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Guayaquil, en el ecuador de la muerte

Un ataúd a la puerta de una vivienda en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil.

Un ataúd a la puerta de una vivienda en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil. EFE

La vida no vale nada/ Si cuatro caen por minuto/ Y al final por el abuso / Se decide la jornada (Pablo Milanés). En los barrios más humildes de Guayaquil la vida vale poco. Sus moradores están acostumbrados a la muerte. Saben que les ronda. Ahora está aún más presente. La epidemia del coronavirus ha situado a Guayaquil en el ecuador de la muerte.

«Apesta a muerto», titulaba a toda plana esta semana el diario Expreso. Las imágenes de cadáveres en las calles de esta ciudad ecuatoriana, la segunda del país con 2,6 millones de habitantes después de Quito la capital, se han convertido en una metáfora de la zona cero de la pandemia en América Latina. Con 145 casos, 102 en la provincia de Guayas, Ecuador es el país con más muertos per capita por coronavirus.

La muerte está por doquier. En las casas. En las calles. Y nadie se hacía cargo de los muertos. Hay quienes han muerto al ver al hijo muerto tantos días sin entierro digno. Hay hijos que no saben cómo buscar la paz de un duelo.

«La ciudad se quedó con las defensas bajas. Guayaquil es una ciudad portuaria con gran migración interna y externa. Es una mezcla de todo el país y de flujos internacionales. Hay migrantes en España o Italia, pero también jóvenes que estudian fuera», dice Martha Roldós, ex diputada y directora del portal Mil Hojas. Italia y España encabezan en Europa el trágico balance de la pandemia.

Guayaquil es una ciudad portuaria con migración interna y externa. Hay mucha gente con conexión en el exterior, en Italia y España», dice Martha Roldos

La primera paciente conocida fue una mujer, de 70 años, que vivía en Torrejón de Ardoz, que viajó el 14 de febrero a Guayaquil a a visitar a su familia. En estas fechas hay vacaciones escolares en esta localidad. Esta septuagenaria murió el 13 de marzo. En España viven 400.000 ecuatorianos y el tráfico aéreo entre Ecuador y España era, hasta la pandemia, muy intenso.

Hasta finales de febrero no se descubre este primer caso. El 4 de marzo se celebró, con público, un partido de fútbol entre el Barcelona y el Independiente del Valle en Guayaquil. Asistieron unas 20.000 personas. Ya se había detectado el caso de la ecuatoriana procedente de Madrid. Otro foco habría sido una boda en Samborondón, un suburbio privilegiado de Guayaquil, a la que acudió una pareja que había estado en Italia de vacaciones.

El 11 de marzo se impone en Ecuador la emergencia sanitaria. La suspensión laboral está vigente hasta el 5 de abril. Plantean ahora levantarla por provincias. El protocolo de cuarentena se visualiza en un semáforo que indica los grados de confinamiento.

El flujo de personas que entran y salen de Guayaquil es enorme y es posible que incluso hubiera contagios antes. La investigadora apunta la extraña muerte de un joven periodista semanas después de un viaje a Italia de su madre.

El caso es que el Covid-19 encontró en Guayaquil un lugar propicio para propagarse. Es una ciudad de mercadillos, con puerto, y con una gran desigualdad social. Hubo a su vez un par de acontecimientos multitudinarios a principios de marzo: un partido de fútbol internacional y las concentraciones del 8-M.

El 20 de marzo, cuando el coronavirus ya había sembrado el pánico en Guayaquil, su alcaldesa, Cinthya Viteri, opositora a la oficialista Alianza País, ordenó el despliegue de la policía local en las pistas del aeropuerto de la ciudad a dos aviones de Iberia y KLM que pretendían repatriar a nacionales. Viteri también dio positivo en coronavirus.

La ‘indisciplina’ de los hacinados

El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, y Alexandra Ocles, directora del Servicio Nacional de Riesgos, acusaron a los ciudadanos de Guayaquil de ser «indisciplinados». Mantenían que no cumplían con el confinamiento y por eso había tantos casos y tantos muertos. Incluso en los medios empezó a difundirse la idea de que había que cerrar Guayaquil.

En un artículo titulado ¿Guayas indisciplinado?, Arduino Tomasi, profesor de la London School of Economics, demuestra con datos las razones de esta alta incidencia. «Guayas tiene un déficit importante de servicios residenciales básicos, es decir casas con agua, alcantarillado y suministro eléctrico», en primer lugar.

Son hogares con alta tasa de hacinamiento (habitaciones donde conviven más de tres personas). Las probabilidades de propagación son mayores. A ello se suma la falta de camas hospitalarias.

Es cierto que es complejo que quienes viven al día se queden en sus casas. Si lo hacen, mueren de hambre para protegerse y proteger del virus.

Si la cuarentena y el aislamiento son la primera medida de precaución, cabe preguntarse acerca de las condiciones de familias numerosas, que conviven en escasos metros cuadrados», dice Francisco Sánchez

Como explica Francisco Sánchez, director del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca, en su artículo América Latina en los tiempos del coronavirus, publicado en Política Exterior, «la pobreza también puede conllevar empleo informal, hacinamiento o vivir en zonas carentes de instalaciones sanitarias. Si la cuarentena y el aislamiento son la primera medida de precaución, cabe preguntarse acerca de las condiciones de familias numerosas, con miembros de diferentes edades y factores de riesgo, conviviendo en escasos metros cuadrados».

A ello se suma la estructura del mercado laboral. Según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en América Latina y el Caribe la tasa de informalidad (trabajo no reglado) asciende al 53%. Es decir, cerca de 140 millones de trabajadores que viven al día.

En ese campo de cultivo se multiplican las muertes en Guayaquil, bien contagiados o bien enfermos que han de quedarse porque los hospitales están saturados. Los más humildes piden ayuda sin encontrar respuesta.

«Muere la gente en sus casas. En esta época que aquí es calurosa y húmeda. Por eso la gente sacaba los cadáveres a las calles. Primero en las funerarias obedecían el toque de queda, es decir, no prestaban servicio a partir de las 14 horas. Hasta que aclararon que eran servicio esencial. Pero otras cerraron por no contar con material apropiado», relata Martha Roldós. «Todo el sistema de salud y de enterramientos estaba desbordado. Ahora empieza a organizarse».

Niega Roldós que se hayan quemado cadáveres en las calles, como se ha visto en algún video que circula en las redes sociales. Tampoco hay desabastecimiento. Atribuye al ex presidente Correa y sus acólitos la difusión de informaciones falsas. «Ya es suficientemente horrible lo que pasa. No hace falta añadir nada más», dice.

Sabemos que tanto sobre el número de contagios como de fallecimientos los registros oficiales se quedan cortos», reconoce el presidente Lenín Moreno

En la provincia de Guayas, donde se encuentra la llamada Perla del Pacífico, se han contabilizado 102 muertos hasta el viernes 3 de abril, más que en otros países del continente americano. La ciudad cumple 200 años de su independencia el próximo 9 de octubre.

El 70% de los 3.368 casos registrados en Ecuador, en concreto 2.388, son de Guayas. En total, Ecuador suma 145 fallecidos. No se tienen en cuenta quienes mueren sin hacerse la prueba. Y son muchos.

En un reportaje del 26 de marzo apuntan cómo hay un incremento de un 185% en el número de fallecimientos por causa natural en Guayaquil desde que empezó la emergencia humanitaria con respecto al año anterior. Entre el 23 y el 30 de marzo la policía de Guayaquil ha recogido 308 cadáveres. Y no son todos los que hay.

De hecho, el presidente ecuatoriano, Lenín Moreno, ha reconocido que las cifras oficiales no reflejan la realidad.

«Sabemos que tanto sobre el número de contagios como de fallecimientos los registros oficiales se quedan cortos. La realidad siempre supera el número de pruebas y la velocidad», afirma el presidente Moreno. Solo en la provincia de Guayas pueden morir entre 2.500 y 3.000 personas, según sus cálculos.

La alargada sombra de Correa

El gobierno de Lenín Moreno ha perdido a dos ministros por la crisis del coronavirus. el titular de Trabajo, Andrés Madero, renunció tras dar positivo. La responsable de Salud, Catalina Andramuño, pagó por negar la importancia de la pandemia. Ahora está al mando Juan Carlos Zevallos.

«No se puede esconder el número de muertos. Es indigno”, ha reconocido Zevallos a CNN en español, que dice que «la situación se ha vuelto inmanejable». El gobierno ha llevado «morgues frías» (congeladores gigantes) para ayudar a las funerarias con los entierros.

Especialmente grave ha sido que los sanitarios han sido víctimas del coronavirus por carecer del material de protección adecuado. Según Martha Roldos, esta crisis prueba cómo «la corrupción mata».

La corrupción mata. Si roban, como con ‘Arroz Verde’, esa plata no va a los sistemas de salud. Eso hoy, más que nunca, ha quedado claro», apunta la directora de ‘Mil Hojas’

«Si roban, como hicieron con Arroz Verde o caso Sobornos (el Lavajato ecuatoriano), esa plata no va a los sistemas de salud. Eso hoy, más que nunca, ha quedado meridianamente claro», señala la investigadora. La semana que viene se emitirá sentencia en el megacaso de corrupción por el que se juzga al ex presidente Correa en ausencia.

«En esa época uno de los grandes negocios era administrar un hospital porque a través de compras y adquisiciones haces dinero. Como consecuencia de esos desmanes, ahora encuentran 100 respiradores sin utilizar en una sala de un hospital, por ejemplo», comenta Roldós, que lleva años investigando las corruptelas de Correa.

Explica desde Guayaquil la directora de Mil Hojas cómo fue precisamente en el mandato de Correa cuando se trasladó en 2009 el Instituto Nacional de Higiene, donde trabajaban virólogos, epidemiólogos, expertos en general en un lugar muy expuesto. No solo hay mucha economía informal en las clases bajas, sino que también la clase media está volcada en el comercio.

«Guayaquil sobrevivió al dengue, la malaria, el paludismo, el vómito prieto… Pero con ese traslado se quedó con las defensas bajas. El gobierno de Moreno tampoco revertió la decisión», señala.

Roldós señala que «si Guayaquil fuera un ser vivo la ciudad se había construido un sistema inmunológico, y que este fue desmantelado con la centralización, la burocratización y la pérdida de autonomía resultado del correato«.

Esta crisis retrata a los países. En Ecuador el problema no es que no se tomen medidas, sino que el gobierno es incapaz de hacer efectivas las medidas», afirma el director del Instituto de Iberoamérica

Desde el gobierno también apuntan a Correa como el artífice de una campaña de propaganda para dilapidar la imagen de su sucesor. Si bien el ex presidente desempeña un papel activo como desestabilizador, no todo se explica por Correa.

A juicio del Francisco Sánchez, reina el caos. «Esta crisis retrata a los países. En Ecuador el problema no es que no se tomen medidas, sino que el gobierno es incapaz de hacer efectivas las medidas. No están recurriendo al ejército como deberían».

Una tragedia con nombres y apellidos

El relato personal de Martha Roldos es el de una mujer de 56 años, con asma, que se lamenta de no estar en primera línea. Recuerda otras ocasiones en las que ha podido ayudar de forma activa. Esta vez no, en esta ocasión, no hay que hacer nada, hay que quedarse parado.

«La mejor ayuda es la inacción. Esto tiene un coste psicológico muy alto. La mejor manera de ayudar es quedarte en casa y no hacer nada. Es un espantoso ejercicio de contención», comenta. No oculta su indignación cuando ve cómo quienes «provocaron que esta tragedia sea mayor aún, ahora se estén lucrando con ella».

Es un drama con nombres y apellidos. Son Pedro, María, Estefanía, Adriana, quienes no piden que atiendan a su madre, su padre, su hermana, o su hijo. Sabían que les engañaban porque todos conocían a alguien afectado, por desatención, por la enfermedad, por su implicación en la lucha contra el coronavirus…

Quiero servidores. No héroes ni mártires. Lo digo con sentimiento de culpa», dice Martha

En casa de Martha, habría llorado la mejor amiga de su hija, que perdió a su madre por el Covid-19. «Pero no hemos podido darle un abrazo de consuelo. Que no podamos despedirnos, hacer un duelo, estremece».

Habla de quienes ayudan, y sobre todo de los médicos y sanitarios. De los policías que se ocupan de recoger cadáveres. Muchas veces no tienen suficiente protección. Recuerda cómo una enfermera decía: «Nos mandan a la guerra con pistolas de agua». Y añade: «Quiero servidores, no héroes ni mártires. Lo digo con sensación de culpa».

No queda ahora tiempo para pensar en el mañana. En cómo quedará el país, la ciudad, que vive del comercio formal e informal. «La crisis ya había llegado. Ya estábamos ahorcados». Con los muertos ya no puede nada.

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