El credo legionario obliga a los integrantes de esta unidad de élite a no quejarse de fatiga, dolor, hambre, sed o sueño y a exhibir siempre espíritu de sufrimiento y dureza. Pero la relación de 12 máximas redactadas por Millán-Astray cuando se creó hace un siglo esta fuerza militar nada dice de no poder lamentarse por tener que ducharse con agua fría en plena ola de aire polar.

De eso se lamentan militares pertenecientes al Tercio ‘Duque de Alba’ 2º de la Legión, radicado en el acuartelamiento ubicado en el barrio ceutí conocido popularmente con el sobrenombre de ‘La Pantera’. Las instalaciones del Cristo de Lepanto es una de las bases que tiene en la ciudad autónoma el cuerpo legionario, fundado en virtud de un real decreto aprobado el 28 de enero de 1920. Este martes, por tanto, se han cumplido exactamente cien años de la firma de la norma jurídica con la que el rey Alfonso XIII alumbró el nacimiento del bautizado en sus inicios como ‘Tercio de Extranjeros’.

Desde hace casi un año, los legionarios venían sufriendo cortes intermitentes de agua caliente en la residencia militar de tropa, donde residen unos 200 soldados. A principios del pasado mes diciembre se interrumpió el suministro, lo que ha obligado a utilizar unas duchas improvisadas en una esquina del acuartelamiento a la espera de que se puedan acometer los trabajos necesarios para normalizar la situación. El coste de dicha actuación se calcula en varios miles de euros.

Los soldados del Tercio ‘Duque de Alba’ llevan al límite el espíritu de sacrificio del credo legionario: no hay agua caliente para toda la tropa desde principios del mes de diciembre

«Actualmente existe un problema puntual al compartir caldera dos edificios y no tener suficiente capacidad de agua caliente. Para ello se ha habilitado en otro edificio con caldera independiente -a 200 metros- unas duchas, dando así solución al problema», declaran a El Independiente fuentes del Ejército de Tierra. Éstas aseguran que se trata de una solución «puntual».

Los legionarios con los que ha hablado este diario se quejan de que han de cruzar el patio de armas y sortear los materiales de obras que se están empleando para la reforma del acceso. A ello se suma que las duchas improvisadas se encuentran en una estancia que presenta pésimas condiciones -con boquetes en el techo de escayola y sin mantenimiento ni higiene- y que la caldera tan sólo tiene capacidad para calentar 2.000 litros, insuficiente para que toda la tropa puede ducharse.

Zona de obras en el interior del cuartel.

«En estos dos meses, si me he duchado dos semanas con agua caliente es mucho. Regresas al cuartel reventado a las nueve de la noche después de hacer en el campo instrucción en combate tradicional o en población con la esperanza de poder darte una ducha y te encuentras con el agua fría. El estado es vergonzoso y el malestar es enorme. Cualquier día se le cae el techo encima a alguien», cuenta a este diario un legionario bajo condición de no revelar su identidad.

Este soldado aseguran que están «cansados» de pedir que se arreglen desperfectos en dicha residencia militar, como urinarios y duchas atascados o fluorescentes que no alumbran. «Se presentan mil partes y nos dicen que los cambiemos nosotros. Y así seguimos. La situación va a peor», añade.

En este sentido, las fuentes se quejan de que no se libre el dinero que se necesita para poder arreglar estos problemas derivados del uso mientras la unidad de servicios sí destina fondos a la reforma del acuartelamiento Serrallo-Recarga, dependencias que el mismo Tercio de la Legión tiene también en Ceuta y en la que se encuentran las oficinas de la plana de mando.

Soldados… haciendo trabajo de albañil

En parte, esa remodelación se está haciendo con la mano de obra que proporcionan los propios legionarios, profesionales del Ejército de Tierra. Cada día, según cuentan, reclutan a un «mínimo» de 15 soldados entre las cuatro compañías para realizar trabajos de albañil en el citado cuartel: sustitución de ventanas, picado de paredes, cambio de la azulejería del suelo… Con ello se evita la contratación de mano de obra externa.

«Algunos han tenido que hacer hasta el encofrado necesario para levantar un muro del cuartelillo. No tenemos ni idea de albañilería y se dedican a explotarnos en la obra. Eso nos quita tiempo para hacer instrucción, que es a lo que deberíamos dedicarnos para formarnos. Esto no es la ‘mili’, se supone que somos soldados de un ejército profesional», denuncian.

El malestar incluye también la «falta de medidas de seguridad» que -en su opinión- presenta la puerta que se ha habilitado provisionalmente mientras se ejecuta la reforma del acceso principal al acuartelamiento. «Nos sentimos abandonados. Estás lejos de la familia, lo das todo y no tienes cosas básicas como agua caliente para ducharte», apostilla.