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Xenofobia ultra en Alemania tras la muerte de un niño empujado al tren por un eritreo

La extrema derecha acusa al Gobierno de Merkel de no hacer nada por evitar estos delitos con su política de puertas abiertas

Flores, peluches y velas rinden homenaje al niño empujado a la vía del tren en Fráncfort.

Flores, peluches y velas rinden homenaje al niño empujado a la vía del tren en Fráncfort. EFE

«El país está polarizado. La población reclama seguridad… pero no podemos ni explotar ni minusvalorar los crímenes cometidos por inmigrantes». Son las palabras de Horst Seehofer, ministro alemán del Interior que ha suspendido sus vacaciones por un crimen que tiene a Alemania en vilo. Seehofer ha prometido mayor seguridad en las estaciones ferroviarias, después de que un hombre de origen eritreo afincado en Suiza empujara el lunes a las vías en Fráncfort a un niño de ocho años y a su madre poco antes de que pasara un tren de alta velocidad. La madre pudo ponerse a salvo pero el crío murió arrollado. La ultraderecha ha atizado el fuego de la xenofobia sin pudor.

Alternativa para Alemania (AfD), que entró por primera vez en el Parlamento federal alemán en las elecciones de 2017, resaltó el hecho de que el sospechoso, identificado por la policía como Habte Araya, fuera eritreo, a pesar de que llevaba instalado en Suiza desde 2006. Alice Weidel, colíder de AfD, mantiene que el crimen es la última prueba de que el Gobierno de Angela Merkel ha puesto el país en peligro con su política de puertas abiertas con los refugiados. Sin embargo, Araya no era un refugiado en Alemania sino un ciudadano suizo, nacido en Eritrea, con problemas psicológicos.

«El horror de este crimen es insuperable… ¿Qué más tiene que pasar? Hay que proteger de una vez por todas a los ciudadanos de este país en lugar de mantener esa cultura de puertas abiertas», escribió Weidel en su cuenta de Twitter.

El niño y su madre estaban esperando al tren en la estación de Fráncfort para pasar sus vacaciones en Austria. De repente, un hombre les empujó a las vías. El sospechoso intentó huir pero los pasajeros que presenciaron los hechos lograron detenerle, con ayuda de un policía fuera de servicio, que fue quien finalmente logró reducirle. Afronta acusaciones de asesinato e intento de asesinato.

Desde el lunes, cientos de personas se han acercado al lugar donde falleció el niño para rendirle homenaje. Han dejado flores, peluches, velas y bombones en el andén 7, desde donde fue arrojado el crío. El martes por la noche cientos de personas se congregaron en la estación de Fráncfort para asistir a un acto religioso en apoyo a la familia. Unas 50 personas de ultraderecha se congregaron en las inmediaciones de la estación para recriminar a los políticos su pasividad.

Un diputado de los Verdes, Konstantin von Notz, ha acusado a los ultraderechistas de Alternativa para Alemania de intentar obtener réditos políticos de una desgracia. «Vincular el crimen en Francfort con la crisis de los refugiados de 2015 para rentabilizar la situación responde a los métodos sin escrúpulos de AfD», dijo Von Notz. La ultraderecha reprocha a los ecopacifistas su condescencencia con los delincuentes extranjeros por el hecho de ser de fuera.

En un artículo en Junge Freiheit, la colíder del partido ultraderechista, señalaba cómo los suizos han sido muy permisivos con los eritreos. Hay 32.000, «ningún otro país ha sido tan generoso con los eritreos a los que ha dado papeles que les permiten moverse por todo el mundo». Destaca cómo viven de la ayuda social, y cómo la mayoría ni se integra ni aprende bien el idioma. Nada de esto era cierto en el caso del hombre que arrojó a la vía al niño en Fráncfort.

Desequilibrado con residencia en Suiza

En rueda de prensa, el ministro alemán del Interior, Horst Seehofer, junto al jefe de la policía federal, Dieter Romann, ha aportado datos relevantes sobre el autor del crimen. Llegó a Suiza en 2006 y dos años después logró que le reconocieran como refugiado. Está casado y es padre de tres hijos. Trabajaba y habla alemán con fluidez. En su empresa lo consideraban un ejemplo de integración exitosa. Desde enero de 2019 recibía tratamiento psicológico.

El 25 de julio, cuatro días antes del crimen de Fráncfort, amenazó a su vecina y la encerró en su casa junto a su familia. Salió huyendo hacia Alemania. Es lo que recrimina AfD, el hecho que una persona inestable y que ha cometido un delito en un país vecino pueda pasar sin problema la frontera.

No estaba alcoholizado, ni había tomado drogas, ni quería vengarse por la muerte de un eritreo a manos de unos ultraderechistas. Su desequilibrio psíquico le llevó a empujar al niño y a su madre. Para Weidel no es relevante que tuviera trastornos psíquicos, ya que muchos extranjeros que cometen crimenes son desequilibrados.

Seehofer ha prometido que destinará más policías a proteger las estaciones de ferrocarril. Desde 2015 ha aumentado en 12.700 las plazas en estos lugares sensibles. Habrá 11.300 más de aquí a 2025. También se instalarán más cámaras para vigilar cualquier movimiento sospechoso.

Alternativa para Alemania dio el gran salto a la política federal después de la crisis de los refugiados del verano de 2015. Fue entonces cuando la canciller alemana, Angela Merkel, abrió las puertas a un millón de refugiados, que huían de la guerra de Siria y de Afganistán, principalmente.

Esta formación de ultraderecha, que ya había cosechado éxitos electorales en el este de Alemania, aprovechó la iniciativa de Merkel (su famoso «wir schaffen das«, es decir, lo conseguiremos) para criticar esta política de apertura a la inmigración, algo muy bien recibido por los alemanes menos favorecidos y por los temerosos a perder su identidad nacional.

En ese río turbulento de la xenofobia pescó entonces como lo hace ahora. Logró 92 escaños en 2017 en el Bundestag, donde es la tercera fuerza política. De momento, los partidos conservadores (CDU y CSU) no pactan con AfD.

Cada vez que un extranjero comete un crimen la ultraderecha se moviliza contra el Gobierno de Merkel. La muerte del niño de ocho años es el último de estos delitos que han conmovido a los alemanes. También fueron muy llamativos la violación en grupo de una joven de 18 años en Müllheim, crimen cometido por un grupo de jóvenes búlgaros, y el asesinato de una mujer de 34 años al arrojarla a la vía del tren, delito cometido por un kosovar.

En agosto del año pasado se vieron escenas insólitas en Chemnitz, en el Land de Sajonia, con cientos de personas en las calles coreando «Extranjeros fuera» y saludando como los nazis. Un alemán de origen cubano murió en una reyerta a manos de un iraquí y un sirio. Al conocerse el origen de los autores del apuñalamiento, la ultraderecha agitó sus consignas xenófobas.

La violencia contra los extranjeros ha saltado también a las portadas de los medios alemanes. El caso más conocido ha sido el del político de la CDU Walter Lübcke, defensor de la apertura con los refugiados. La investigación apunta a que el sospechoso de su asesinato tiene vínculos con la extrema derecha.

Contrasta con ese afán por despertar el odio al extranjero con todos aquellos que han intentado consolar a la familia. Cuando los políticos polarizan el país hay que confiar en los ciudadanos que incluso desde el sufrimiento reaccionan con serenidad.

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