Después de una última quinta jornada maratoniana de 24 horas, la canciller alemana, Angela Merkel, de la Unión Cristiano Demócrata (CDU), sus aliados socialcristianos (CSU), encabezados por Horst Seehofer, y los socialdemócratas (SPD), liderados por Martin Schulz, han llegado este viernes a un principio de acuerdo para formar gobierno.

De esta manera, 111 días después de las elecciones del 24 de septiembre de 2017 terminan con éxito las conversaciones exploratorias, tras cinco intensos días, que darán paso a las negociaciones formales, encaminadas a reeditar la Gran Coalición, o bien a constituir un gobierno en minoría apoyado por el SPD. Alemania evita así unas nuevas elecciones y la canciller Merkel respira con cierto alivio. Aún queda camino por recorrer hasta su cuarta investidura, pero está más cerca. El euro ha respondido al alza frente al dólar, con una cotización de 1,21, tras confirmarse esta primera fumata blanca.

Es un acuerdo sólido y serio con el que se puede garantizar la gobernabilidad del país”, afirma Merkel

En la rueda de prensa de los tres líderes de CDU, CSU y SPD sobre este sustancial avance, Merkel se ha mostrado confiada de poder llegar a pactar “un gobierno estable”, que ponga las bases para que “en Alemania pueda seguir viviéndose bien en 10, 15 años”.  Ha afirmado que se ha llegado a un acuerdo “sólido y serio” con el que se puede garantizar “la gobernabilidad del país”. Su socio socialcristiano, Horst Seehofer, ha declarado que está “satisfecho” por “la eficaz cooperación” entre los tres partidos. Schulz ha reconocido que hay compromisos ineludibles.

El documento de 28 páginas que han suscrito los líderes de los tres partidos, CDU, CSU y SPD, se presenta el viernes a las directivas de estas formaciones políticas, las más numerosas en el Parlamento alemán. Los socialdemócratas han de ratificarlo en un congreso el día 21. Las Juventudes del SPD abogan por evitar la Gran Coalición y dar apoyos concretos a CDU y CSU.

Para los socialdemócratas era fundamental la política europea. Schulz, ex presidente del Parlamento Europeo, apuesta por más Europa claramente. El pacto supone “un nuevo punto de partida para Europa y una respuesta a las propuestas de París y Bruselas. Con la CDU y la CSU acordamos que el interés de Alemania es que construir una Europa fuerte”.

Queremos fortalecer a la UE con una financiación con la que pueda llevar adelante sus objetivos”, dice el texto

En el documento se aprueba un mayor apoyo económico a la UE. “Queremos fortalecer a la UE con una financiación con la que pueda llevar adelante sus objetivos”, se dice en el texto. Se establece una base para impulsar las reformas propuestas por Macron.

En política migratoria se limita a un máximo de entre 180.000 y 220.000 solicitantes de asilo los que pueden ser aceptados al año y un millar al mes los refugiados que puedan beneficiarse de reagrupaciones familiares. Las demandas de los más conservadores, influidos por el auge de la ultraderecha, se han impuesto en esta cuestión, si bien se mantiene la reagrupación familiar, a lo que en principio se negaban los socialcristianos.

No habrá subidas de impuestos a los más ricos, pero los socialdemócratas logran más ayuda a las familias, educación e infraestructuras. También se pondrá fin a la exportación de armas a países en conflictos como el de Yemen.

El tercer partido en el Bundestag es la ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD), cuya entrada por primera vez en el Parlamento federal ha convulsionado la política de la primera economía de la Unión Europea. Los ultraderechistas celebraban hasta ahora las dificultades de Merkel para formar gobierno y la crisis que viven los dos grandes partidos.

En septiembre, Angela Merkel ganó las elecciones, pero con una mayoría insuficiente para formar gobierno. Iniciaba así su cuarto mandato en funciones, como sigue hasta ahora. Tras el primer rechazo de los socialdemócratas, la segunda fuerza más votada, entabló conversaciones exploratorias con liberales y ecopacifistas.

Las conversaciones exploratorias para formar una coalición Jamaica (cuya bandera tiene los mismos colores que estos partidos, negro por CDU/CSU, verde de ecopacifistas), amarillo de los liberales) fracasaron en noviembre pasado. Fue un auténtico schock para Merkel, a quien el líder liberal, Christian Lindner, dejaba plantada y al borde del precipicio electoral. “Mejor que no haya acuerdo a un  mal acuerdo”, dijo entonces Lindner. Fuentes de la negociación aseguraban que desde el principio Lindner obstaculizó cualquier avance y no parecía dispuesto a pactar pero mantuvo la intriga hasta que fue inevitable la ruptura.

Por primera vez, Alemania sufría un estancamiento político nunca visto. Si los socialdemócratas hubieran ratificado su rechazo a al diálogo con la canciller Merkel, Alemania habría estado abocada a elecciones. Sin embargo, intervino el presidente federal, Franz,-Walter Steinmeier, y logró que el líder socialdemócrata, Martin Schulz, se volviera a plantear colaborar en la formación de gobierno. Steinmeier fue ministro de Exteriores en el gobierno de Merkel y apeló a la responsabilidad histórica a sus correligionarios del SPD. La estrategia funcionó y Schulz se mostró dispuesto al diálogo.

Los socialdemócratas cosecharon en septiembre el peor resultado de su historia, apenas un 20,5% de los votos, si bien seguían siendo la segunda fuerza política y el partido que en teoría tenía más posibilidades de ser aliado de la CDU y la CSU, la fuerza más votada, pero también con grandes pérdidas.

En su caso, fue la política migratoria que emprendió con coraje Merkel a partir de finales de 2015 la que centró el partido, lo que ha aprovechado la ultraderechista Alernativa para Alemania para hacerse con el espacio a la derecha de la CDU. Los socialcristianos de la CSU, más conservadores, lo lamentan especialmente. Alternativa logró 92 escaños en el Bundestag, tras numerosos triunfos en los Länder, especialmente en los del este, pero también en ricos del oeste como Baden-Württemberg.

Para el SPD, y sobre todo para Schulz, había sido Merkel la principal artífice de su fracaso. Merkel es muy hábil a la hora de presentar como suyos avances logrados gracias a sus socios. Muchas políticas aplicadas en el último mandato, como el salario mínimo, se pusieron en marcha gracias al SPD, pero fue Merkel quien se llevó los méritos.

El SPD fue socio de la canciller Merkel en la última legislatura, así como en la primera de Merkel. Durante ocho años de los últimos 12 Alemania ha estado gobernada por lo que se denomina Gran Coalición (cristianodemócratas, socialcristianos y socialdemócratas). De ser así, una consecuencia es que la ultraderecha sería la formación que liderara la oposición. Está aún por ver que esta fórmula de alianza entre los dos grandes partidos se repita.