que en 2016, y no llegó al medio millón de votos. El crecimiento exponencial conseguido por el partido tras el 1-O, cuando Cs se presentó como la opción más viable para frenar al independentismo, se fundamentó en gran manera en su expansión en Barcelona y su área metropolitana.

Pero tras los pactos de gobierno de Albert Rivera con el PP y Vox en Andalucía, ese voto prestado ha vuelto ahora con fuerza a los socialistas, que se sitúan como segundo partido de Cataluña.

Arrimadas defendió ayer que no se pueden comparar los resultados que obtuvieron en las autonómicas de 2017 con los de unos comicios municipales como los del pasado domingo. «No podemos confundir diferentes elecciones» porque «son diferentes», ha dicho, añadiendo que hacer esta comparación sería «asumir el marco mental de los partidos independentistas».

Valls, la mayor decepción

Aunque sin duda la cuarta posición de Manuel Valls en el Ayuntamiento de Barcelona ha sido la mayor decepción de Cs. La operación orquestada hace diez meses para recuperar precisamente ese gran apoyo a Cs en la capital catalana, en la que ganaron en 2017, ha fracasado por la incapacidad de presentar la plataforma transversal del constitucionalismo con la que soñaba el primer ministro francés, y por la amenaza de «cordón sanitario» lanzada por Rivera a los socialistas.

Respecto a Barcelona, Arrimadas destaca el crecimiento en número de votos, dos puntos más, y en un concejal. Pero la operación Valls aspiraba a frenar al independentismo en la capital catalana y ganar el gobierno local para Ciudadanos, con un aumento similar al que finalmente han obtenido los socialistas, empujados por el viento de cola de la victoria del PSOE en las generales.

Para Arrimadas, sin embargo, la victoria de ERC en Barcelona «debería hacer reflexionar al PSOE» sobre sus «políticas de apaciguamiento» del independentismo. «Ceder ante los nacionalistas, prometer indultos y decir que los que crispan son los constitucionalistas no es una buena estrategia». Mientras, Valls sigue en silencio, tras haber reconocido el domingo abiertamente que su proyecto para Barcelona había fracasado.

El ex primer ministro francés hizo sin embargo dos advertencias. La primera, que no renunciará a la política local en Barcelona. Y la segunda, que si Cs pacta con Vox en Madrid, se sentirá liberado para pactar con quien considere en Barcelona al margen de la estrategia del partido. Una advertencia que abriría la puerta a la maniobra que acarician los socialistas, hacer alcalde a Jaume Collboni en alianza con los Comunes y el apoyo de Cs.