El Gobierno catalán anunció ayer que Cataluña entra en fase de alerta por la crisis del coronavirus. Las consecuencias de este nuevo nivel, anunciado con toda solemindad por el presidente de la Generalitat, Quim Torra, flanqueado por los consellers de Sanidad, Alba Vergès, e Interior, Miquel Buch, es que han quedado suspendidas todas las actividades que reúnan a más de mil personas, se obliga a reducir a un tercio los aforos de locales de menos de 1.000 personas y se suspenden todas las actividades extraescolares y deportivas que implican a más de un centro escolar.

En otras palabras, el Liceo suspendió ayer el estreno mundial de la nueva producción Lohengrin ideada por Katerina Wagner, y el F. C. Barcelona ha dicho de momento adiós a la Champions. Las federaciones deportivas han suspendido sus competiciones, desde la Liga de fútbol de primera división a la categoria benjamín de hoquey patines. Durante quince días cierran teatros y se suspenden conciertos, porque como advertía la consellera Vergés, «hoy hablamos de eventos lúdicos que son prescindibles en la vida diaria para no afectar a la vida diaria de todo una sociedad» con medidas más dramáticas como limitar el transporte público.

Atentos a las recomendaciones del Govern, los partidos políticos han suspendido congresos y reuniones que implicaran reunir a decenas de personas en espacios cerrados. También las entidades como la ANC, que se plantea celebrar su proxima asamblea de forma telemática para evitar riesgos. Sólo una concovotaria resiste al embite del Covid-19 como la aldea gala del cómic: el corte independentista de la Avenida Meridiana.

La CUP, los CDR y el colectivo agrupado entorno a #MeridianaResisteix celebraron ayer ufanos los 150 días seguidos de cortes de tráfico en hora punta por la principal arteria de la capital catalana, sin que los mossos, la Guardia Urbana o el coronavirus lo impidieran. La alcaldesa Ada Colau había invitado horas antes a sus convecinos a «bajar el ritmo» y no hacer más de lo que sea «imprescindible para la vida cotidiana» dada la fase de alerta en la que ha entrado Cataluña por el coronavirus.

Pero los independentistas volvieron a reunirse para cortar la Meridiana. Es cierto que distan mucho de las mil personas fijadas como listón por la Generalitat para prohibir reuniones, pero su derecho de reunion y manifestación parece haberse impuesto de nuevo a cualquier circunstancia adversa. De nada sirvió la apelación de la alcadesa a «posponer actividades colectivas, reuniones, eventos, viajes, desplazamientos no necesarios que puedan hacerse en otro momento».

Ciudadanos denuncia a Buch

En este contexto el presidente de Ciudadanos en el Parlament, Carlos Carrizosa, acompañado de la presidenta del grupo municipal Luz Guilarte, han anunciado desde la Fiscalía Superior de Cataluña la interposición de una denuncia por prevaricación contra el consejero de Interior, Miquel Buch, y otros miembros de la conselleria, por haber permitido estos cortes durante los últimos cinco meses.

Carrizosa ha asegurado que su formación ha optado por la vía penal tras ver como fracasaba la presión política para que «el consejero cumpla con su deber». Ha denunciado además que la Generalitat ha seguido permitiendo los cortes «a pesar de los informes desfavorables de la Guardia Urbana» y ha acusado a Buch de bloquear las denuncias de los propios agentes delos mossos contra estos cortes de tráfico.

Según el dirigente naranja, que ha cifrado estas denuncias en «unas 129», el Departamento de Interior tiene «un modus operandi invariable, permiten la ilegalidad y las denuncias que interponen los agentes de los Mossos por diversos motivos, tanto administrativos como penales, no las tramitan».