Política

El policía que le ganó el pulso al virus: "Quise despedirme de mi familia; tenía claro que me moría"

El escolta Juan Molina logra superar la covid-19 tras permanecer en la UCI de un hospital de Orense durante 30 días, 14 de ellos intubado / Su caso demuestra que el coronavirus no discrimina: 42 años, sin patologías previas y acostumbrado a entrenar

Juan Molina durante la estancia en la UCI. A la derecha, homenaje al personal sanitario a las puertas del hospital en el que ha estado ingresado.

Juan Molina durante la estancia en la UCI. A la derecha, homenaje al personal sanitario a las puertas del hospital en el que ha estado ingresado.

«Yo escuchaba a los médicos decir que me iban a intubar y busqué el teléfono para despedirme de mi familia. Tenía claro que me moría». Juan Molina ha logrado salir victorioso de la batalla que ha librado contra el coronavirus durante el último mes en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de un Hospital de Orense, de donde ha salido con 35 kilos menos y sin fuerzas aún para estar en pie.

Destinado en la Unidad Central de Escoltas y a caballo entre Madrid y Galicia, este policía nacional al menos lo puede contar. La covid-19 se ha ensañado con él pese a ser una persona de 42 años, no tener patologías previas, no ser fumador ni bebedor y estar acostumbrado a entrenar. «Que nadie se lo tome a broma y que la gente tenga mucho cuidado. A mí casi me mata», declara a El Independiente al poco de abandonar este martes el centro sanitario en el que le salvaron la vida. Así lo siente él.

El primer viernes de marzo, Juan Molina regresó a su casa -ubicada en una aldea próxima a Bande, donde reside su mujer e hija- después de varios días de servicio en Madrid. Acudió a la cita que tenía prevista con el dentista e hizo vida normal sin saber que estaba incubando el virus, posiblemente propagado por un compañero que había dado positivo y cuya madre había tenido que ingresar en el hospital. Debió de llegar ya infectado. En su pueblo apenas viven 20 vecinos.

El escolta Juan Molina logra superar la covid-19 tras permanecer en la UCI de un hospital de Orens 30 días, 14 de ellos intubado

No fue hasta ese domingo cuando apareció el primer síntoma preocupante: 40,5 grados de fiebre. «Fui al centro de salud, pero no lo valoraron suficientemente grave como para ingresarme. Seguí unos días más y ya me fui directamente al hospital. Iba tan malo que me internaron directamente en la UCI del Hospital Cosaga», recuerda. Ya no volvería a salir de la unidad de cuidados intensivos hasta este martes sobre las 11.10 horas, cuando ha regresado a su casa para continuar con la recuperación con el convencimiento de que el coronavirus estuvo cerca de arrebatarle la vida.

Lejos de mejorar, durante los primeros días en el hospital fue experimentando un progresivo empeoramiento. Los pulmones iban funcionando cada vez peor, la fiebre no remitía y el aporte de oxígeno resultaba insuficiente. Ello llevó a los médicos a tomar la decisión de sedarlo para colocarle un respirador. El margen era cada vez menor.

El policía cuenta que, en esos minutos de tinieblas, su única preocupación era ver cómo podía despedirse de su familia. «Buscaba el teléfono para decirles adiós», asegura mientras desgrana los razones que le llevaron a ver de cerca la muerte: «Evolucionaba cada vez a peor, no respondía a ningún tratamiento, no respiraba… Cuando te duermen es que la cosa no va bien. Yo sabía que me moría, tenía claro que me moría».

Videollamada desde la UCI

Molina se quedó mirando a Pablo, el enfermero, y ya no volvió a abrir los ojos hasta 14 días después. Cuando lo despertaron no identificaba el sitio en el que se encontraba y no recordaba haber estado allí. Había perdido la noción del espacio y del tiempo. Pensaba que había estado sedado no más de cuatro días y había pasado dos semanas en un «mundo paralelo».

Al poco de abrir los ojos, el personal sanitario le pidió el móvil para hacer una videollamada con su mujer e informarle de que lo habían extubado. «Ellos me preguntaron el ‘pin’, pero yo no sabía a qué se referían y le di el de la tarjeta de crédito. Lo metían y, claro, no funcionaba. Hasta que me pusieron el móvil en las manos y ya entendí qué me querían decir. Sé que hablé con la familia, pero no sé lo que les dije», comenta.

Cuando despertó, tenía en la cabeza el soniquete de ‘Resistiré’, la canción que tarareaba la limpiadora cuando entraba en el box para asearlo mientras él estaba sedado

Tras la resistencia inicial, el tratamiento había surtido efecto. El enfermo había respondido a la medicación y ya le iba ganando el pulso al virus, que se ha cobrado ya la vida de varios policías nacionales. «Los médicos me explicaron que, tan pronto como me pusieron el respirador, mis pulmones ya no tenían que trabajar y pudieron centrarse en el virus. Me metieron los retrovirales y no sé qué otras historias. Según me han explicado, a los dos días la evolución fue favorable y muy grande. Lo normal es que la gente esté más tiempo intubado», señala.

Cuando despertó, el soniquete de una canción le rondaba la cabeza. Era el estribillo de Resistiré, la célebre canción que el Dúo Dinámico lanzó en 1988 y que se ha convertido en el himno popular de esta pandemia. Si había estado dormido, ¿cómo era capaz de recordar ese sonido? La incógnita la despejó María José, una de las limpiadoras de la UCI. Era el tema que ella susurraba cuando entraba en su box a asearlo mientras él permanecía sedado.

«El mensaje que me gustaría trasladarle a otros enfermos es que esto tiene cura y se sale. Es complicado, pero no es difícil. Esto no es doloroso sino triste porque estás solo. Hay que tener cuerpo porque fuera te están esperando y te necesitan. No te queda más remedio que vivir», proclama convencido.

Juan Molina se deshace en elogios hacia el personal sanitario (médicos, enfermería y auxiliares) y de limpieza que lo ha atendido en este hospital orensano, motivo por el que preparó con compañeros de la Policía un homenaje este lunes a las puertas del centro para agradecerles a estos profesionales que le hubieran salvado la vida. Asomado tras el cristal de la UCI, en la primera planta, él también se sumó a ese reconocimiento.

«No tengo palabras. Llegas con un virus contagioso, que se pueden llevar a casa, y aún así todos se implicaron en cuidarme. Todos han trabajado conmigo como si yo fuera una parte más de su equipo o fuera uno de sus amigos. Los héroes están siendo ellos. He salido de allí con los nombres y teléfonos de todos», señala Molina.

«No soy capaz de estar de pie»

Como medida de precaución, ahora permanecerá aislado en su casa durante dos semanas. En un mes deberá visitar al neumólogo para que le revisen los pulmones. Sin fuerzas y con un deseo permanente de dormir, él es consciente de que queda mucha recuperación por delante. «Yo pensaba que cuando volviera a casa empezaría a caminar. ¡Jesús, cómo estoy! Estuve 50 segundos con la niña y me he tenido que tumbar porque no soy capaz de estar de pie», cuenta al periodista.

Su caso ejemplifica claramente que el 2019-nCoV no entiende de edades y que, si bien se está manifestando con más virulencia y está provocando una elevada mortalidad entre los pacientes mayores de 70 años, también cursa de manera grave en enfermos más jóvenes. Tiene 42 años, mide 1,80 de estatura, pesaba 106 kilos y practicaba carrera, bicicleta y kick boxing. «Esto no afecta solo a la gente mayor. Que se cuiden y no se lo tomen a broma. A mí casi me mata», insiste.

Molina posiblemente será otra persona distinta a la que, a mediados de marzo, entró en la UCI gravemente enfermo. Cuando se recupere, tiene claro que su prioridad va a ser la familia, de la que la separó el coronavirus durante un mes mientras llegó a pensar que quizá ya no volvería a verla más. «Cuando yo sentí que me moría no me preocupaba el coche ni tener una casa con más metros, sino estar con los míos. Me preocupaba mi familia y lo que le estaba haciendo pasar. Dejar a una niña de año y medio huérfana que no se lo merecía y a una madre con una carga que tampoco merecía», destaca.

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