El Consell Nacional del PDeCat debatirá hoy si acepta la propuesta de su ejecutiva para «transitar hacia JxCat, entendido como un proyecto amplio». Es la última vuelta de campana de la dirección que lidera David Bonvehí para posponer la disolución del partido heredero de Convergencia Democrática en la plataforma electoral al servicio de Carles Puigdemont en la que se ha convertido Junts.

El texto acordado como conclusión de la consulta interna elaborada durante los últimos meses para decidir si la formación debe disolverse en JxCat, como defienden los más fieles a Puigdemont, o debe seguir adelante como partido político, se ha quedado aparentemente a medio camino entre ambas opciones, lo que de hecho implica ceder un poco más de poder a los puigdemontistas. Ahora queda por ver si esa nueva cesión es suficiente para el grupo de fieles a Puigdemont, que abogaban por la disolución para que JxCat asumiera las riendas de la estructura heredada de CDC.

«Seguimos apostando porque la acción política se haga a través del partido» afirma el punto uno del informe, que también aboga porque el PDeCat se convierta en «una de las piezas clave de JxCat». El texto fija además que «el partido reconoce el liderazgo del president Puigdemont» lo que deja poco margen de maniobra para los críticos con la estrategia unilateralista y de confrontación impuesta desde Waterloo.

Puigdemont, la clave

Carles Puigdemont es la clave. Nunca le ha interesado la vida interna del partido, menos ahora. Pero necesita un PDeCat controlado para poder imponer su estrategia tanto en el grupo en el Congreso como en el Parlament y mantener así la política de confrontación que le permite seguir en el centro de la actualidad política. Y necesita controlar también los recursos económicos que suponen ambos grupos parlamentarios, además de una estructura territorial que sigue siendo la que más alcaldes tiene en Cataluña, 370 tras las elecciones municipales de este año.

Este es el legado que está en juego, y que todos quieren controlar con la vista puesta en unas nuevas elecciones autonómicas si en los próximos meses Quim Torra es inhabilitado por el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya y hay que escoger por tanto un nuevo liderazgo al frente de la Generalitat, pasando por una nueva convocatoria electoral.

Las maltrechas estructuras del PDeCat se dividen hoy por hoy en tres grandes grupos: el que representa su presidente, David Bonvehí, empeñado en mantener la inestable relación con Puigdemont y sus independientes; el que lidera la número dos, Miriam Nogueras, que aboga directamente por disolver el partido y entregar a JxCat su preciada estructura territorial; y los críticos que liderados por los ex diputados Carles Campuzano y Jordi Xuclà tantean una escisión para plantar cara al ex president fugado.

Bonvehí ha conseguido sortear hasta ahora las presiones de Puigdemont para disolver el partido, auténtico objetivo de Puigdemont cuando en el congreso de julio de 2018 orquestó la defenestración de Marta Pascal. Y se ha apuntado algunos éxitos desde entonces, principalmente en el terreno municipal, donde sigue conservando la fidelidad de alcaldes y cuadros medios que no discuten el liderazgo electoral de Puigdemont, pero sí el de un entorno que desprecia abiertamente la herencia de convergencia, encabezado por nombres como Quim Torra, Laura Borràs o Elsa Artadi, todos ellos ajenos al partido pero cabezas de lista que se han beneficiado de sus estructuras patrimonio político.

Dentro del propio PDeCat, Puigdemont cuenta también con fieles. Los más destacados: Nogueras, nombrada vicepresidenta por decisión del fugado, y el presidente del grupo parlamentario, Albert Batet. Nogueras no oculta sus objetivos, de hecho los explicitó en la última ejecutiva. El viernes pasado, en pleno puente de la Constitución, Bonvehí reunió a la ejecutiva del partido para acordar la propuesta que este sábado votará el Consell Nacional y Nogueras propuso optar por la disolución del partido.

Una propuesta que en la última semana ha articulado un grupo de cargos locales que reclama una asamblea extraordinaria que acuerde una «dirección interina» dispuesta a pilotar el proceso de «integración total» en JxCat. Se trata, sin embargo, de cargos sin peso orgánico en el PDeCat, que no inquietan a la dirección de Bonvehí, aseguran desde la ejecutiva.

Por último está el grupo de los críticos, o expulsados directamente del poder en el partido por el propio Puigdemont. Un grupo que encabezan la senadora Marta Pascal y los ex diputados Xuclà y Campuzano. Pascal asegura tener un grupo de fieles entre los alcaldes convergentes que podría secundar una escisión, a la que juega también la plataforma El País de demà. El grupo liderado por el empresario Antoni Garrell, que se reunió en un acto fundacional en Poblet, se ha convertido en el espacio favorito por los ex convergentes moderados que no quieren renunciar al independentismo pero sí a la vía unilateral.