Dos huelgas amenazan el punto álgido de las vacaciones estivales en el Aeropuerto de El Prat. La primera, convocada por los trabajadores de seguridad, está fijada para el próximo 9 de agosto, una huelga indefinida de 24 horas con la que reclaman las mejoras logradas en el paro que hace dos veranos ya colapsó este aeropuerto, y que según ellos incumple la nueva empresa adjudicataria del contrato de seguridad, Trablisa. La segunda, del persona de tierra de Iberia, que el pasado fin de semana ya protagonizó un primer paro y obligó a la suspensión de 140 vuelos, principalmente de Vueling, Iberia y British Airways.

En el caso de los vigilantes de seguridad el enfrentamiento entre empresa y comité está más que enconado, después de que Trablisa presentara ayer una demanda judicial contra el comité de empresa, al que acusa de «ruptura de la mala fe negocial» y de convocar una huelga desproporcionada e inaceptable». Empresa y trabajadores se acusan mutuamente de incumplir el laudo impuesto hace dos años tras una huelga que colapsó el aeropuerto durante el mes de agosto.

Empresa y sindicato se han reunido hoy con la Generalitat en un primer acto de conciliación del que los representantes sindicales han salido acusando a la empresa de mentir. Los 500 vigilantes de seguridad de la empresa piden que se les compense económicamente, a un euro por hora, la sobrecarga de trabajo, y también piden mejoras en cuestiones como descansos, rotaciones, formación y paridad, además de exigir un aparcamiento a su disposición.

Iberia acepta negociar

Por otro lado, el conflicto laboral del personal de tierra de Iberia parece en vías de solución, después de que la compañía haya aceptado finalmente convocar el comité estatal para negociar las mejoras reclamadas por los trabajadores de El Prat. Los trabajadores exigen estabilizar el empleo, transformar los empleados fijos a tiempo parcial en fijos a tiempo completo y pasar a fijos a 400 trabajadores eventuales de una plantilla de más de 1.000 personas.

Argumentan que con una carga de trabajo prácticamente igual a la de sus compañeros de Barajas, tienen una plantilla que es la mitad de la del aeropuerto madrileño, lo que supone una carga de trabajo que ya en 2018 estuvo a punto de llevarlos a la huelga.

El pasado fin de semana miles de viajeros se vieron afectados por las dos jornadas de huelga convocadas por este colectivo, que obligaron anular 143 vuelos y provocaron graves retrasos en otros muchos. A la huelga se sumaron entonces las fuertes tormentas que obligaron a parar la operativa del aeropuerto durante 40 minutos, suspendiendo otros 46 vuelos.

Tras ese paro, los portavoces de UGT recriminaron a Ibera su resistencia a la negociación y advirtieron que los sindicatos no descartan «ningún escenario» para conseguir «una solución definitiva» y que la buscarán «de cualquiera manera», incluidos nuevos paros. Los trabajadores exigen estabilizar el empleo, transformar los empleados fijos a tiempo parcial en fijos a tiempo completo y pasar a fijos a 400 trabajadores eventuales de una plantilla de más de 1.000 personas.