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La cárcel de León sumó 14 muertes en 2019, tantas como las de las cinco de Galicia juntas

El Ministerio del Interior admite 194 fallecimientos el pasado año en las prisiones del Estado, pero insiste en que la tasa de mortalidad está muy por debajo de la media europea / Los centros penitenciarios andaluces, a la cabeza con 53 decesos

Imagen exterior del centro penitenciario de Estremera, una de la siete prisiones existentes en la provincia de Madrid.

Imagen exterior del centro penitenciario de Estremera, una de la siete prisiones existentes en la provincia de Madrid. EP

La cárcel de Mansilla de las Mulas, en la que cumple condena José Enrique Abuín El chicle por la muerte de Diana Quer, cerró el pasado año con un luctuoso récord. El centro penitenciario leonés sumó 14 fallecimientos, tantos como los registrados en los cinco de Galicia juntos.

Los fallecimientos durante 2019 en las prisiones que gestiona el Ministerio del Interior (todos excepto los de Cataluña, donde la competencias las gestiona la Generalitat) se elevaron a 194, según ha reconocido el Gobierno en respuesta a una pregunta parlamentaria formulada por el diputado de EH-Bildu Jon Iñarritu. La cifra incluye los decesos registrados en hospitales y es ligeramente inferior a la registrada en 2018, cuando se contabilizaron 210 muertes (un 7,3% más).

El listado lo encabeza la cárcel de León, que arroja un promedio de una muerte cada 26 días. Especialmente ‘negra’ fue la segunda quincena de septiembre, cuando están fechados cuatro de los 14 decesos: tres fueron suicidios por ahorcamiento y uno se debió a una sobredosis, según los datos recopilados por la asociación profesional de trabajadores de prisiones Tu Abandono Me Puede Matar.

El centro penitenciario de Mansilla de las Mulas, a unos 20 kilómetros de la capital, fue también en el que más presas fallecieron de los 56 en los que se registraron muertes durante el pasado año. Concretamente fueron seis, casi la mitad de todas las reclusas que murieron en España: 14. A saber: dos en Málaga y una en Alcalá de Guadaíra (Sevilla), Alicante, Hospital Psiquiátrico de Alicante, Ávila, San Bartolomé de Tirajana (Las Palmas) y Tenerife.

Según Instituciones Penitenciarias, la muerte natural es la más frecuente en las prisiones españolas. La segunda es la sobredosis por drogas, lo que llevó a Interior a finales del pasado año a lanzar una campaña con la que trata de prevenir la entrada de sustancias estupefacientes en las cárceles: más de 2.000 internos reciben tratamiento contra la drogadicción.

Interior destaca que la tasa de mortalidad penitenciaria en España es muy inferior a la de la media europea

Algunos de los fallecimientos tienen como origen también la ingesta de una dosis excesiva de fármacos prescritos por la propia Administración penitenciaria. «Cuando llegan los fines de semana o hay un puente festivo, al interno se le facilita la medicación de cuatro o cinco días por adelantado. Algunos buscan ‘colocarse’ y se les va la mano», explica a este diario un funcionario de la cárcel de León. Éste critica que Interior no arbitre medidas para que los auxiliares de clínica (encargados del reparto) trabajen «los fines de semanas y festivos», lo que -en su opinión- permitiría realizar la distribución al día y reduciría el riesgo.

Manuel Galisteo, portavoz de Tu Abandono Me Puede Matar, aporta otras causas que contribuyen a explicar los fallecimientos en prisión. «Sin ser agentes de la autoridad, poco miedo o respeto hay hacia la figura del funcionario. Trapichean prácticamente delante de nuestras narices, pues saben bien lo atado de pies y manos que estamos. Y, por supuesto, la falta de medios para localizar estas sustancias. Mientras los aeropuertos disponen de medios eficaces, nosotros no vamos más allá de la motivación personal que tenga ese día el compañero abandonado, apaleado y mal pagado por el Ministerio de Interior», expone.

Con todo, Instituciones Penitenciarias se apresura a destacar que la tasa de mortalidad en España -19 por cada 10.000 internos- se encuentra muy por debajo de la media europea (31), como puso de manifiesto el informe de estadísticas penales del Consejo de Europa (Space) en 2017. En Inglaterra la tasa era de 35 por cada 10.000 reclusos, elevándose a 51 en el caso de Portugal.

La cárcel donde cumple pena ‘El chicle’

Construida en 1999, el centro penitenciario de León dispone de 1.008 celdas distribuidas en 14 módulos y contaba a finales de diciembre con 692 internos, entre ellos El chicle y el conocido atracador Jaime Giménez Arbe El solitario. De acuerdo con la Relación de Puestos de Trabajo (RPT), debería contar con 511 funcionarios pero sólo dispone de 456.

A ese déficit de 55 trabajadores se une otra circunstancia: el envejecimiento de la plantilla. Fuentes de esta cárcel castellano-leonesa aseguran que más de 70 funcionarios de vigilancia se encuentran actualmente realizando labores administrativas al encontrarse en segunda actividad, posibilidad que la Ley de medidas fiscales, administrativas y del orden social prevé para los que hayan cumplido 57 años.

En lo que va de año se contabilizan ya 34 fallecimientos en prisión, de ellos 11 por posibles sobredosis y siete por ahorcamientos

Por comunidades autónomas, los centros penitenciarios andaluces (Albolote, Algeciras, Almería, Córdoba, Huelva, Málaga 1 y 2, Puerto 1 y 3 y Sevilla 1 y 2) son con diferencia los que sumaron más fallecimientos: 53. Le siguieron los de Castilla y León (25), Madrid (23) y Valencia (19).

Según los datos de Interior, los meses en los que claramente se concentraron más decesos fueron enero (26) y diciembre (24), no bajando de nueve fallecimientos (julio). Por intervalos de edad, 55 de las 194 muertes corresponden a internos que tenían entre 46 y 55 años. Entre los reclusos de 21 a 44 años, la cifra asciende a 74.

En lo que va de año, la situación no es más halagüena. Según los datos recopilados por Tu Abandono Me Puede Matar, ya han muerto 34 reclusos entre el 1 de enero y el 21 de febrero de 2020. Los decesos se han registrado en una veintena de centros penitenciarios, con A Lama (Pontevedra) y Segovia en cabeza con cuatro fallecimientos en cada uno.

Según esta asociación profesional, casi un tercio (11 exactamente) pudieron tener su origen en sobredosis, seguido de los ahorcamientos (siete). Otras muertes se produjeron por causas naturales, infartos o por una caída accidental, caso de un hombre de 87 años internado en el centro de Villanubla (Valladolid).

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