Carles Puigdemont llegó a Bélgica en noviembre de 2017 como una estrella. En plena crisis constitucional en España, días después de proclamar la Declaración Unilateral de Independencia en el Parlament de Cataluña y para esquivar la investigación del juez Pablo Llarena, el ex presidente de la Generalitat decidió huir del país. En Bélgica fue recibido entre masas: le acompañaron los ultras del Vlaams Belang, pero también los nacionalistas moderados del N-VA flamenco, entonces socio de Gobierno de Charles Michel, quien presidirá el Consejo Europeo la próxima legislatura.

El líder independentista catalán ocupaba entonces todas las portadas. Aparecía constantemente en las televisiones del país europeo, se rifaban las entrevistas y generaba el caos organizativo en los recintos que se llenaban para escuchar sus charlas.

Esa espuma ya bajó hace tiempo, y aunque la presencia de Carles Puigdemont en Waterloo sigue siendo un tema latente, que resucita de vez en cuando, su figura es cada vez más folclórica. Lo hizo por última vez en julio, cuando se presentó en la frontera franco-alemana amenazando con cruzar a Estrasburgo para asistir a la sesión inaugural del Parlamento Europeo. No concretó sus intenciones, y acabó jugando al despiste y regresando a escondidas a Bélgica, sin aventurarse a poner un pie en Francia. Próximamente, Puigdemont volverá a estar cerca de la frontera gala, aunque en un ambiente mucho menos épico.

‘Día Flamenco-Catalán’

Será el 7 de septiembre, cuando participe como estrella invitada en el ‘Día Flamenco-Catalán’ de Koksijde, un localidad de 20.000 habitantes situada en la costa belga, justo en la frontera con Francia y muy cerca de Dunquerque y Calais. Se trata de una jornada reivindicativa, auspiciada en parte por la sección de la ANC en Bruselas, que pretende aunar los esfuerzos de los movimientos independentistas de Cataluña y Flandes.

El evento, promocionado con imágenes de castillos humanos, banderas esteladas y banderas flamencas, es una mezcolanza algo extraña. Su principal reclamo es la presencia de Carles Puigdemont, que repetirá sus argumentos clásicos en una charla sobre el movimiento independentista en Cataluña. Le acompañarán Bart Maddens, uno de los politólogos de cabecera de los nacionalistas en Bélgica, y algunos de los ‘observadores internacionales’ que la Generalitat movilizó en Cataluña el 1 de octubre de 2017.

Sin embargo, los organizadores tratan de ganarse a los asistentes por el paladar. Y desde la página web anuncian el día, también, como una jornada de «tapas y paella». Los precios, algo altos: 15 euros por el buffet de tapas, 15 euros por la paella y otros 15 por participar en las jornadas, charla de Puigdemont incluida. En total, 45 euros por unas pocas horas de ‘festival’.

Desde su web, los organizadores del evento también han puesto en marcha un crowdfounding para su financiación. Aspiran a reunir sólo 2.500 euros y, este miércoles, ya se acercaban a los 1.600. Buena muestra del perfil bajo de la cita, que rentabilizaría esa cifra sólo con vender 55 entradas completas.