La suya es una lealtad reversible. Se mueve por intereses, intercambios y oportunidad. Política pragmática que pivota desde el centro y bascula a derecha o izquierda según requiera la ocasión. Hasta ahora al PNV le ha dado buen resultado. Apoyó a Rajoy y logró réditos abultados: liquidación del Cupo, actualización del Concierto, inversiones millonarias, actualización de pensiones… Basculó a la izquierda para elevar a Pedro Sánchez a la Moncloa y también selló suculentos acuerdos: retirada de recursos ante el Constitucional, calendario de transferencias, trato y sintonía de ‘socio preferente’…

Pero hoy, un año y cuatro meses después, y dos convocatorias electorales más tarde, gran parte del botín jeltzale sigue en un limbo. Parado, casi congelado esperando en un cajón a que alguien dé la orden de cumplir lo pactado. Con un presidente del Gobierno en funciones incapaz de despejar su futuro y enredado en deshojar la margarita de sus apoyos, los compromisos heredados y propios han caído al fondo de sus prioridades.

En Sabin Etxea están molestos. La lealtad mostrada desde el inicio a Sánchez, incluso sus movimientos para que al fiasco no se produjera y evitar así otras elecciones, no se ha visto correspondida. Los nacionalistas creen que los socialistas daban por descontado su apoyo y no se han esforzado por afianzarlo. Tampoco de agradecerlo. Muchas de las promesas firmadas con Rajoy, y que Sánchez debía aplicar, y las que el líder del PSOE acordó con ellos tendrían que estar ya cumplidas o en marcha. A mes y medio de unas inciertas elecciones, están lejos de hacerlo.

Transferencias ‘congeladas’

El PNV dejó caer al líder del PP sólo días después de haber obtenido un acuerdo presupuestario favorable para las cuentas de 2018; subidas de las pensiones para los próximos dos años y retraso hasta 2023 de la aplicación del factor de sostenibilidad. Es uno de los pocos acuerdos hoy cumplido. La larga lista de más de una treintena de compromisos adquiridos en 2017 –cesión de terrenos de la central de Lemóniz, supresión de pasos a nivel, incorporación de la Ertzaintza en foros europeos, el centro logístico de Júndiz o la aceleración de las obras del TAV- duermen el sueño de los justos.

Sánchez se compromete a ceder 33 competencias a Euskadi en un año

Tampoco lo que el PNV firmó en noviembre de 2018 con el Gobierno Sánchez se ha cumplido. Para estas alturas, el Estatuto de Gernika debería estar prácticamente cumplido o al menos encarrilado. La fecha límite para haber cedido las 33 materias que Josu Erkoreka y la entonces ministra Meritxell Batet firmaron era enero de 2020. A comienzos del próximo año los dos gobiernos, el de Urkullu y el de Sánchez se habían comprometido a estar ultimando el traspaso de la política penitenciaria, la última de las competencias prometida. La realidad será otra, a comienzos de año, quizá sus respectivos partidos sigan enredados en la conformación de un Gobierno imposible para España.

La situación política y la convocatoria del 10-N complica cumplir los acuerdos de Rajoy y Sánchez con el PNV»

Hoy el saldo del calendario programado de cesión de transferencias sólo arroja el traspaso de un par de autopistas y algunas líneas ferroviarias. Aquel cronograma que auguraba dejar casi completada una vieja aspiración nacionalista debería haber permitido la cesión para estas fechas de casi una veintena de materias.      

El cajón de los incumplimientos es mucho más abultado que el de los pactos ejecutados. Y lo que es peor, la incertidumbre de que así siga siendo por mucho tiempo, crece. Sánchez ha tenido su Gobierno, breve, pero lo ha tenido. Y el intento para seguir teniéndolo también ha contado con la lealtad casi gratuita de los nacionalistas. Lo que no está claro es si el resultado del 10-N permitirá a Sánchez continuar en Moncloa y de hacerlo, si no elegirá como muleta al verdadero dolor de cabeza del PNV: Ciudadanos.

«Ponerse de perfil»

Serán cosas de campaña o verdades que afloran en ella, pero lo que esta semana se ha visualizado ha sido el malestar del PNV por la inacción del Ejecutivo y la distancia que el PSOE empieza a poner con los nacionalistas. En la sesión de control al Gobierno el portavoz del Grupo Vasco en la Cámara Baja afeó al Ejecutivo que hubiera ralentizado la toma de decisiones hasta casi la paralización: “no es de recibo con los asuntos de despacho ordinario”, aseguró Esteban.

La situación ha hecho que incluso en uno de los proyectos clave, el Tren de Alta velocidad (TAV), donde el PNV denuncia un freno al ritmo de inversiones comprometido, se ofrezca que el Gobierno vasco adelante los trabajos de soterramiento del TAV en Bilbao y Vitoria. El alcalde de Vitoria, Gorka Urtaran, reiteró ayer los reproches: “El no Gobierno de Madrid está retrasando los trabajos”, aseguró.

Cinco votos que salvarán a Rajoy por 5.000 millones

La situación ha hecho que incluso en uno de los proyectos clave, el Tren de Alta velocidad (TAV), donde el PNV denuncia un freno al ritmo de inversiones comprometido, se ofrezca que el Gobierno vasco adelante los trabajos de soterramiento del TAV en Bilbao y Vitoria. El alcalde de Vitoria, Gorka Urtaran, reiteró ayer los reproches: “El no Gobierno de Madrid está retrasando los trabajos”, aseguró.

PSE y PNV escenifican su distancia. Mendia les acusa de ‘ponerse de perfil’ y Ortuzar de ‘tontear’ con Rivera

Y por el camino de los incumplimientos y las convocatorias electorales, el frío empieza a instalarse en las relaciones entre el PNV y los socialistas. Al enfado de Esteban ha seguido esta semana el reproche de la secretaria general del PSE, Idoia Mendia, acusando al PNV de “ponerse de perfil” ante la posibilidad de conformar un “gobierno de progreso en España”. Mendia ha situado a los de Ortuzar en el bloque de formaciones que no pueden considerarse “una garantía para un Ejecutivo progresista”. Unas palabras de la líder del PSE que apuntaban en dirección contraria a las que manifestó la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, quien en el Congreso agradeció al PNV la disposición a respaldar un gobierno de Sánchez.

Distancia con el PSE

La polémica ha permitido al PNV dejar terreno entre ellos y el PSOE, socios en las principales instituciones vascas, y volver a elevar el precio de su apoyo en Madrid tras el 10-N. Los nacionalistas de Andoni Ortuzar temen que Sánchez pueda intentar tras las elecciones alguna fórmula de entendimiento con Ciudadanos, una fórmula que ahuyentaría el respaldo del PNV.

Recuperar el espacio propio es una necesidad para ambos. A las elecciones generales del 10-N le seguirán en unos meses las autonómicas en Euskadi. Su convocatoria dependerá del lehendakari Urkullu que insiste en querer terminar la legislatura que su minoría parlamentaria quizá ese lo impida.

El riesgo de no poder aprobar sus presupuestos y la fractura que la cuestión más sensible que abordará el Parlamento Vasco estos meses generará, -la aprobación de un nuevo ‘estatus político’ para el País Vasco- pueden acelerarlo todo. Urkullu ya advirtió ayer que es consciente de su situación y que en ningún caso someterá a Euskadi «a la tensión política que estamos conociendo en España».