Salvar la Unión y salvar al gobierno federal. La soldado Merkel en acción. La operación para resolver la disputa migratoria del Gobierno alemán tuvo lugar en una primera fase en Bruselas y ahora se ha puesto en marcha en Berlín. La Unión (alianza formada por la Unión Cristiano Demócrata y la Unión Social Cristiana bávara) sobrevive de momento al hasta ahora más potente choque de trenes de sus líderes, Angela Merkel y Horst Seehofer. «Nos hemos puesto de acuerdo para controlar la inmigración ilegal en la frontera alemana con Austria», confirmó Seehofer. «Es un buen acuerdo en línea con lo pactado en la UE», aseguró Merkel.

La solución de compromiso que ha contentado tanto a la canciller como al ministro del Interior, Horst Seehofer, consiste, en primer lugar en restablecer el control de la frontera germano-austriaca. Para impedir que accedan a Alemania quienes ya hayan solicitado asilo en otros países se crearán centros de tránsito en la frontera donde se registre a los inmigrantes y desde allí se les deporte si no cumplen las condiciones para entrar en el país. También se buscarán pactos con otros países de la UE para redistribuir a los refugiados y se negociará con Austria sobre quienes accedan desde allí.

Seehofer se mantiene como titular del Interior, Construcción y Patria. Y Merkel sigue siendo canciller. Aunque las heridas están abiertas, y falta por ver si los socialdemócratas aceptan esta propuesta, ya que en 2015 rechazaron una medida similar, que en realidad anticipa el principio del fin de Schengen.

La crucial reunión de los dirigentes de la CSU, encabezados por el ministro del Interior, Horst Seehofer, y sus correligionarios de la CDU tuvo lugar en la Konrad Adenauer Haus, la sede de la CDU. Los partidos hermanos buscaron a la desesperada una salida a una crisis con poco fundamento racional y mucho de nervios y exceso de ego. Fue Adenauer, el primer canciller alemán, quien dijo en la vida hay tres tipos de enemigos: «enemigos a secas, enemigos mortales y compañeros de partido».

«No voy a permitir que me destituya una canciller que es canciller solo gracias a mí». El tono desafiante de Horst Seehofer, en sus declaraciones al Süddeutsche Zeitung, revela en qué medida es preocupante la falta de entendimiento entre el titular del Interior y Merkel. Antes de la reunión con la CDU en la que se pretendía salvar la Unión, y por ende la coalición de gobierno, Seehofer se vio con el presidente del Bundestag, Wolfgang Schäuble, quien habría intentado mediar. .

Lo que dice Seehofer es una bravuconada que además es falsa. La CSU (6,2% de los votos en las elecciones federales) es uno de los tres partidos que forman el cuarto gobierno que encabeza Merkel desde 2005. Fue el que más le ha constado lograr, pero sobre todo por la negativa inicial de los socialdemócratas. Sin el SPD Merkel no habría sido canciller por mucho que la CSU hubiera estado a su lado. Después del encuentro de CDU y CSU el SPD reclamó una reunión conjunta de los grupos parlamentarios.

Horst Seehofer, líder de la CSU y ministro del Interior

Horst Seehofer, titular de Interior alemán. EFE

Ahora Seehofer, que parece abducido de un odio que va más allá de cualquier raciocinio, se atribuye el mérito de que Merkel continúe como jefa del gobierno federal. Lejos de este tono belicoso, el jefe del gobierno bávaro, Mark Söder, aseguraba que no iban a arriesgar la alianza con los democristianos. Finalmente, así ha sido.

La Unión ha sido una fórmula de éxito durante 70 años, que ha sido mayoría de gobierno con contadas excepciones como los ocho años de gobierno rojiverde (1999-2005). La Unión Cristiano Demócrata (CDU) y la Unión Social Cristiana (CSU), que compite en Baviera sin la rivalidad de la CDU, tienen un único grupo parlamentario en el Parlamento federal. En el pasado hubo ciertas tiranteces pero solo llegaron a separarse un par de semanas en 1976.

En la actualidad, la disputa migratoria se basa en un único punto del llamado Plan Maestro de Seehofer. El líder bávaro defiende que pueda expulsarse en la frontera a todo aquel que llegue procedente de otro país de la UE donde haya pedido asilo. Merkel cree que esta acción unilateral pone en riesgo valores en los que sustenta la UE.

Por ello, esgrime que en la cumbre de la pasada semana se ha logrado que haya centros bajo gestión europea donde se seleccione a los refugiados. También ha suscrito compromisos con 14 países, entre ellos España y Grecia, para redistribuir a los que ya están en Alemania y proceden de otro país. Merkel asegura que estas medidas tienen un «efecto similar» al cierre de fronteras que pretendía aplicar Seehofer.

Las encuestas no dan la razón a Seehofer. La CSU pierde apoyos a medida que su postura se encona más sobre la cuestión migratoria, que ya convirtió en su bandera la ultraderecha de Alternativa por Alemania. En los últimos sondeos la CSU conseguiría en las elecciones en este Land de octubre un 34% de apoyos, y la AfD ronda el 15%. Merkel es más apreciada en Baviera que el propio jefe del gobierno del Land, Mark Söder.

Además, dos tercios de los votantes de la CSU ven irresponsable la actitud de Seehofer, que parece movido por su aversión personal a la canciller. «No soporto a esa señora», habría dicho según publicó el Bild recientemente.

Las fricciones nunca han sido tan graves como para poner en juego una coalición de gobierno, o la supervivencia de esa alianza en el Bundestag, salvo esa ruptura de hace 42 años. Sin los votos de la CSU la gran coalición, CDU y socialdemócratas, se queda a dos escaños de la mayoría. Este cuarto gobierno que encabeza Merkel apenas lleva 100 días en el cargo.

Después de seis meses de costosas negociaciones, CDU y CSU firmaron una alianza con los socialdemócratas, que sufrieron una gran derrota en septiembre y se negaban en principio al pacto. Finalmente, accedieron en nombre de la responsabilidad de Estado. Los socialdemócratas asisten estupefactos a esta guerra fratricida. El ex ministro de Exteriores, Sigmar Gabriel, decía en su Twitter que Seehofer estaba tomando «como rehenes a Alemania y Europa».

La confusión fue la tónica de una jornada enloquecida que estuvo precedida por un domingo maratoniano. Después de un cónclave que se prolongó más de diez horas, Seehofer puso su dimisión sobre la mesa, pero sus correligionarios le convencieron para que dejara en suspenso su renuncia hasta hablar de nuevo con los socios democristianos. De este modo, dimitió de su dimisión, o bien la dejó en el aire, hasta ver la reacción de Merkel.

La disputa migratoria no obedece a una mayor presión por oleadas recientes de refugiados. Al contrario, las solicitudes de asilo son más bajas cada año. Entre enero y mayo de este año ha habido 68.400 solicitudes de asilo, menos que en 2017 en este periodo (86.200). En 2016 se recibieron más de 300.000, según la Oficina Federal de Migración y Refugiados. Fue en 2015 cuando llegaron más de un millón de refugiados, a quienes la canciller Merkel abrió las puertas.

Sobre el miedo a los refugiados y la defensa de la Patria (Seehofer se reivindicó como ministro de Patria también) ha construido su discurso Alternativa por Alemania, que ahora es la principal fuerza de la oposición en el Bundestag con 92 diputados. Seehofer ha copiado su narrativa, pero parece que solo logra contentar a los seguidores de AfD. Un 85% está de acuerdo con su agenda migratoria.

La oleada ultranacionalista ha entrado con fuerza en Alemania. La consolidación de AfD es un paso, pero más grave aún es cómo la agenda xenófoba y proteccionista ha impregnado a un partido como la CSU. Múnich se ve ahora en el eje Roma-Viena más que en sintonía con Berlín.

En nombre de una «Europa capaz de proteger»,  es el lema de la presidencia de Austria, son capaces de librar guerras fratricidas que ponen en riesgo la estabilidad y los derechos humanos. Quien los defiende, aunque sea tímidamente como ahora Merkel, parece un quijote de otra época. Merkel ha acabado cediendo y ya no es la que abre las puertas a los que huyen de las guerras como en 2015. Está naciendo una Europa que se encierra en sí misma.