Política

Sharia, latigazos e infierno laboral: el Qatar "feliz" que ignora Xavi Hernández

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Sharia, latigazos e infierno laboral: el Qatar "feliz" que ignora Xavi Hernández

Resumen:

«En Qatar la gente es feliz». Palabra de Xavi Hernández. El ex capitán del Fútbol Club Barcelona, apadrinado por el fútbol qatarí desde 2015, volvió a prender la corta mecha de la polémica este lunes, en una entrevista con el diario Ara en la que carga duramente contra España. «No vivo en un país democrático, pero creo que el sistema de aquí funciona mejor que el de allí», dice el ex timonel de la selección española, actual entrenador del Al-Sadd, cuando le preguntan por la situación política nacional.

No aclara Xavi a quién se refiere con la presunta felicidad de «la gente», aunque en sus respuestas se evidencia que él sí que lo es. «Aquí hay muchas ventajas. La tranquilidad, la seguridad… no tenemos llave de casa, dejas el coche encendido…», desgrana para evidenciar las razones por las que Qatar, según sus términos, «funciona mejor» que España. Menudencias democráticas aparte.

Xavi, el multimillonario pero no único reclamo del régimen qatarí para legitimar la celebración del Mundial de 2022, describe el Qatar burbuja, de folleto, urbanización de lujo y vídeo promocional. Discurso cómodo para la familia Al-Thani, que gobierna el país ininterrumpidamente desde mediados del S.XIX bajo el sistema de monarquía absoluta, con un Parlamento decorativo y testimonial, de carácter únicamente consultivo y cuyas elecciones se han retrasado sine die desde hace décadas.

En el Democracy Index de 2018, en el que España figura como una de las 20 democracias plenas del mundo, Qatar aparece en el puesto 133º del ranking. Recibe un 0/10 en pluralismo político y un 3,82 en libertades civiles, con una nota media de 3,19 que le sitúa entre Camerún y Zimbabwe y por detrás de otros países como Etiopía, Ruanda, Irak o Sierra Leona.

Derechos humanos

No aclara Xavi Hernández si el sistema en Qatar también «funciona mejor» que en España para los miembros de colectivos LGTBI, sometidos en el país árabe a la sharia que impregna la legislación local. Es sencillo suponer que ellos no están dentro del grupo de gente «feliz»: en Qatar, el Código Penal contempla penas de entre uno y tres años de cárcel para los hombres que practiquen la sodomía; y la pena de muerte es aplicable a los musulmanes que practiquen sexo fuera del matrimonio, independientemente de su género. Esto aplica a cualquier sexo homosexual, puesto que en Qatar no se reconoce el matrimonio de estas parejas ni su unión civil. Incluso la cohabitación es ilegal.

También es «feliz» la vida en Qatar siempre y cuando uno no se inmiscuya en actividades sexuales ilícitas ni sea cazado consumiendo alcohol, más allá de algunos reservados en hoteles de lujo. En ese caso, la vida puede pasar de ser feliz a ser dolorosa: ambas conductas están penadas con hasta 100 latigazos. O a no ser vida en absoluto. La pena de muerte es aplicable también a aquellos que cometan espionaje, apostasía, blasfemia, asesinato, extorsión, robo violento, tráfico de drogas o terrorismo.

El sistema kafala

Ese país oscuro le resulta lejano al feliz Xavi Hernández en su condición de estrella, de símbolo y de europeo. Como otros países del golfo, Qatar acolcha las lujosas alfombras del régimen con las condiciones miserables de los inmigrantes que lo sostienen.

Al igual que en las naciones de su entorno, y pese a algunas reformas más estéticas que prácticas, en Qatar sigue vigente el sistema kafala. Una regulación que establece que el inmigrante no cualificado, generalmente africano o del sudeste asiático, puede permanecer en el país bajo un sistema de patrocinio y auspiciado por su empleador, que acaba controlando tanto su estatus legal como la validez o no de su visado.

Los vicios del sistema son obvios. Organizaciones internacionales como Human Right Watch y Amnistía Internacional, así como el Departamento de Estado de los Estados Unidos, denuncian desde hace décadas que el sistema favorece la existencia de trabajadores en régimen de semiesclavitud y bajo condiciones de explotación.

El país sigue siendo terreno abonado para los empladores sin escrúpulos», denuncia Amnistía Internacional

«Es simplemente inexcusable que en uno de los países más ricos del mundo, tantos trabajadores inmigrantes sean despiadadamente explotados, privados de sus salarios y estén luchando por sobrevivir», dijo en 2013 Salil Shetty como secretario general de Amnistía Internacional. Las denuncias siguen un patrón común: los empleadores retienen los pasaportes de los trabajadores, que a partir de ese momento no pueden hacer nada sin el permiso del empresario. Dependen de él para obtener permisos de conducir, para visitar a sus familias fuera del país o para realizar cualquier gestión básica.

Seis años después, el panorama no ha cambiado un ápice. La organización internacional ha vuelto a denunciar este mes las pésimas condiciones de los trabajadores migrantes, que representan más del 90% de la fuerza laboral en Qatar. La práctica más habitual es concentrar a los trabajadores en campos, en condiciones miserables, y a menudo sin recibir sus salarios. Cuando los reclaman afrontan un chantaje: firmar un documento asegurando haber recibido el pago a cambio de que sus pasaportes les sean devueltos y puedan abandonar el país.

Desde marzo de 2018, miles de trabajadores han regresado a sus hogares renunciando al salario de años, tras largos períodos sin poder abandonar Qatar. «A pesar de las importantes promesas de reforma formuladas en el período previo a la Copa Mundial de 2022, el país sigue siendo terreno abonado para los empleadores sin escrúpulos», denunció la pasada semana Stephen Cockburn, director adjunto de Asuntos Globales de la organización.

Un Mundial sin fecha y con muchos escándalos

La organización del mayor evento futbolístico del planeta, en un país sin tradición ni infraestructura, no ha ayudado a suavizar en nada la situación de los millones de trabajadores libaneses, pakistaníes e indios que sobreviven en Qatar. La escandalosa elección del año 2010, salpicada de acusaciones de corrupción y de investigaciones internas y externas en FIFA, dio pie a la construcción acelerada de todo lo necesario para llegar a tiempo al Mundial que se disputará, teóricamente, dentro de tres veranos.

Aún no está clara la fecha: las selecciones presionan para no tener que disputar el campeonato en junio y julio en un país desértico en el que las temperaturas pueden superar con facilidad los 50 grados. Las mismas condiciones climáticas extremas en las que los empleados de la construcción llevan años trabajando para que todo esté a punto.

Nadie se pone de acuerdo en estimar cuántos han muerto en los últimos nueve años. Según la Familia Real qatarí, ninguno. Según investigaciones periodísticas y organizaciones internacionales, más de 1.000. Aún quedan tres años para alcanzar un acuerdo. La intención de la federación qataría es que Xavi Hernández sea su seleccionador nacional en 2022. Y todos felices.