La frontera de Madrid con Toledo, Guadalajara, Segovia o Ávila se ha teñido de verde pistacho: es el color de Vox, que ha sido la primera fuerza en comarcas como la de La Sagra (entre Madrid y Toledo), con un potente sector industrial logístico y aura de ciudades dormitorio.

Así, en Seseña (Toledo), que hace no tanto estaba gobernada por Izquierda Unida y saltó a la fama por su lucha contra la corrupción urbanística en el ya lejano boom de 2005, la formación considerada de extrema derecha pasa del 21% al 31% y se sitúa en primera posición.

Es un pequeño resumen del cuadro que queda tras el 10-N: un partido calificado de ultra por su postura contra la inmigración se implanta en zonas antaño vetadas a cualquier opción de derechas. Y desde ahí busca la expansión, su hinterland o área de influencia.

Los de Abascal han triunfado en áreas con una fuerte industria, sobre todo logística

Esto último es lo que está pasando en Italia con la Lega, que hace dos semanas arrasó en las elecciones regionales en Umbría. La suma de las derechas transalpinas arrojó un 57% en un feudo izquierdista. Idéntica situación se produce en las zonas industriales del norte de Inglaterra, como Middlesbrough o Birmingham, que votaron masivamente a favor del Brexit, o en el deprimido norte de Francia, junto a la frontera con Bélgica, que el Frente Nacional ha hecho uno de sus caladeros. Precisamente en una zona que solía votar al Partido Comunista.

Pegando a Seseña, en la vecina Valdemoro (75.000 habitantes) y ya dentro del gran Área Metropolitana de Madrid, Vox pasa del 20% al 28% y gana las elecciones. El área metropolitana es lo que popularmente se denomina cinturón rojo, localidades teñidas de ese color en el mapa a lo largo de los años por la gran cantidad de industrias asentadas. Continúa el dominio del PSOE en Fuenlabrada, Pinto, Getafe, Leganés o Móstoles, pero Vox asciende hasta convertirse la segunda fuerza o tercera fuerza. Siempre muy destacados.

Vox consigue lo mismo en Fuenlabrada que en barrios selectos como Salamanca

Consigue lo mismo en Fuenlabrada o Pinto que en barrios selectos de la capital como Salamanca (en torno al 20% de los votos). La mancha verde se extiende hacia el oeste madrileño como una media luna y alcanza la sierra: partido más votado en Navalcarnero, Sevilla La Nueva o Valdemorillo. El partido de Abascal se ha instalado con fuerza en municipios de clase trabajadora que miran a Madrid (especialmente por cuestiones laborales) y que sufrieron con fuerza la pasada crisis, ya que gran parte de la actividad radicaba en la construcción. Un ejemplo es Ocaña (Toledo): allí Vox crece diez puntos porcentuales y se impone con el 34%.

La España interior

Es claramente el área de influencia de Vox, mucho más que la zona situada entre Murcia y Almería, marcada por la agricultura intensiva y una mayor tasa de inmigración que en el resto del país. En el Levante español el crecimiento de Vox está delimitado por la Comunidad Valenciana y por el socialismo andaluz. En la provincia de Almería de hecho el partido más votado ha sido el PSOE. Pero los de Santiago Abascal amenazan claramente con asaltar la España interior, un riesgo que afecta principalmente a los socialistas y al PP.

Colectivos de bajos ingresos como los autónomos nunca conectan con la izquierda»

Para el sociólogo y profesor de la C0mplutense César Rendueles, la penetración de Vox en las comarcas industriales «no es nada nuevo ni particularmente espectacular». «Es exactamente lo mismo que ha ocurrido siempre con el PP: la composición de clase en España es compleja y nunca ha existido un voto de clase propiamente dicho», señala.

«Algunos colectivos de bajos ingresos, como los trabajadores autónomos, nunca han conseguido conectar con la izquierda. Lo importante no es si Vox entra en los barrios populares: en la medida en que robe votos al PP lo va a hacer. Lo relevante es si consigue superar sus propios límites, absorbiendo antiguos votantes de izquierdas procedentes de las clases populares para generar una nueva base electoral transversal», advierte Rendueles. «Eso es lo que caracteriza a los populismos de derechas europeos. Para eso tendría que hacer un cambio discursivo importante y supongo que aún le queda mucho que rebañar del PP antes de arriesgarse a algo así».