Política

El Sheriff del Maresme contra el invasor de la segunda residencia

El Paseo de los Ingleses desde la playa de Sant Vicenç

En los últimos dos meses y medio se han sucedido por toda Cataluña las advertencias de alcaldes de diversas poblaciones más o menos turísticas en contra de la tentación de los barceloneses de trasladarse a sus segundas residencias para pasar el confinamiento. Especialmente en las primeras semanas del esetado de alarma decretado por la pandemia del Covid-19 y al llegar la tentación de la Semana Santa.

El alcalde de Puigcerdà (Girona) advertía en la primera semana del estado de alarma del aumento de consultas foráneas al hospital comarcal, y el de Calafell (Tarragona) bloqueaba fisicamente los accesos viarios a la localidad para impedir la llegada de foráneos con las vacaciones. Pero la mayoría de ellos han relajado el celo a medida que avazaba la gestión de la pandemia y las fases de la desecalada.

No ha sido el caso de Javier Sandoval, el alcalde socialista de Sant Vicenç de Montalt (Barcelona). Ha sido el más estricto de los alcaldes del Maresme a la hora de exigir que se mantuvieran todas las limitaciones de movilidad en lo que de hecho es la segunda corona metropolitana de Barcelona. Y ha llevado su exigencia de control hasta el último día. Ha sido también el único alcalde socialista que la semana pasada no suscribió la carta remitida por 30 alcaldes a la Generalitat para que permitieran la movilidad entre Barcelona y las poblaciones de su entorno.

No es casual. Su localidad combina el perfil de ciudad dormitorio del entorno metropolitano por su cercanía a Barcelona -unos 45 minutos de coche por la autopista del Maresme- con el de localidad de veraneo de clase alta. Dos clubes de golf y un puerto deportivo con la vecina Sant Andreu de Llavaneres lo certifican.

Pero esos veraneantes que ocupan las 900 viviendas de segunda residencia no cuentan con el aprecio de su alcalde. Sandoval ha focalizado en las 2.500 personas que pueden ocupar esas viviendas, y que representan un aumento del 40% respecto a los 6.500 empadronados en el pueblo, su batalla contra el virus.

Cámaras de videovigilancia

En este contexto, y vistas las dificultades de los mossos d’esquadra para mantener la prohibición total de movilidad no laboral, Sandoval optó por contorlar el contorno municipal y los accesos al pueblo con cámaras de videovigilancia. El objetivo: controlar la permanencia de vehículos de no empadronados que pernoctaban en la localidad, como indicativo de que sus dueños había pasado la noche, o el fin de semana, en su segunda residencia.

Para ello se han activado desde marzo 80 cámaras instaladas en el territorio municipal, de de las que 26 disponen de un mecanismo de captación de matrículas de los vehículos que circulan por el término municipal. El nuevo software instalado en el sistema de vigilancia permite cruzar los datos de las matrículas empadronadas en el municipio con las de los visitantes. En el momento que una matrícula no residente aparezca en las cámaras, una alarma activará la alerta para que la policía pueda hacer el seguimiento y, si se da el caso, sancionar al infractor que estará debidamente identificado.

Antes de eso, la policía local estableció controles en todos los accesos a la localidad durante la primera semana de abril, para evitar la llegada de veraneantes durante las vacaciones de Semana Santa. Unos controles que se reprodujeron después en las urbanizaciones de lujo del municipio, como Supermaresme o la Urbanización del Golf.

De hecho, según un estudio de la compañía de servicios inmobiliarios Housell de 2019, la comarca del Maresme bate récords en cuanto al precio de a vivienda en el entorno metropolitano de Barcelona. Un liderazgo que debe en gran parte a Sant Vicenç de Montalt, el municipio con la vivienda más cara de la demarcación de Barcelona, ​​a 675.994 euros de diferencia el más barato, que es Montesquiu (Barcelona).

Los controles policiales, y la posterior activación de cámaras de videovigilancia fueron la respuesta de Sandoval a la inoperancia que a su juicio mostraba la policía de la Generalitat a la hora de impedir la movilidad en su comarca. «Por qué siguen dejando salir de Barcelona a los de segunda residencia del maresme…» le espetaba al conseller Miquel Buch. «Si no pueden, ¿podría enviarme diversas patrullas de mossos de Barcelona para poder hacer controles en mi municipio?».

Sandoval se dirigía asi al conseller de Interior, que conoce bien la comarca, en la que reside, porque además fue alcalde de Premià de Mar. Es la misma comarca, por otro lado, en la que «se confinó» el ex president Artur Mas, aprovechando la residencia familiar de Vilassar de Mar.

Este lunes acabará oficialmente el confinamiento de la ciudad de Barcelona, coincidiendo con el punte de la segunda pascua en Cataluña. A partir de ese momento, los temidos veraneantes podrán salir de Barcelona y volver a ocupar sus segundas residencias, siempre ante la mirada vigilante del alcalde.

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