«¡Alemania para los alemanes! ¡Extranjeros fuera!». Las calles de Chemnitz, en el Estado federado de Sajonia, en el este de la República Federal, han sido escenario desde el domingo de una clara muestra del poder creciente de los ultraderechistas xenófobos.

La muerte de un alemán de origen cubano, un carpintero de 35 años, y el arresto posterior de un sirio y un iraquí, ambos veinteañeros, prendieron la mecha del odio al extranjero en un terreno abonado. Chemnitz, así como el Land de Sajonia donde se enclava, es uno de los bastiones de neonazis y ultraderechistas desde hace años.

Una pelea en las fiestas de la ciudad desembocó en un apuñalamiento con el resultado de un muerto y dos heridos. En las redes sociales se difundió que los autores eran inmigrantes y que habían tratado de acosar sexualmente a una mujer. La policía desmintió esta versión. «Hay que mostrar a los inmigrantes quien manda aquí», decía la convocatoria en las redes. También se llamaba a «la caza al extranjero».

Las imágenes eran escalofriantes en un país donde hasta ahora incluso la ultraderecha tenía cuidado en no saltarse la ley y no hacer apología del nazismo. Sin embargo, después de años han ido ganando confianza en sí mismos, alentados por el auge de un partido como Alternativa por Alemania (AfD) que se ha atrevido a romper las barreras de lo políticamente correcto. De palabra, hasta ahora. Pero los ultras de Chemnitz han pasado a la acción.

Caza al extranjero

Hay informes de persecuciones a personas de aspecto extranjero. Dos personas, un sirio y un adolescente afgano, resultaron heridos de levedad. Alternativa por Alemania (AfD), tercera fuerza política en el Parlamento federal con 92 escaños, llamó a manifestaciones espontáneas en memoria de la víctima.

Unos cientos de ultras se concentraron en torno a la estatua de Karl Marx. Chemnitz se llamaba en tiempos de la República Democrática Alemana (RDA) Karl-Marx Stadt en honor del autor del Manifiesto Comunista.

Uno de los diputados de AfD Markus Frohmanier dijo en Twitter que era «un deber cívico parar esta migración de los cuchillos». Añadía que «si el Estado no protege a los ciudadanos, son los ciudadanos los que salen a la calle a protegerse». Y terminaba: «Podría haber sido tu padre, tu hijo o tu hermano».

La tensión fue creciendo y el movimiento xenófobo convocó el lunes por la tarde a sus seguidores. Hasta 6.000 personas calcula la policía que salieron a las calles cantando «Somos el pueblo» y ondeando carteles en los que pedían: «Acabemos con la oleada de refugiados».

A esta manifestación se sumaron ultras de otras partes del Land. También hubo unos 1.500 alemanes que reclamaban un Chemnitz «libre de nazis». En Chemnitz, de unos 250.000 habitantes, viven un 7,6% de extranjeros, y de ellos un 2,4% de refugiados, según datos de la prensa local. El paro en Sajonia es de un 5,9%, casi el doble que la media alemana (3,5%).

La policía alemana, totalmente sobrepasada con la muestra de fuerza de los ultraderechistas, intentó que se dispersaran con cañones de agua y spray de pimienta. La sensación de caos estremeció a los alemanes en todo el país.

Saludo nazi

Fueron muchos los ultraderechistas que hicieron el saludo nazi con la mano en alto. Diez personas están siendo investigados por esta causa. En Alemania es delito como apología del nazismo y puede ser castigado con una multa y con penas que pueden llegar a los cinco años de cárcel.

La canciller alemana, Angela Merkel, dejó claro que el caso xenófobo «no tiene cabida en un Estado de derecho». Subrayó que se trataba de «un crimen horrible» y ofreció sus condolencias a las familias de las víctimas.

Su portavoz, Steffan Seibert, dejó claro: «Nuestro mensaje para Chemnitz y para el resto del país es que no hay lugar en Alemania para justicieros ni para los grupos que quieren diseminar el odio en las calles, ni para la intolerancia y el extremismo».

No fue tan rotundo ni tan rápido a la hora de reaccionar el ministro alemán del Interior, Horst Seehofer, de la Unión Social Cristiana (CSU). Ofreció enviar refuerzos a las fuerzas de seguridad sajonas y condenó sin ambages la violencia, pero ni mencionó el peligro de alentar la xenofobia ni mencionó el extremismo.

Seehofer ha sido muy crítico con la canciller Merkel por haber defendido en 2015 la apertura de fronteras a los inmigrantes en 2015. La CSU y la CDU estuvieron a punto de la ruptura recientemente por las discrepancias en política migratoria. Finalmente, llegaron a una solución de compromiso, más cercana a las tesis restrictivas de Seehofer.

El partido de Seehofer, la CSU, se enfrenta a unas elecciones decisivas en octubre. Su legendaria mayoría absoluta en el Parlamento del Land está en juego por el ascenso creciente de la ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD), que no oculta su mensaje anti inmigración y xenófobo, al contrario, como se ha visto en Chemnitz.

El jefe del gobierno de Sajonia, Michael Kretschmer, fue más rotundo: «En Sajonia no hay lugar para el extremismo». Defendió la labor de la policía, que en muchos medios se consideró que no valoró acertadamente la amenaza. En los altercados del lunes 20 personas resultaron heridas.

AfD ha movido los límites de lo que se puede decir y en Chemnitz también de lo que se puede hacer», dice Delle Donne

«El cambio más importante que ha generado AfD desde 2014 es que han movido los límites de lo políticamente correcto. Hay otras fronteras para determinar lo que se puede decir, y también como hemos visto en Chemnitz, también sobre lo que se puede hacer»», señala Franco delle Donne, coautor con Andreu Jerez de Factor AfD: el retorno de la ultraderecha a Alemania. «Es tiempo de que la política se ocupe de generar un cambio porque hay una minoría movilizada y movilizante. Los otros partidos hacen caso omiso».

Un bastión ultraderechista

En Sajonia la ultraderecha lleva años creciendo en la escena política con bastante impunidad. En 2004 el partido neonazi, NPD, entró en el Parlamento regional con un 9,2% de los votos, un auténtico récord. En 2014 se quedó al límite con un 4,9%, una décima menos del mínimo para tener representantes en la Cámara.

Sin embargo, el NPD ha ido perdiendo fuerza para ganar seguidores Alternativa por Alemania, que según los últimos sondeos sería la segunda fuerza más votada si hubiera elecciones en Sajonia. Uno de cada cuatro votantes se decantaría por AfD. En las elecciones generales de 2017 AfD logró el mejor resultado de todo el país, con un 35,5% de votos,

También destaca Sajonia como uno de los Länder donde más actos violentos de grupos de extrema derecha se cometen. Según informes oficiales, 95 en 2017, 145 en 2016 y 201 en 2015.

Los sucesos de Chemnitz trajeron a los alemanes el triste recuerdo de Hoyerswerda, en septiembre de 1991, apenas un año después de la unificación. Entonces grupos de neonazis de esta localidad empobrecida arremetieron contra vietnamitas y mozambiqueños durante varios días, hasta el punto de que unos 500 atacaron con cócteles molotov y piedras el hogar donde pernoctaban. La policía terminó echando a los refugiados.

Expertos en extremismo como David Begrich se refieren a que «los fundamentos de los actos violentos de ahora en Chemnitz se han mantenido estables y nos permiten hablar de la generación Hoyerswerda», según explicaba en la cadena de televisión alemana ZDF.

La escena ultraderechista alemana está muy organizada en Sajonia. Primero en torno al NPD, luego con Pegida (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente), y ahora dan sostén a AfD, que ha logrado más éxito gracias a su dominio de las redes sociales y su éxito a la hora de fijar la agenda política. Tambén les ayuda el contexto internacional con el populismo anti inmigración y anti europeo en auge, como en Italia, después del punto de inflexión que supuso el Brexit.

En Alemania el Este es un territorio más propicio a que arraiguen estos mensajes xenófobos y neonazis. Las sociedades de la Europa bajo el dominio soviético eran más uniformes y tienen menos tradición democrática. A su vez, la unificación se hizo por absorción de un Estado rico que dedicó fondos a las zonas más pobres, pero siguen siendo más proteccionistas y más cerradas.